uál es su mayor orgullo?", pregunté a Daniel Cosío Villegas una tarde apacible en el jardín de su casa en San Ángel. Tenía 76 años de edad. Su hermano, el neumólogo Ismael Cosío Villegas, le había diagnosticado un enfisema en el pulmón y no le daba más de un año de vida. Me contestó con la claridad y firmeza que lo caracterizaban: "Las instituciones que fundé han sobrevivido". Hoy, a 50 años de su fallecimiento, don Daniel vería con dolor la destrucción de una parte sustancial de su obra cultural, su ideario político y su legado moral.
Solo los lectores que tienen aquella edad pueden recordarlo. Se trata de uno de los mayores fundadores que tuvo el México del siglo XX. "Don Daniel", como sus discípulos le decíamos, nació en 1898 en la Ciudad de México. Tras vivir en Colima y Toluca, volvió durante la revolución: acudió a las clases que heroicamente impartía -entre apagones y balaceras- el filósofo Antonio Caso; se formó en el espíritu humanista de Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes, y en 1920 se incorporó al formidable proyecto educativo y cultural de José Vasconcelos. En ese momento sublime de creatividad encontró su vocación:
Hacer algo en el México nuevo que comenzó a fraguarse cuando todavía no se apagaba completamente la mirada de quienes cayeron en la guerra civil (...) moverse tras una obra de beneficio colectivo.
En su caso, esa obra de beneficio colectivo consistió en la creación de varias instituciones. La primera fue el Fondo de Cultura Económica. Nacida en 1934, esta editorial estaba destinada a llenar el vacío de oferta humanística que dejaban el militarismo argentino y la guerra civil española. Fue Cosío Villegas quien, anticipando el fin de la guerra civil española, concibió e instrumentó la idea de traer a México a los intelectuales españoles que se incorporaron como autores, editores y traductores al FCE. Al estallar la Segunda Guerra Mundial y por al menos tres décadas, publicando centenares de obras de todos los géneros y corrientes (lo mismo Marx que Adam Smith), el FCE sirvió a varias generaciones de lectores en el orbe hispano, y formó a filósofos, economistas, sociólogos, historiadores, escritores. Un tesoro de México al mundo. En 1938 Cosío fundó la Casa de España en México que en 1940 se convirtió en El Colegio de México, institución de alto nivel académico en historia, economía, relaciones internacionales, lingüística.
En 1946 publicó uno de los ensayos críticos más valientes e incisivos del siglo XX: "La crisis de México". A su juicio, el régimen nacido de la Revolución había abandonado sus fines originales: la democracia, la libertad, la justicia, la educación. Quiso entender por qué, y buscó la respuesta en el pasado. Entonces decidió "mudar de casaca" -como él decía- y se convirtió en ensayista e historiador de tiempo completo. A esa labor dedicó 23 años de su vida. El fruto fueron decenas de notables textos sobre América Latina y, sobre todo, la magna Historia moderna de México: la República Restaurada (1867-1876) y el Porfiriato (1876-1911).
Al cumplir los 70 años de edad, don Daniel cortó todos los vínculos con el gobierno. Entendió que la única vocación admisible para el intelectual es la crítica. Durante el movimiento estudiantil del 68 se volvió uno de los jueces más acerbos del sistema político mexicano. Desde julio de 1968, hasta su muerte el 10 de marzo de 1976, publicó un artículo semanal en el Excélsior de Julio Scherer García y, a partir de 1972, uno mensual en la revista Plural, de Octavio Paz.
Tuvo una vejez aguerrida. Echeverría quiso cortejarlo, pero muy pronto desesperó: insultó a don Daniel en público y mandó a sus esbirros a acosarlo, se financiaron libelos, se esparcieron calumnias, infamias, mentiras. No le hicieron mella. "Yo nací con una ene de no en la frente", me decía.
Nada me indignó más que oír su nombre mascullado desde la más alta tribuna nacional por un hombre que traicionaba el sentido histórico y moral de su legado. No me refiero solo a los altos valores republicanos y liberales que representaba mejor que nadie Cosío Villegas. Me refiero también al FCE que aquel gobierno (y el actual) han desvirtuado, hasta dejarlo irreconocible.
¿Qué le diría yo, si lo encontrara, aunque fuera en sueños? "Ya ve usted, don Daniel. Acá estamos, protestando contra la implacable destrucción de nuestras instituciones. Y aquí seguiremos. Con la ene de no en la frente".
Rendiremos homenaje a Daniel Cosío Villegas el 10 de marzo a las 6:00 p.m. en el Colegio Nacional. Participarán conmigo Jean Meyer, Christopher Domínguez y Javier Garciadiego.
ÁTICO
Daniel Cosío Villegas murió hace 50 años. Vería con dolor la destrucción de su legado.