“¿Conoces la diferencia entre lujuria y fornicación?”. Esa inquietante pregunta le hizo el padre Arsilio a Pirulina. Respondió la pizpireta chica: “No hay ninguna diferencia, señor cura. Yo he incurrido en las dos cosas, y en ambas se siente exactamente lo mismo”. La suegra y el yerno estaban espalda con espalda en el campo del honor, cada uno con una pistola de duelo en la mano. Llegó corriendo la hija de ella y esposa de él y les gritó con angustiado acento: “¡Deténganse! ¡La enemistad entre ustedes ya ha llegado demasiado lejos!”. En el club nudista se apareció un sujeto vestido de pies a cabeza. Una socia le dijo con disgusto a otra: “Es un exhibicionista”. No me avergüenza confesar que no conocía a Bad Bunny. En el terreno de lo musical disfruto lo más popular de la música clásica y lo más clásico de la música popular, como dice el lema de Radio Concierto, la difusora cultural que fundamos la amada eterna y yo, y que ahora está a cargo de nuestros hijos. Me asusta lo mismo el dodecafonismo que el reguetón o el trap. Dispongo de poco tiempo -no me refiero al del día, sino al de la vida-, y no lo gasto en modas. Lo mío es lo que sin ser actual es actual, según definición del clasicismo hecha por Alfonso Reyes. Conservador como soy, se explica que no supiera quién es Bad Bunny. Sin embargo, su actuación en el medio tiempo del Super Bowl me gustó mucho. El sabor latino del show, su vibrante música y vívidas coreografías fueron homenaje a los pueblos de América hispánica, cuyas banderas ondearon al lado de la de las barras y las estrellas, en mensaje de paz que contrasta con el divisionismo discriminatorio del nefasto Trump. Creí advertir un rasgo relacionado con nuestro país. Aparecieron fugazmente en el espectáculo unos boxeadores con aspecto de mexicanos. Sucede que en el boxeo hubo gran rivalidad entre los púgiles puertorriqueños y los de México. El boricua Wilfredo Gómez llegó a ser llamado “matamexicanos”, hasta que el mexiquense Salvador Sánchez lo noqueó en el octavo round de su recordado combate de Las Vegas en 1981. Igualmente memorable es la pelea en la cual Julio César Chávez venció a otro orgullo boxístico de la Isla del Encanto, Edwin “Chapo” Rosario. Veo que me estoy extendiendo mucho en este tema, pero eso me sirve para destacar los positivos sentimientos que Bad Bunny mostró en Santa Clara. Qué bueno que Trump no asistió al juego. Lo hubiera contaminado con su sola presencia, y habría puesto una nota de odio en el mensaje de concordia y amor que vimos en el medio tiempo. No prometo seguir oyendo canciones de Bad Bunny. Mico viejo no come cocos nuevos, para decirlo a lo latino. Pero envío un aplauso de reconocimiento al cantor puertorriqueño, no sólo por su indiscutible talento artístico, sino sobre todo por su calidad humana.
Se ha dicho que la palabra “sexagenario” significa “ajeno al sexo”. El niño le preguntó a su papá: “¿Cuál es el sexo débil?”. Respondió el señor: “El de nosotros los hombres, hijo, después de los 60”. La parejita de novios entró en la suite nupcial donde pasarían su noche de bodas. El novio, que no se caracterizaba por su originalidad, exclamó: “¡Al fin solos!”.
La desposada acotó en tono desabrido: “Fuimos novios cuatro años. La misa del casamiento fue muy larga. Tardamos cinco horas en llegar aquí. ¿Y te vas a poner a platicar?”. Doña Generina era feliz madre de 10 hijos. Le comentó a la trabajadora social: “Entiendo que debemos evitar la explosión demográfica, señorita, pero a mi marido todas las noches se le enciende la mecha”. (Nota. Era anarquista el cachondo individuo). FIN.