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Día del bombero

De lavar camiones a comandante: la historia de Árnold, el bombero de San Pedro

Árnold García Niño llegó a Bomberos de San Pedro a los 10 años para hacer mandados y limpiar unidades; hoy encabeza la reconstrucción de una corporación que encontró prácticamente sin equipo

Árnold García Niño llegó al Departamento de Bomberos de San Pedro a los 10 años y hoy encabeza la reconstrucción de la corporación. (EL SIGLO DE TORREÓN)

Árnold García Niño llegó al Departamento de Bomberos de San Pedro a los 10 años y hoy encabeza la reconstrucción de la corporación. (EL SIGLO DE TORREÓN)

NORMA IBARRA

De niño llegó a una estación para hacer mandados y limpiar unidades. A los 15 años se convirtió en elemento activo, a los 17 ya era capitán y, años después, regresó para enfrentar uno de los mayores retos de su carrera: reconstruir prácticamente desde cero el Departamento de Bomberos de San Pedro.

Antes de ponerse el casco, subir a un camión y aprender a enfrentar incendios, Árnold García Niño fue un niño que simplemente se quedó mirando. Un día, mientras se encontraba en su rancho, una camioneta comenzó a incendiarse y, mientras observaba la emergencia, vio pasar un antiguo camión de Bomberos de San Pedro. Era “la abuelita”, como recuerda aquel viejo vehículo que durante años formó parte del departamento, y aquella imagen quedó grabada en su memoria.

El fuego, el camión y los bomberos que acudían a atender la emergencia despertaron en aquel niño una idea que, con el paso del tiempo, se convertiría en una forma de vida: algún día quería ser bombero. Todavía no sabía hasta dónde lo llevaría aquel sueño.

A los 10 años, su madre lo llevó por primera vez al Departamento de Bomberos de San Pedro. Era noviembre de 2004 o 2005. Aquel niño que había visto pasar “la abuelita” ahora estaba dentro de la estación, aunque por su edad todavía no podía subir a los camiones ni participar directamente en las emergencias.

Comenzó haciendo lo que podía: lavar las unidades, realizar labores de limpieza y ayudar con los mandados. Pero quería estar ahí. A los 12 años comenzó a acompañar a los bomberos a los servicios, después de recibir capacitación, por lo que aquella curiosidad empezó a convertirse en vocación.

A los 15 años llegó otro momento decisivo: se convirtió en elemento activo y comenzó a recibir un sueldo, todavía siendo menor de edad. Su desempeño llamó la atención del entonces comandante José del Miro Delgado Muñoz, quien le abrió las puertas para formar parte de la nómina.

Para 2012, con apenas 17 años, Árnold ya era capitán de turno. Lo que había comenzado con un niño mirando un camión de bomberos se había convertido en una carrera.

De San Pedro a Torreón y de regreso

Con los años llegó la oportunidad de ampliar sus conocimientos. Árnold se incorporó al Departamento de Bomberos de Torreón, donde permaneció 3 años y medio y recibió capacitación que le permitió adquirir nuevas experiencias y conocimientos.

Pero el verdadero desafío llegaría cuando regresó a San Pedro para asumir el mando del departamento. Lo que encontró estaba muy lejos de lo que esperaba: no había camiones, mangueras ni equipo y ni siquiera había suficientes sillas.

“Nos quedamos impresionados, ya que no había ni un camión, ninguna manguera, ningún equipo”, recuerda.

La escena era difícil de imaginar para alguien que había crecido dentro de esa misma estación. Las personas que acudían al departamento tenían que sentarse en botes porque ni siquiera había mobiliario suficiente, mientras las emergencias no se detenían.

San Pedro necesitaba un cuerpo de bomberos capaz de atender incendios, accidentes y rescates tanto en la zona urbana como en las comunidades rurales de un municipio territorialmente extenso. El reto no era mejorar lo que había, sino volver a levantarlo prácticamente desde cero.

Árnold sabía que no bastaba con esperar. Había que buscar. Junto con Ricardo Ernesto Álvarez-Fraustro, actual director de Protección Civil, comenzó a tocar puertas en busca de equipo, unidades y capacitación.

La relación entre ambos venía de mucho antes. Se conocieron desde jóvenes y entraron juntos a la Academia de Bomberos de San Pedro.

Con el paso de los años, aquella amistad y experiencia compartida terminó convirtiéndose en coordinación para recuperar la corporación.

Durante ese periodo se formaron 2 cuerpos de voluntarios que, durante aproximadamente 2 años, fueron fundamentales para mantener la atención de los servicios. La situación llegó a tal punto que una unidad cisterna del Departamento de Bomberos de Torreón tuvo que ser enviada temporalmente para apoyar las emergencias en San Pedro.

Pero poco a poco comenzaron a abrirse puertas. Una de las primeras fue Fundación 911, encabezada por Ismael Aldaba y el comandante Javier Lumbreras. La ayuda comenzó a llegar en forma de herramientas y equipo especializado, mientras la gestión continuaba en busca de más recursos.

Hace apenas unas semanas, Árnold y Ricardo regresaron de Kansas City con alrededor de 50 equipos completos destinados a fortalecer la protección de los elementos que diariamente enfrentan situaciones de riesgo. También mantienen conversaciones con una estación de bomberos de Atlanta para conseguir la donación de otra unidad.

La búsqueda de recursos incluso contempla que 3 elementos puedan obtener sus visas para acudir a capacitaciones en Estados Unidos.

Porque reconstruir una corporación no significa solamente conseguir camiones, sino también preparar y proteger a quienes tendrán que subir a ellos cuando llegue una emergencia.

Una estación sostenida por la vocación

Ricardo Ernesto Álvarez-Fraustro conoce de primera mano esta historia. Tiene 23 años formando parte de Bomberos y, además, cuenta con 13 años de experiencia dentro de Cruz Roja. Su profesión es la docencia, pero decidió dedicar buena parte de su vida al servicio de emergencia.

Actualmente, Bomberos cuenta con 12 elementos en nómina, además del comandante y el encargado, mientras que Protección Civil tiene 8 personas en sus guardias, además del director. Pero detrás de ellos existe una fuerza que ha sido indispensable durante años: los voluntarios.

Son entre 40 y 50 personas que acuden de acuerdo con sus posibilidades para apoyar durante las emergencias. Algunos pueden acudir un día; otros, varios días consecutivos. Después regresan a sus actividades, pero permanecen disponibles cuando vuelve a sonar la llamada de auxilio.

En San Pedro, la vocación no solamente está en quienes reciben un sueldo. También está en quienes llegan cuando pueden, se ponen el equipo y ayudan porque saben que alguien, en algún punto del municipio, necesita auxilio.

Un departamento que ya luce diferente

El contraste con aquella estación que Árnold encontró hace 4 años es evidente. Actualmente, Bomberos de San Pedro cuenta con 2 máquinas apagadoras, un camión cisterna, una unidad de rescate y una unidad del Grupo de Reacción Inmediata, además de 2 unidades de Protección Civil.

El grupo de reacción está integrado por alrededor de 10 personas que pueden movilizarse para atender emergencias dentro del municipio y, cuando es necesario, brindar apoyo a municipios vecinos.

Pero Árnold no considera que hayan llegado a la meta.

“Queremos más, no nos detenemos aquí”, afirma.

Y la búsqueda continúa, porque las emergencias no esperan y cada herramienta puede hacer la diferencia cuando los segundos cuentan.

Del niño que miraba “la abuelita” al comandante

Hay algo que no ha cambiado desde aquel día en el rancho. Árnold todavía recuerda la camioneta incendiándose y el paso de “la abuelita”. Entonces era un niño que pensaba que algún día quería ser bombero.

Después llegó a la estación a los 10 años, lavó camiones, hizo mandados, acompañó servicios, se convirtió en elemento activo, recibió un sueldo, ascendió a capitán, se capacitó en Torreón y finalmente regresó a San Pedro para asumir el mando de la corporación que había conocido desde niño.

“Hasta donde he llegado sí me ha costado”, reconoce.

Y su trayectoria lo demuestra.

Su historia no comenzó detrás de un escritorio ni con un uniforme de comandante. Comenzó mirando un camión pasar frente a una emergencia.

En este Día del Bombero, detrás de cada casco, cada uniforme y cada camión que sale con la sirena encendida existe una historia que pocas veces se cuenta. Es la historia de quienes no solamente enfrentan incendios, accidentes y rescates, sino también de quienes han tenido que reconstruir una estación, tocar puertas para conseguir equipo, buscar capacitación y apoyarse en voluntarios para mantener vivo un servicio indispensable.

La historia de Árnold es también la historia de una vocación que comenzó mucho antes de que pudiera imaginar lo que significaba ser comandante. Aquel niño que miraba “la abuelita” hoy está al frente de los hombres y mujeres que suben a los camiones para acudir al peligro.

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