La Semana Santa, también llamada "semana mayor", es el tiempo en que los cristianos dedicamos días al recuerdo del sacrificio y muerte de Jesús. Desafortunadamente, desvirtuamos el sentido del memorial para festejar y viajar turísticamente. Poca reflexión, casi sin oración.
Cada año, son menos los creyentes que dedican ese lapso para asistir a las ceremonias religiosas. Otro signo de los cambios en usos y costumbres posmodernas. ¿Por qué será?
Le propongo dialoguemos sobre tal evento:
Empecemos recordando cómo era el Medio Oriente, de principios del primer siglo, contabilizado a partir del nacimiento de Jesús, hecho del que aún no tenemos la certeza del mes y día, aunque por conveniencia "de la práctica religiosa", Julio I -alrededor del 354-, estableció como día oficial al 24 de diciembre.
Alrededor del año 33 a.C., Palestina -parte de territorio ahora invadido por Israel- vivía un ambiente de inseguridad e intranquilidad; tiempo atrás -63 a.C.-, los hebreos estaban dominados por el Imperio Romano, que imponía sus leyes y tradiciones, provocando indignación entre sacerdotes y habitantes.
Las capacidades tecnológicas para el desarrollo de la agricultura y la ganadería -principales fuentes de ingreso en la región- eran limitadas y, además, la poca agua, producía cosechas pobres; el ganado sufría sed y también falta de alimento. El resultado: la pobreza, que llegaba a ser mísera.
En esas condiciones, sumando los abusos a que eran sometidos los pobres, era de esperarse las constantes inconformidades y rebeliones. Algunos guerrilleros y otros revoltosos se mantenían acosando a las fuerzas romanas apostadas en la región y éstas, poco numerosas, estaban integradas por soldados ignorantes y salvajes que mantenían el orden social a base de violencia, contando con la poca respuesta de los líderes religiosos/sociales quienes pretendían defender y mantener su posición evitando la confrontación.
Basten algunos datos para imaginar la calidad de vida de los habitantes de la región:
Los campesinos trabajaban la tierra de los propietarios aristócratas y les debían pagar como renta el 50% de lo cosechado.
Cosa aparte era el pago de impuestos: para la administración el 10%; otro 10%, era entregado para el mantenimiento del Templo y 10% más, como tributo a Roma.
Del 20% restante, el labrador debía guardar semilla -trigo, por ejemplo- para sembrar en la siguiente temporada, de tal suerte que poco quedaba para su alimentación. Los pobres, solo alcanzaban a hornear panes de cebada para comer.
En los beneficios de producción ganadera tenían tasas impositivas similares, así que comer carne roja era un privilegio, solo para ocasiones muy especiales. Dato desalentador: a nosotros, mundanos del siglo XXI, nos quitan -más o menos- 35 centavos de cada peso.
Desde años atrás, los ataques a la legión romana se intensificaban y debían ser sofocados aplicando violencia extrema como respuesta; de ahí la crucifixión como pena capital, que era pública y degradante.
Ese era el ambiente político/social que vivían los habitantes de Palestina/Israel, con gran incertidumbre, hambre e injusticia social, siempre sometidos al abuso de propios y extraños.
Y apareció Jesús.
Él, hablaba de amor al prójimo, apoyar al necesitado, atender a las viudas, viejos y desamparados. Utilizando parábolas, condenaba a los ricos -fariseos y saduceos- violentos y abusadores.
Insistía en reorientar lo enseñado por los sacerdotes, no sobreponer el diezmo a las necesidades de los padres, ser honesto en los negocios y/o pago/cobro de impuestos y, lo más grave: evitar ser como sepulcros blanqueados, "hermosos por fuera, pero llenos de inmundicia y muerte por dentro". Así, condenaba a ricos y abusadores.
Era de esperarse la respuesta cruenta, que se dio con su muerte por crucifixión, instigada por los sacerdotes, que presionaron a los romanos a "mancharse las manos", ya que a ellos no les era permitido imponer sentencias de muerte.
Ya con anterioridad se había aplicado tal castigo a otros revoltosos; así que detuvieron a Jesús, martirizándolo y burlándose de sus afirmaciones y enseñanzas; lo exhibieron semidesnudo en un recorrido por las calles, que le ocasionó fatiga extrema y lesiones, hasta desfallecer -algunos expertos calculan que perdió el 40% de su sangre-. Finalmente lo crucificaron.
La forma de ejecutar al reo, -clavado de brazos y pies e izado hasta su muerte- la idearon los soldados romanos como castigo ejemplar para los revoltosos, dejándolos morir lentamente, en agonías que podían prolongarse por horas y días.
Jesús, estuvo crucificado y vivo de las 9:00 hasta las 15:00 horas y aún colgado era injuriado por sus verdugos. Le ofrecieron "posca", -bebida de vinagre con miel y/o mirra- y finalmente le atravesaron el costado derecho con una lanza, brotando sangre y agua por la herida.
El nuevo testamento, -cuatro evangelios-, describe la crucifixión; además los sucesos posteriores a su muerte: descenso de la cruz, depósito en una tumba excavada en la roca su gloriosa resurrección.
Vale la pena recordar. ¿Reflexionamos?