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De política y cosas peores

ARMANDO CAMORRA

El marido llegó a su casa algo achispado tras haber estado libando con sus amigotes, y en la cama se arrimó a su esposa con clara intención carnal. La señora lo detuvo: “Hoy no. Me duele la cabeza”. Adujo el tipo: “En la cabeza no voy a hacerte nada”... Y luego que ya estaba concluido su santuario; la lámpara encendida; el velo en el altar; el sol de la mañana detrás del campanario; chispeando las antorchas, humeando el incensario, y abierta allá lo lejos la puerta del hogar. La novia, vestida de blanco en el atrio de la iglesia, recibió un recado, lo leyó y luego rompió a llorar desgarradoramente.

Decía esa lacónica misiva: “Perdóname, Desilucia. Disfruté tanto mi despedida de soltero que decidí seguir siéndolo”. (¡Bribón! ¡Pendón! ¡Cabrón!). Una cosa es ser crítico, y otra muy diferente es ser criticón. El diccionario de la Academia define el verbo “criticar” en forma que no admite crítica: “Analizar pormenorizadamente algo y valorarlo”. Eso hace el crítico. El criticón, en cambio, censura por sistema. Todo le parece mal; es murmurador y vituperador. En la película “Horse feathers” Groucho Marx canta una canción cuyo estribillo es: “Whatever it is, I’m against it”, “Lo que sea, estoy en contra”. Usa esa frase para oponerse a todo. Procuro no incurrir en tan pernicioso maniqueísmo, por eso señalo en igual forma lo que me parece mal y lo que me parece bien. Claro, decir que Hitler quería mucho a su perrita Blondi no lo salva de ser el peor espécimen de la raza humano que ha existido sobre la faz de la Tierra. Aun así, cualquier acucioso biógrafo del Führer tendrá que señalar ese detalle, aunque resulte innocuo. Todo lo anterior me sirve de proemio, si no de justificación -que no la necesito-, a fin de aplaudir, y con ambas manos para mayor efecto, a la Presidenta Sheinbaum, que en mi ciudad, Saltillo, anunció el pasado sábado la construcción de un gran hospital de especialidades dotado de los más modernos adelantos de la ciencia médica, con más de 500 camas para la atención de pacientes del Seguro Social. La capital coahuilense es un centro industrial de primer orden, y ese nosocomio, a cuya construcción la Presidenta dio el banderazo de salida, será valiosísimo elemento para la atención de la salud de cientos de miles de trabajadores y sus familias. El gobernador Manolo Jiménez Salinas ha sido un excelente gobernante. Lo digo yo y lo dicen igualmente todas las encuestas. La buena relación que tiene con el gobierno federal es muestra de su sensibilidad política y de su preocupación por el bien de Coahuila y de los coahuilenses. Ese hospital será orgullo del estado y de su administración. Enhorabuena... Soy el feliz propietario de la Enciclopedia Espasa, en 105 tomos. Pues bien: más volúmenes se necesitarían para hacer la crónica de las desventuras conyugales de don Cucoldo. La otra noche llegó a su casa antes de lo acostumbrado y halló a su esposa en indebida refocilación con un sujeto que además de faltar a la moral faltaba también a la gramática, pues se dirigía a la mujer llamándola “mamasota”, vocablo por demás impropio. A la vista de ese pecaminoso espectáculo don Cucoldo montó en cólera y le espetó, frenético, al sujeto: “¡Esto no se va a quedar así!”. “No, señor -respondió comedidamente el follador-. Le prometo que cuando terminemos yo mismo volveré a tender la cama”. En el campo nudista el joven Corito le dijo a la bella chica: “¡Te amo con todo mi corazón, Caléndula!”. Ella bajó la mirada. “¿Te ofendí?” -se azoró el impetuoso galán. “No -respondió la muchacha-. Quería ver si no es puro deseo”. (No le entendí). FIN.

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