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Marina: conducta para la tropa, blindaje para Ojeda

MAITE AZUELA

Una imagen de contraste en dos días consecutivos. El 5 de octubre el Capitán Sol cae en shorts y playera, a medianoche, en Zapopan. Al día siguiente, la Marina publica en el Diario Oficial su nuevo Código de Conducta 2026. Veinte páginas que dejan sin efecto el de 2023. La caída y el código se miran frente a frente.

El Código es, por primera vez, una autopsia. Nombra cinco riesgos que la propia institución detectó con denuncias y auditorías del Órgano Interno de Control: hostigamiento y acoso, incumplimiento de funciones, uso indebido del cargo y cohecho, ocultamiento de información, deterioro del clima y de la imagen. El reflejo de su prestigio agonizante.

Pide lo elemental: bitácoras exactas, protección de información clasificada, anteponer el interés de la Nación, firmar una carta compromiso, denunciar ante el Comité de Ética. Invoca honor, deber, lealtad, patriotismo, honradez, legalidad, imparcialidad, integridad, transparencia. Y añade cuatro palabras que no suelen estar en un reglamento naval: sabiduría, sensatez, congruencia y humildad.

No cabe duda que es un buen código para la tropa, pero pues falta un capítulo para el almirantazgo. Porque el caso que lo provoca, según la carpeta 325/2025 de la FGR, no se explica sin privilegios estructurales. El exsecretario José Rafael Ojeda Durán fue el almirante más poderoso del sexenio pasado. Hoy su declaración patrimonial, desclasificada el 18 de septiembre después de haber estado reservada hasta 2030 por seguridad nacional, dice que no tiene inmuebles a su nombre, que su único vehículo es una Mitsubishi 2009, y que tiene dos créditos hipotecarios por 6.3 millones contratados en diciembre de 2020 con Banjército y con el ISSFAM. Al mismo tiempo, aparece como Asesor D, nivel SM04, desde el 1 de octubre de 2024, con ingresos netos en 2025 por 2 millones 40 mil pesos.

No hay delito en su contra, ha dicho la presidenta Sheinbaum. Formalmente es así. Pero hay un privilegio que el Código no nombra: el de seguir dentro, con sueldo, con oficina y con capacidad de nombrar, cuando la institución que dejaste está siendo investigada por huachicol fiscal en las aduanas que tú controlaste.

El privilegio de reservar tu patrimonio y el de permanecer como asesor mientras tus ex subordinados caen. El Código habla de conflicto de interés sin abordar el nepotismo naval. Habla de cohecho sin atender el sistema de designaciones. Habla de que no se oculte información, pero durante seis años se ocultó la propia declaración patrimonial de quien dirigía la institución, bajo el argumento de seguridad nacional. 

Lo que la FGR describe —69 buques, 564 millones de litros que entraron como diésel y se registraron como aditivo— no ocurre porque un verificador sea deshonesto. Ocurre porque un sistema le hace rentable serlo. El Código le pide exactitud a la bitácora. Pero la bitácora exacta solo sirve si quien la revisa no tiene incentivos para la simulación. 

Me quedo con las cuatro palabras nuevas: sabiduría, sensatez, congruencia y humildad. Si el Código quiere ser creíble, deberá aplicarlas arriba. No solo pedirle al marinero que denuncie. Pedirle al almirante que explique por qué necesita dos hipotecas sin casa y un sueldo de asesor después de seis años al frente. Así cayó el Capitán Sol, en shorts. El Código que sigue debe explicar por qué otros nunca caen, ni siquiera de su silla. 

@MaiteAzuela

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