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Cuando el cáncer te alcanza

JOSÉ SANTIAGO HEALY

Un artículo similar al de hoy escribió hace más de cuarenta años en su columna mi padre José Alberto Healy cuando le detectaron un tumor debajo de la lengua que parecía letal, pero que finalmente fue superado a la vuelta de tres años.

En aquel entonces su escrito sacudió a toda la familia por los detalles que mencionaba, nos pareció revelador y audaz, pero al final del día fue muy útil para personas que experimentaban algún tipo de cáncer.

Mi padre apenas tenía 54 años cuando inició su pesadilla, en nuestro caso ocurre a mis 69 años cuando pensaba que esta enfermedad ya no afectaría mi salud y menos de una manera tan sorpresiva.

Los síntomas iniciaron en diciembre del año pasado y de inmediato acudí a mi médico para iniciar una serie de exámenes, desde el inicio me dijo con claridad que era muy posible que tuviera un tumor en la próstata, la vejiga o un riñón, aunque también podría ser una infección en el sistema renal.

Pasaron semanas de incertidumbre y de idas y venidas a clínicas y hospitales, a los pocos días descubrieron una mancha extraña en mi riñón izquierdo y se procedió a realizar una biopsia.

El primer intento resultó fallido porque el conducto para llegar al riñón -la uretra-estaba muy angosto. Fue horrible despertar de la anestesia y saber que el procedimiento había fracasado.

Por diversas razones opté por cambiar de doctor y hospital, afortunadamente llegué a UCSD, el sistema de salud de la Universidad de California en San Diego que cuenta con adelantos impresionantes.

Pero la burocracia también existe allende del Bravo y luego de largas semanas de espera finalmente se realizó el segundo intento de biopsia que resultó exitoso.

A la semana los análisis confirmaban la terrible realidad: "tienes un tumor de tipo carcinoma urotelial papilar de alto grado en el riñón izquierdo, al parecer no se ha extendido y se recomienda extraer lo más pronto posible tanto el riñón como la uretra y una pequeña porción de la vejiga".

La noticia fue devastadora, pero al paso de los días y de investigaciones supimos que había posibilidad de salir adelante y de vencer a este maligno que tanto daño ha hecho a la humanidad. Además, existía la ventaja de tener el otro riñón en buena condición.

No pasó mucho tiempo cuando me llamaron para informarme que la cirugía se programó para el miércoles 13 de mayo a las 7 de la mañana.

La fecha me pareció familiar y luego recordé que ese día, hace nada menos que 45 años, el papa Juan Pablo II recibió cuatro balazos, dos de ellos en el vientre, por parte de un fanático turco.

El Sumo Pontífice salvó su vida milagrosamente y atribuyó el hecho a la protección de la Virgen de Fátima, cuya primera aparición ocurrió el 13 de mayo de 1917. Con esos antecedentes confié plenamente en los médicos y me puse en manos de la Virgen.

La operación no tuvo complicaciones, duró poco más de cuatro horas e incluía aplicar un tratamiento de quimioterapia a la vejiga ante la posibilidad de una metástasis.

El cirujano asistente, quien nos dio la reseña, no tuvo empacho en decir que fue una "cirugía aburrida" lo cual nos pareció alentador. Solo pasamos una noche en el hospital y de ahí a convalecer en casa durante cuatro semanas.

Los primeros días fueron eternos porque esperábamos con ansias el resultado del estudio patológico de las partes extraídas, finalmente el reporte llegó y no pudo ser más positivo: se encontró cáncer solo en una parte del riñón y ni una célula más cancerígena en el resto. A celebrar el suceso con todo y la salud disminuida.

Pero la gran noticia la recibimos al mes de la cirugía, tuvimos cita con el oncólogo quien había sugerido un tratamiento de quimio o inmunoterapia antes de la operación y la posibilidad de otro más posterior al restablecimiento.

El primero lo rechazamos y el segundo fue innecesario: "estás limpio de cáncer, los estudios demuestran que no hay restos del tumor, la recomendación es realizar revisiones periódicas, la primera en tres meses y seguir adelante con tu vida. A mi -concluyó el especialista-ya no me volverás a ver".

Fue difícil creer el diagnóstico luego de cinco meses de estrés, ansiedad y temor. Con esta experiencia y muy agradecido con Dios, nos atrevemos a recomendar a los lectores los siguientes pasos en casos similares:

Uno, actuar de inmediato ante cualquier sospecha de cáncer. Dos, escuchar dos o hasta tres diagnósticos antes de proceder, pero una vez tomada la decisión tener fe en los médicos y la estrategia a seguir.

Tres, verifique que tenga un buen seguro médico, si no obtenga uno de inmediato, si está afiliado al IMSS u otra institución pública revise en su momento que puedan atender cualquier tipo de cáncer en su población o localidad cercana.

Cuatro, busque refugiarse en su familia, en las oraciones y en Dios, quizás lo más importante para la sanación.

Y quinto, ser optimista y positivo, el cáncer es una enfermedad aterradora, pero salvo casos muy avanzados es totalmente curable y superable. Buena suerte.

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Escrito en: Actitudes Columnas Editorial José Santiago Healy

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