“Átame de pies y manos a la cama, y luego haz lo que quieras”. La joven y ardiente esposa se había enterado de esa práctica sexual en un libro de erotismo, y le propuso tal cosa a su marido. Él la ató y luego se fue a jugar al póquer con sus amigos. Doña Arpiana echó una moneda al Pozo de los Deseos. En ese mismo instante, su marido cayó al fondo del profundo pozo. Exclamó con asombro la señora: “¡Mira! ¡Funciona!”.
En Coahuila, mi estado natal, la Marina, junto con el Ejército, la Guardia Nacional y los cuerpos policíacos locales, ha prestado importantes servicios para impedir el ingreso de la delincuencia a la entidad. Los últimos tres gobernadores del estado: Rubén Moreira, Miguel Riquelme y Manolo Jiménez Salinas, han coordinado los esfuerzos gracias a los cuales los coahuilenses disfrutamos de una paz y una tranquilidad que se ha perdido en otras partes. Como habitante de un estado seguro en el cual se vive sin sobresaltos ni amenazas sólo tengo palabras de reconocimiento para la Marina. Desgraciadamente malos elementos han desprestigiado a esa institución, otrora orgullo de los mexicanos. Una sola verdad le oí decir a López Obrador en todo el tiempo que duró su nefasto sexenio: “No somos iguales”. Tenía razón: salieron peores. Los más extremados extremos de corrupción habidos en la época de la dominación priista fueron superados con creces por la ridículamente llamada 4T. Están apareciendo ahora las grandes corrupciones cometidas por algunos de los más cercanos allegados a AMLO, delincuentes impunes todavía por causa de esa corrupción y esa ilegalidad que privan también en el segundo piso. De modo calculadamente avieso el cacique morenista desvirtuó tanto a la Marina como al Ejército Nacional atribuyéndoles funciones por completo ajenas a su naturaleza y a su estructura constitucional. Su propósito era convertir a esas corporaciones en instrumento para implantar su maximato y mantenerlo. Así, puso a algunos de sus integrantes en malas tentaciones de enriquecimiento personal, y eso trajo desdoro a instituciones que gozaban del respeto, y aun del afecto, de los mexicanos. Más de una vez vi a la gente aplaudir en los desfiles a los soldados y marinos por el auxilio que prestaban a la población en casos de desastres naturales. Ahora vemos a altos mandos de la milicia y la marinería involucrados en casos de tráfico de drogas o contrabando de combustibles. La pudrición vino de arriba, y se manifiesta como cosa imposible de ocultar. “Lo que de noche se hace de día aparece”. Acertaba don Juan Berino, sabio alarife a quien debo ese apotegma sentencioso. Otro proverbio hay con el mismo sentido: “Si no quieres que se sepa no lo hagas”. Tarde o temprano sabremos todo lo que hicieron los cuatroteros. Lo que deshicieron ya lo sabemos. “Mi marido es un romántico -suspiró doña Bairona-. En el momento del amor se pone a recitar poemas”. Dijo su comadre: “Sí, pero a veces se le olvidan”. (El Creador le comunicó a Adán: “Te tengo dos noticias, una buena y otra mala. La buena es que voy a dotarte de dos órganos maravillosos: el cerebro y el atributo varonil. La mala es que no podrán funcionar los dos al mismo tiempo”. Cierto individuo relataba: “Froté una lámpara de forma extraña; apareció un genio del Oriente y me dio a escoger entre tener una buena memoria o una gran potencia viril. Ya no recuerdo cuál de las dos cosas escogí”). Otra vez anda por acá Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne. Le hizo una proposición lasciva a Dulciflor.
Ella lo rechazó indignada: “No soy una mujer pública”.
Ofreció el lúbrico sujeto: “Lo hacemos en privado”. FIN.