Cristina Chairez inauguró su exposición ‘A boca llena’. EL SIGLO DE TORREÓN / Fernando Compeán
Es una artista interdisciplinaria; transita los caminos de la poesía y las artes visuales. Su obra apunta al cuerpo y la violencia sexual. Es un acto de denuncia, pero también de expresión ante una herramienta de dominación masculina que reafirma jerarquías de género. De su puño y letra, Cristina Chairez ha escrito poemas y colocado sus esculturas textiles sobre las paredes de la galería del Centro de Artes del Norte (CAN), en Casa La Morelos, lugar donde este jueves ha inaugurado su exposición A boca llena.
“Se llama así porque me ha servido como una forma de hablar de violencia sexual. Me di cuenta que compartía esto con muchas mujeres en mi vida, que es un suceso ‘muy normal’ en nuestras vidas, lo cual es lamentable. Una de las razones por la que se hace arte es para plasmar las ideas en un soporte material y justo eso traté de hacer ahora”.
La exposición está dividida en tres módulos y hay un poema escrito por cada uno. Cristina Chairez camina entre sus obras y se detiene en el primer bloque. Los versos que inauguran el escrito son un llamado a la reflexión: “jalón de pelo / ardor rosado / blanco vidrioso / golpea / sudor de ombligo / pelo de mezquite / rechinar de piel con dientes / boca llena”.
A través de su investigación artística, Cristina Chairez se ha percatado de que crea mejor si primero escribe. Por eso acompaña sus letras con una instalación donde emplea textiles como el nailon, cabello sintético y dientes humanos. Partiendo de la figura de un teratoma, juega con la forma orgánica, con formas de representar cuerpos enrollados en sí mismos, como la etapa de represión después de vivir un suceso de violencia sexual.

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El segundo módulo también canta un dolor en versos: “Hija / he tratado de describir este dolor / como quien no tiene lengua / que encarne esta infinita congoja de los vientres // he tratado de enunciar este fuego / en el bosque de mis entrañas / hacerte de la tripa corazón // este dolor parece un cuerpo / que la palabra nunca alcanza // quiero postrarme en tu vientre adolorido en rojo / ver si allí te encuentro libre // quiero ahí dentro / morir de carne / renacer de tu cobijo”.
Cristina Chairez expone tres esculturas textiles. Las realizó a través de la técnica de acolchado, con la cual se forman colchas a través de retazos de tela. Los cosió uno por uno, jugó con las formas, trató de averiguar un relieve que pudiese tocarse para vivir cada imagen de su poema. Se trata del proceso de cuidado.
“En esta parte, más que un cuerpo fragmentado, estaba tratando de crear un cuerpo a partir de la unión y de coser cada fragmento”.
El último módulo muestra a un cuerpo mutado con mayor vitalidad. Los colores son más vívidos y el poema correspondiente habla de cómo se vive con el dolor: “me he esculpido amordazada / me he buscado amoratada y violada / me he masturbado pensando en un dios que castiga / soy aquello que no se nombra // mamá, me van a violar / ya me han violado / me cosquillea el ombligo / me he violado antes / la mordaza la sangre la cuerda / este es el vientre de mi sangre / la lectura de mi vientre / este es el libro de la carne / el mapa del color”.
La artista ha empleado al arte y la poesía para visibilizar la problemática de la violencia sexual. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en México, 19.2 millones de mujeres han sido sometidas en algún momento de su vida a algún tipo de intimidación, hostigamiento, acoso o abuso sexual.
“Creo que existe una posibilidad de enmendar el cuerpo y de que las demás personas, a partir de esta experiencia que plasmo, puedan llevarse algo de ello y a partir de esos aspectos tomarlo para ver qué hacen con su propia experiencia. Y en general me interesa hablar de estos temas por una cuestión de denuncia”.
La exposición ‘A boca llena’, de Cristina Chairez, permanecerá en la Galería del CAN hasta el próximo 27 de junio.
