¿Cómo se preparan los países asiáticos para el desabasto de gas?
El último barco cargado de gas natural licuado que salió del Golfo Pérsico antes del cierre del estrecho de Ormuz llegará a Asia en los próximos días, a partir de entonces, la región que consume el 90% del GNL producido en Medio Oriente enfrentará un déficit de suministro que, según los expertos, no tendrá alivio significativo al menos hasta 2028.
El plan de emergencia de las grandes economías
Las naciones con más opciones están recurriendo al carbón como primer recurso, un análisis de la consultora energética Wood Mackenzie muestra que Corea del Sur, que importa casi una quinta parte de su GNL desde Medio Oriente, podría cubrir todo su déficit aumentando el uso de sus centrales carboneras hasta el verano.
En Japón, el carbón podría compensar hasta el 70% de la generación eléctrica que normalmente depende del gas, ambos gobiernos también han señalado que reforzarán su generación nuclear.

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Zelensky advierte que el conflicto en Medio Oriente desvía recursos de EU y agravará la escasez de misiles para UcraniaIndia ha ido más lejos: desde el inicio del conflicto, Nueva Delhi emitió directivas para maximizar la producción de energía a partir de carbón y ordenó que las plantas carboneras operaran a plena capacidad durante tres meses a partir de abril.
China, por su parte, está mejor protegida gracias a sus reservas nacionales de carbón, el gas que recibe por gasoducto desde Rusia y su liderazgo mundial en energía eólica, solar y almacenamiento de energía.
El precio de esta reconversión es ambiental: el carbón libera aproximadamente el doble de dióxido de carbono que el gas natural, lo que pone en riesgo los compromisos de descarbonización de toda la región, aun así, la supervivencia industrial se impone.
Recortes, cierres y racionamiento
Para las economías más ricas del noreste asiático la crisis será costosa pero manejable: pueden competir en el mercado internacional para adquirir cargamentos de GNL estadounidense a precios de mercado.
"Como son más ricos, pueden resolverlo con dinero", explicó Henning Gloystein, director gerente para energía de Eurasia Group.
"Por supuesto, esto se hará a expensas de los países más pobres", advirtió.
En el sur y sureste asiático el panorama es otro, en Pakistán y Bangladés los gobiernos enfrentan una disyuntiva brutal: pagar precios disparados por el GNL o frenar su economía reduciendo el consumo.

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El Gobierno alemán respondió a la petición de la Agencia Internacional de la Energía para estabilizar los mercados energéticos, mientras el gas del golfo Pérsico representa solo el 4 % del consumo de la Unión EuropeaFilipinas declaró emergencia nacional por el alza de combustibles y experimenta con semanas laborales reducidas, Pakistán cerró escuelas para conservar energía.
En India, los distribuidores de gas recortaron el suministro a uno de los mayores centros mundiales de fabricación de cerámica para priorizar el uso residencial.
Las industrias más afectadas son las que no pueden cambiar de combustible: vidrio, acero, cerámica y fertilizantes dependen de hornos de alta temperatura que funcionan casi exclusivamente con gas.
En Vietnam, las operaciones siderúrgicas y de fertilizantes ya resienten el golpe, en un país que además experimenta un auge manufacturero por la reubicación de cadenas de suministro fuera de China.

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La AIE advierte una caída sin precedentes por el cierre del estrecho de OrmuzSegún Daniel Toleman, director de investigación sobre GNL de Wood Mackenzie, los fabricantes de la región "van a tener que ralentizar sus inversiones y probablemente incluso cerrar algunas fábricas".
La crisis llega además en un momento que cuestiona el futuro del GNL como opción energética, antes del conflicto, se proyectaba que la demanda asiática de este combustible casi se duplicaría a mediados de siglo.
Ahora, dice Gloystein, "todo el concepto de que el GNL es un combustible confiable está minado".
La segunda gran crisis de gas en cinco años —tras la invasión rusa a Ucrania en 2022— está acelerando la apuesta por energías renovables y nuclear.
"No va a haber vuelta a la normalidad aunque termine la guerra", sentenció.