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CONTRALUZ

URGENTE SENTIDO DE COMUNIDAD

En este tercer milenio los cambios ocurren a velocidades inusitadas. En cuestión de horas o de días llega a modificarse sustancialmente la geopolítica mundial, el precio del crudo o la integridad de diversos territorios en conflicto bélico. Contrastado frente a la parsimonia, digamos, del siglo veinte, los habitantes actuales de la tierra necesitamos, ahora sí que "ponernos las pilas" para avanzar al ritmo de los acontecimientos.

Debido a tal velocidad, no alcanzamos a percatarnos de muchos de los cambios que van ocurriendo, tanto en el entorno como dentro de nosotros mismos. Tal vez nos sorprendamos con una óptica de los hechos distinta a la que siempre habíamos tenido, o actuando de modos novedosos frente a un estímulo determinado. De momento no alcanzamos a comprender que parte de esos cambios ocurre en respuesta a la manera como el exterior influye sobre nosotros.

Recuerdo las familias de mediados del siglo pasado, generalmente numerosas, en las cuales una misma prenda de ropa iba pasando del mayor a los menores mientras durara íntegra. Y como la calidad de fabricación de ropa era muy superior a la actual, una misma chaqueta podía perdurar diez o más años entre el mayor y el más pequeño, para luego ser donada a la caridad. Ninguno de los hermanos rechazaba recibir "el gallito" del hermano mayor. No había esa fijación por las marcas, y todos contentos, muy distinto a como ocurre hoy en día. Cada niño tiene sus propias prendas, de preferencia nuevas y de marca, y casi sería un atentado contra sus derechos recibir algo de segunda mano que usó su hermano mayor. Porque, vaya, hay que decirlo, ropa de segunda comprada en una tienda dedicada a ese ramo llega a ser hasta distinguido, digamos, en un "Antique Mall" norteamericano o una "Friperie" europea, opciones de caché. Así de contradictorios somos a ratos.

Una costumbre que ha venido cambiando radicalmente con el tiempo es la relativa al consumo de café. Lo que en sus inicios era una taza de cualquier material rígido en la que se vertía una misma mezcla para todos, ahora se ha convertido en una bebida que se sirve en vasos desechables. La presentación inicia con la variedad y el origen del grano; el tueste y la preparación. Puede ser café regular, descafeinado o espresso, endulzado con alguno de la gran variedad de edulcorantes, con leche de vaca, de almendra, deslactosada, light, con distintos acentos y matices… en fin, la lista pareciera interminable.

En el mercado encontramos otros artículos altamente personalizados en los distintos géneros en que la mercancía puede ofrecerse: Teléfonos celulares, tabletas, vehículos y otros tipos de artefactos de transportación; paseos, vuelos, viajes turísticos… Narices, orejas y cualquier otra porción corporal que se desee aumentar, disminuir, perfilar y demás.

Todo lo anterior, que se engloba en una forma de ajustar lo que deseamos, procuramos, compramos y utilizamos, resalta cómo nos vamos ciñendo a un egocentrismo cada vez mayor, que nos vuelve, poco a poco, en demandantes, intolerantes y progresivamente irritables cuando no se cumplen nuestros deseos más puntuales.

Pudiera decirse que lo anterior apunta en sentido contrario al concepto de comunidad. Nos volcamos más en lo individual y menos en conocer y atender las necesidades de quienes nos rodean. Y es precisamente, ese sentido de comunidad un elemento que nos está haciendo mucha falta a todos hoy en día.

Visualizar los problemas en conjunto nos permite una observación más amplia y diáfana; trabajar por resolverlos entre todos lleva a abordar sus diversas aristas. Somos mayor número de individuos enfocados a un mismo trabajo, aplicando cada uno sus habilidades muy propias. Al mismo tiempo crece el aprendizaje y la motivación, de modo que el trabajo se cumple de mejor manera y en un tiempo más reducido. Además de que el logro de metas conjuntas refuerza la identidad y el sentido de pertenencia.

No deja de asombrar la cantidad de suicidios consumados o en modo de intentos que ocurren últimamente. Se han habilitado diversas líneas telefónicas de asistencia en crisis, pero aun así los casos se presentan. Entonces habrá que buscar un sustrato común en todos ellos. ¿No será que esta tendencia a la exagerada individuación nos está cobrando factura?

Hay cosas que no podemos volver atrás en el tiempo; tipos de conducta que habrán de permanecer en el baúl de los recuerdos. Muy al margen de ello siempre es sabio asomarnos atrás y rescatar aquellos patrones de conducta que reforzaban el tan necesario sentido de comunidad que nos sustentaba. Un concepto que bien podría apoyar nuestra salud mental y ponernos a salvo de muchos problemas derivados del estrés con el que estamos viviendo en unos tiempos de notable aceleración.

https://contraluzcoah.blogspot.com/.

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Escrito en: Lucha libre Arena Olímpico Laguna

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