Jesús Solis
A la Plaza Comercial Antigua Harinera, ubicada en el poniente de Torreón, nadie llega. O sí, pero los clientes aparecen a cuentagotas. Ahí, desde el 2006, fueron reubicados por parte del ayuntamiento, los conocidos como “los fierreros”, estos comerciantes que por muchos años ofrecieron, sobre la calle 5 de Mayo del sector Alianza, fierros viejos, herramientas o electrodomésticos usados.
Actualmente, aunque están debidamente instalados en locales enumerados dentro de la plaza comercial, sobreviven en el olvido. Dicen que ya muy poca gente se da la vuelta y les compra algo, se sienten como si hubiesen sido borrados.

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Plaza Comercial Antigua Harinera podría ser el nuevo hogar de ambulantesAlgunos, con lo poco que logran vender, apenas pueden pagar la renta. Otros tienen atrasos con el pago del servicio de la luz. Y otros más resisten aunque por días no tengan ni un cliente.
En un recorrido que realizó este diario, corroboró que el lugar luce desolado. La mayoría de los locales permanecen cerrados y los que tienen la cortina arriba esperan, no saben muy bien que, pero esperan.
¿Qué dicen los comerciantes?
Es casi mediodía y los pasillos de la Plaza Comercial Antigua Harinera están vacíos. La mayoría de las cortinas metálicas están abajo, mientras los pocos locatarios que abrieron esperan detrás de montones de herramientas, zapatos usados, lámparas antiguas, ventiladores, planchas, ropa y piezas decorativas que alguna vez tuvieron dueño.
Todos los días llegan al lugar con la esperanza de que se les venda algo.
Fidel García Díaz, 85 años, vende zapatos

Fidel García Díaz, de 85 años, que vende zapatos, cintos, mochilas, sombreros y otros artículos, lleva años vendiendo productos de segunda mano en el local número 97. Trata de no faltar, aunque de antemano sepa que pueden pasar días sin que le venda absolutamente nada.
"Hay días que vende uno siquiera para echarse unas gorditas... pero la mayor parte de los días no".
La falta de ventas ha terminado por rebasar el negocio. También alcanzó su vida personal.
Durante meses, al no tener donde vivir, tuvo que dormir sobre una barda ubicada en el IMSS Hospital General número 16, hasta que un nieto lo recibió en su casa en Gómez Palacio. Nunca cotizó al seguro social porque toda su vida trabajó en el campo y hoy, sin pensión, depende únicamente de lo poco que logra vender.
"Ayer no comí todo el día. Ahorita me comí dos gorditas y un café porque un señor que me conoce me las da en 30 pesos".
Paga 500 pesos mensuales de renta por su local, además de las cuotas dominicales que les cobra la administración.
"Uno ya de fregado... a veces ni esos 32 pesos saca en la semana. Hay veces que no traigo ni para comerme una gorda".
Como él, muchos comerciantes permanecen en sus locales aunque sepan que probablemente terminarán el día sin una sola venta.
Heriberto: "Cerrar no es opción"
Heriberto, por ejemplo, mantiene abiertos dos espacios comerciales. Uno es propio; el otro lo renta. Dice que cerrar nunca ha sido opción.
"Hay que estar constante. Si deja uno de venir, la gente llega y dice: 'ya no está'".
Explica que muchos comerciantes abandonan temporalmente sus locales entre semana para vender en las fayucas de San Juanita o La Rosita, buscando ingresos que aquí ya no encuentran. Sin embargo, tampoco allá les resulta sencillo acomodar su mercancía.
"En veces hasta más gasto hacen, porque pagan pasaje para llevar la mercancía y traerla. Son 80 o 100 pesos, más la comida... sale más difícil".
Aun así, insiste en que la Antigua Harinera sigue ofreciendo algo que otros mercados no tienen.
"Mucha gente piensa que ya no existimos. Pero aquí encuentra cosas baratas y hasta herramientas que ya ni en las ferreterías halla".
Para él, el principal problema no es la falta de mercancía, sino la falta de promoción por parte del gobierno.
"Es un lugar muy tradicional. De aquí empezó a crecer Torreón y está muy olvidado".
14 años vendiendo antigüedades
Una locataria que no quiso dar su nombre, que desde hace 14 años vende lámparas, antigüedades y herramientas, coincide con ese diagnóstico. Dice que nunca han pedido grandes inversiones, únicamente apoyo para mantener viva la plaza.
"Estamos solicitando que por lo menos nos apoyen con la pintura y nosotros la pintamos. Pero no recibimos ayuda de nadie".
Considera que la mayoría de la población simplemente dejó de saber que el mercado existe.
"Necesitamos más apoyo del municipio. Hay gente que todavía llega y nos dice: 'yo no sabía que existía esto'".
Recuerda que, cuando fueron reubicados, la plaza sí tenía movimiento. Los pasillos estaban llenos y las ventas alcanzaban para sostener a las familias. Con el paso de los años, el flujo disminuyó mientras crecían los puestos ambulantes alrededor del inmueble.
"La gente encuentra el producto afuera y ya no entra. Ese es el detalle".
Jesús Solis cuatro décadas como comerciante
Jesús Solís lleva cuatro décadas dedicado al comercio. Primero vendía únicamente los domingos; ahora abre todos los días porque ya no tiene otro ingreso.
"No, ahorita estamos peor", resume.
Hay semanas en las que puede pasar tres o cuatro días sin vender una sola pieza.
"Antes sacaba para un pollito; ahorita ni para eso".
También batalla para pagar el recibo de electricidad. Durante años desembolsó alrededor de 500 pesos bimestrales; ahora las facturas superan los mil 200 pesos.
"Yo voy y doy 500 pesos. Más no puedo. Se me va acumulando, pero no lo saco".
Para él, la permanencia de los comerciantes no responde al optimismo, sino a la necesidad.
"Esto no es constancia... es la necesidad. Hay que sacar para la fruta, para la verdura, para un antojito".
Aunque el panorama no les favorezca, “los fierreros” del sector alianza no desisten. Más bien resisten entre herramientas oxidadas, antigüedades, electrodomésticos usados, con la esperanza de atender al cliente.
