8 DE MARZO EN LA REFLEXIÓN
Coincide esta colaboración dominical con la conmemoración mundial del Día de la Mujer, fecha que desde 1977 fue instituida por la ONU. Y —casualmente— la ocasión también se empareja para mí con la relectura de un libro de la escritora española Rosa Montero que se dedica a dos temas: la elaboración del duelo por la pérdida del compañero de vida, y la biografía de Manya Sklodowska, mejor conocida como Marie Curie, una de las dos personas en la historia de los Nobel que se han hecho acreedoras a dos premios en distintas categorías. El libro de Montero publicado en el 2013 se intitula: "La ridícula idea de no volver a verte".
Soy una apasionada de la historia de la mujer, en especial de los orígenes de esta conmemoración de la mujer a través de la historia, haciendo hincapié en que no es una fecha para irse de fiesta y regalar bombones, sino un llamado a la reflexión. A una reflexión que derive en hechos, en urgentes cambios que sitúen en igualdad de circunstancias a la mujer frente al hombre en los terrenos académico, laboral y social.
Nuestro amado México es un país que pende del hilo de la narrativa que se nos da a conocer a diario. Por desgracia la realidad es muy distinta, y en lo relativo a desapariciones de mujeres, en particular adolescentes, es alarmante. El Registro de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) es lo más confiable que tenemos para informarnos sobre personas desaparecidas. Cerró el 2025 con 34,460 personas desaparecidas, 14,000 de las cuales no habían sido localizadas al cierre del año, y en lo que va del 2026 reporta que de las desapariciones registradas la mitad son mujeres, y de estas, principalmente niñas entre 10 y 14 años.
Regresando al motivo de conmemoración del Día de la Mujer, vale recordar que fue alrededor de la Revolución Francesa, en la segunda mitad del siglo dieciocho, cuando dos brillantes mujeres redactaron lo que sería la declaración de los derechos de la mujer: Olympe de Gouges en 1770 y Madame d'Èpinay en 1791. Tras de estos manifiestos siguieron expresiones similares en varias capitales europeas y de Norteamérica. En 1911, en el fragor de esta batalla ideológica, ocurrió en Nueva York el incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist, donde hubo 146 muertes, fundamentalmente de mujeres que se hallaban como obreras manuales encerradas en un edificio sin salidas de emergencia. Esta fábrica era de dos judíos provenientes de la región que actualmente corresponde a Lituania; ellos se protegían del robo de insumos que pudieran llevar a cabo las obreras encerrándolas durante su jornada laboral.
Los textos dados a conocer en tiempos de la Revolución Francesa hablaban sobre el derecho de la mujer a la educación, a la independencia jurídica y económica en el matrimonio, y a la necesidad de homologar las condiciones laborales para ambos sexos. Con lo ocurrido en Nueva York podemos comprobar que en un siglo y medio esas condiciones habían quedado en letra muerta.
Venturosamente, fue en ese mismo 1911 cuando Marie Curie recibió el segundo premio Nobel de su vida, el de Química, por el descubrimiento del radio y del polonio. Rosa Montero profundiza en las condiciones de vida laboral del matrimonio Curie, y nos hace ver de qué forma, en la precaria situación en que trabajaban, consiguieron los avances que los hicieron pasar a la historia. A la muerte de su esposo ocurrida en 1906, Madame Curie siguió adelante en sus investigaciones. Su hija Irène Jolliot-Curie siguió la misma carrera que sus padres, y le fue otorgado el Nobel, junto con su esposo Frèdèric en 1935. Tanto la madre como la hija murieron por causas relacionadas con la radioactividad que manejaron.
Rosa Montero, en su estilo híbrido de crónica-ensayo autobiográfico habla sobre su propio duelo a la muerte de su esposo Pablo, frente al vivido por María Curie quien, debajo de su perenne actitud severa experimentaba profundas emociones al lado de su ser amado, y posteriormente, a su muerte, según consta en un diario en el cual fue narrando distintos momentos de su vida, tanto personal como familiar y laboral. Además de que nos señala cómo las condiciones de desigualdad en el trabajo que desarrollaba al lado de su esposo, fueron superadas por el amor que ella le profesaba.
El 8 de marzo es una fecha para la reflexión respecto a la trayectoria de la mujer en el mundo moderno. Conocer y evaluar lo que se ha logrado, pero también lo que no se ha hecho, y definir qué tareas nos corresponde asumir, en un país con tan elevados índices de violencia contra nuestro género. En especial nos corresponde a nosotras, como se viene haciendo desde tiempos de la Revolución Francesa, reforzar la lucha por conseguir condiciones de justicia y dignidad, animadas a hacerlo desde el corazón.
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