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CONTRALUZ

TELÓN DE FONDO

Hoy, 30 de agosto se conmemora por parte de la ONU el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, delito que tanto ha destrozado vidas y familias en distintos puntos del orbe, muy en especial en nuestro amado México. Un artículo recién publicado por Reporte Indigo reporta a la fecha más de 133 mil personas desaparecidas y no localizadas en territorio nacional. Eso amén de los casos que nunca fueron registrados para su búsqueda.

Identificamos cuál es el proceder del crimen organizado, de cómo levantan niños y jóvenes para sus actividades delictivas, la mayor parte utilizados como carne de cañón. Tenemos casos terribles, como el de Carlos Emilio, joven quien cenaba junto con su familia en un restaurant de Mazatlán. Se levantó al baño y nunca regresó. Del hecho ya han pasado diez meses, se documentó que dicho baño tenía una doble pared con una puerta de acceso al exterior, por la que se supone extrajeron al joven. A la fecha la búsqueda parece estar estancada, sugiriendo que hay grandes intereses detrás. Muchos otros casos se relacionan con supuestas entrevistas de trabajo a las que adultos jóvenes acuden, para no ser vistos más. En el caso de los niños, por lo general son secuestros de pequeños que se hallan lejos de la observación de sus cuidadores.

En la prevención de la ola de desapariciones que sufre nuestro país reconocemos que urge modificar los factores externos que las provocan. Hoy quisiera enfocarme, sin embargo, a causas individuales o de dinámica familiar que, de igual manera, contribuyen a la expansión de este delito.

Vivimos tiempos en que niños y jóvenes permanecen solos durante buena parte de su vida. La existencia de familias monoparentales, o biparentales en la que ambos progenitores trabajan fuera, lo condiciona. Además, colocamos en las manos de los menores un teléfono celular, que se convierte en parte fundamental de su vida. Con él se comunican, consultan, se divierten y se empoderan. Tal vez los padres nos sentimos aliviados de nuestras culpas, delegando gran parte de la labor formativa que nos corresponde en esos dispositivos. Los jóvenes son mil veces más diestros que nosotros en el manejo de la tecnología, lo que, en cierta forma, les provee cierta superioridad frente a nosotros, quienes pasamos a ser los viejitos que no sabemos cómo manejar una aplicación.

Ahora bien, una cosa es manejar los recursos digitales con maestría, y otra muy distinta asimilar valores humanos esenciales. Los chicos se sienten dueños del mundo y suponen que sus conocimientos les blindan ante cualquier situación que se presente. Así es como, con frecuencia vemos alertas de desaparición de adolescentes emitidas por angustiados padres, cuando resulta que el hijo "decidió" tomarse por su cuenta el fin de semana en casa de un amigo o de la pareja sin avisarle a nadie. Ello evidencia una falta de comunicación entre padres e hijos que, en muchos de los casos, llega a ser fatal. Esa falta de comunicación coloca al joven en mayor riesgo, que finalmente, a pesar de su maestría tecnológica, no sabrá cómo manejar.

De igual manera, la comunicación es capaz de blindar las incursiones de los jóvenes en el ámbito laboral. Si el chico envía un whatsapp con su ubicación en tiempo real durante su trayecto hacia una supuesta entrevista de trabajo, será más sencillo detectar a partir de qué punto se perdió la comunicación, y así estrechar el campo para fines de búsqueda.

Resulta una gran paradoja que vivamos unos tiempos de sobradas herramientas para la comunicación, en los que nuestros jóvenes están más solos que nunca. Y que hayamos dejado de lado la inculcación de valores humanos dentro de la familia, algo que debiera ser urgente para reducir riesgos, antes de que los hijos comiencen a actuar por su cuenta, sin la férula familiar. Por otra parte, esos valores les proveerán de una vida satisfactoria, en la que por el camino del esfuerzo y la constancia el valor de lo logrado pueda disfrutarse en forma plena.

No olvidemos los padres el papel que nos corresponde frente a las nuevas generaciones. No somos sus "cuates" buscando ganar popularidad y simpatía frente a ellos. Sino las figuras de autoridad obligadas a educarlos, Una autoridad que se ejerce desde el amor y el respeto, pero tan firme como la que más. El objetivo último no está en el corto plazo sino a futuro, para que los hijos sepan conducirse de manera óptima cuando se hallen por su cuenta. Porque eso es la vida, una carrera de relevos, en la que a los mayores nos toca participar solo en el arranque del relevo, mientras los hijos toman en sus manos la estafeta.

Una oración y un abrazo a quienes hoy sufren por el delito de desaparición forzada. Y a enfocar las acciones para prevenirlo desde dentro del hogar familiar.

https://contraluzcoah.blogspot.com/.

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Escrito en: Pemex

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