(Smithsonian Open Access)
La Intervención Estadounidense de 1846-1848 enfrentó una resistencia civil en los territorios donde llegaron las tropas invasoras, explicó la doctora en Historia Erika Pani, quien forma parte del Centro de Estudios Históricos del Colegio de México (CEH-Colmex).
En entrevista para El Siglo de Torreón, Pani formuló que "el norte lejano", los territorios que pasarían a manos de Estados Unidos, fueron conquistados por el Ejército de Stephen Kearny, conformado por unos 2 mil 500 hombres, según la University of Texas Arlington; quienes primero ocuparon Nuevo México, luego de que el gobernador Manuel Armijo acudiera al centro buscando tropas y armas para defender el territorio.
Las autoridades locales de Santa Fe reconocieron la autoridad de Estados Unidos, a fin de prevenir un derramamiento de sangre, siendo meses después cuando tuvo lugar la primera rebelión en Taos, que fue eventualmente reprimida.
En California, el norte también reconoció la autoridad de los estadounidenses, mientras en el sur, los llamados "californios" mostraron una oposición, hasta su derrota.
Mencionado los hallazgos del también historiador Peter F. Guardino, autor del libro "La marcha fúnebre: Una historia de la guerra entre México y Estados Unidos", Pani señala que las milicias de las ciudades y los pueblos acudieron al llamado a las armas para enfrentar a las tropas estadounidenses, con la desventaja de estar mal equipados y mal entrenados.
Explicó que el general Zachary Taylor, quien antes del conflicto había posicionado a sus tropas entre el río Nueces y el río Bravo del territorio disputado de Texas, libró batallas muy sangrientas, donde ganaba su bando, pero no asegurado.
"El hecho de que no llegaran a bajar (más allá de Coahuila) también nos habla de que hubo cierta resistencia", reconoció Pani.
Ante este freno, Estados Unidos envió otra fuerza comandada por el general Winfield Scott quien arribó por Veracruz, recorriendo el mismo camino de los españoles, recorriendo Puebla y luego de ahí a la Ciudad de México.
Donde tras nuevas derrotas del lado mexicano comenzó la negociación de una paz con garantías tales como de un espacio neutro y la prohibición de la esclavitud en el territorio conquistado, lo cual no fue logrado.
Relató que es al entrar a la Ciudad de México el ejército invasor cuando se presentó una mayor resistencia civil, primero por la llegada de soldados extranjeros y segundo con los sacerdotes alertando que se trataba de "protestantes, herejes que van a insultar a la Virgen y a los santos, llevarse a las mujeres para prostituirlas" y eso movió a la gente a organizarse en guerrillas.
Respondiendo los comandantes con la advertencia de que ya tomada la Ciudad de México, habría una acción con "enorme crueldad y severidad en contra de quienes agredan a las tropas estadounidenses".
Explicó que las autoridades de la capital llamaron a respetar a los invasores, ante la responsabilidad de velar por la vida y la propiedad de sus gobernados.