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De política y cosas peores

ARMANDO CAMORRA

En el asiento de atrás del automóvil Pirulina le dijo a Babalucas: “Si quieres sexo, tendremos que hacerlo en forma segura”. Rápidamente Babalucas puso los seguros de las puertas... Por orden del gerente el mesero del bar se negó a servirle una copa más al intoxicado parroquiano. El ebrio se indignó: “¿Sabes quién soy?”. “No lo sé, caballero - respondió el mesero con toda cortesía-. Pero no se preocupe: ya se acordará usted cuando se le quite la borrachera”... Una señora y un granjero charlaban acerca de diversos temas. Éste narró la historia de sus gallinas, que en un principio no ponían huevos, y luego empezaron a ponerlos en abundancia. “¡Qué coincidencia! -exclamó la señora-. Esa historia se parece a la mía. Al principio de mi matrimonio no podía tener hijos, y luego tuve familia numerosa”.

Explicó el granjero: “Para que mis gallinas pusieran, lo que hice fue cambiar de gallo”. “¡Qué coincidencia! -volvió a exclamar la señora-. ¡Yo también!”... Pese a todos los pesares, la vida continúa.

Uno de los lugares para vacacionar favoritos de la gente de Monterrey es la Isla del Padre, en el extremo suroriental de Texas. Para llegar ahí los regiomontanos usan preferentemente la autopista de cuota Monterrey-Reynosa, que en los tiempos recientes ha sido escenario de delitos. Los hoteleros de la Isla pensaban sus hoteles estarían vacíos, por el temor de la gente a viajar. Se equivocaron: igual que cada año, la ocupación hotelera ha sido grande. ¿Se debe esto a imprudencia, a frivolidad culpable de los vacacionistas? No. Sucede que la gente se resiste a dejarse vencer por el temor; se niega a convertirse en rehén de la inseguridad. Eso sí: muchos viajeros toman precauciones: no hacen el trayecto por la noche, o en horas de la madrugada, sino a plena luz del día; algunos organizan caravanas para hacer el viaje en grupo. Pero la vida continuó, a pesar de todos los pesares. Y es que, a pesar de todos los pesares, la vida siempre continúa... Una joven señora llevó a su esposo con el médico. “Ya no lo aguanto, doctor -le dijo al facultativo-. Le gusta con pasión el futbol, y todas las noches sueña que está viendo un clásico.

Tanto patea, bracea y cabecea en su sueño que me deja tundida y lacerada. Anoche soñó el clásico Tigres-Rayados, y mire cómo quedé: llena de moretones, cardenales, contusiones y magulladuras”. Dictaminó el galeno: “Lo que el señor necesita es un sedativo. Hoy por la noche dele esta pastilla. Con eso ya no soñará”. Suplicó ansiosamente el tipo: “¡Doctor: que me dé esa pastilla hasta mañana! ¡Esta noche me toca soñar el América-Guadalajara!”... Un señor de edad más que madura proponía una tesis más que triste. Decía: “La vida sexual de un hombre atraviesa por tres fases: Primera: sin pagar. Segunda: pagando. Tercera: ni pagando”... Sigue ahora un cuento de contenido sicalíptico. Las personas con escrúpulos de moralina deben abstenerse de leerlo, pues dicha narración conlleva un doble sentido. En todo caso pidan a otro que les lea el cuento... Discutían un señor y una señora acerca de quién experimenta más placer al realizar el acto del amor, si el hombre o la mujer. El señor sostenía que es el hombre el que siente la mayor satisfacción. Le dijo la señora: “Permítame una pregunta. Tiene usted comezón en el conducto interno de la oreja, y se rasca con el dedo meñique. La comezón desaparece. ¿Dónde siente usted mayor placer: en la oreja o en el dedo?”.

“En la oreja, desde luego” -respondió el hombre. Y exclamó con acento de triunfo la señora: “Ah ¿verdad?”... FIN.

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