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De política y cosas peores

ARMANDO CAMORRA

“Por fin anoche mi marido halló la forma de satisfacerme”. Esas palabras de doña Cotilla sobresaltaron a las señoras en la merienda de los jueves. Explicó ella: “Se fue a dormir al otro cuarto”. Un barco pasó frente a una isla en medio del Pacífico y avistó a dos náufragos, hombre y mujer jóvenes, que pedían auxilio desde la playa. El capitán del navío fue en una lancha a rescatarlos. Al desembarcar vio en el tronco de una palmera cinco muescas hechas con cuchillo. Les preguntó a los náufragos: “¿Ya tienen aquí cinco semanas? ¿Cinco meses? ¿Cinco años?”. Respondió, orgulloso, el muchacho: “Las marcas no indican tiempo. Apenas llegamos ayer”. Rosibel y Susiflor observaban al nuevo gerente de la compañía. Comentó Rosibel: “¡Qué gran silueta tiene!”. “No es la silueta -la corrigió Susiflor-. Es el llavero que acostumbra traer en el bolsillo de su pantalón”. “El día que los jueces y magistrados de Inglaterra dejen de usar pelucas empolvadas, ese día caerá el Imperio de Su Majestad Británica”. La frase se atribuye a Chesterton. Su intención es señalar la importancia de mantener las formas de la ley como medio para implantar su cumplimiento. En nuestro país la nefasta 4T ha deformado esas formas hasta el punto en que no existen ya. El caudillo de ese régimen que ha llevado al país a su ruina económica y moral llegó a decir unas palabras que lo inculparán mientras la Historia exista: “Y no me vengan con el cuento de que la ley es la ley”. La legalidad ha sido atacada en tal manera que es letra muerta ya.

Se instauró una impunidad por la cual han quedado sin castigo casos de corrupción cuya magnitud supera a todos los que en México se han visto: Segalmex; la Barredora, y en estos días el vergonzoso escándalo de Rocha Moya y sus aláteres, protegidos por el régimen con desprestigio grave para el encadenado gobierno de Sheinbaum y desdoro internacional para el buen nombre de nuestro país. El orden jurídico es el cimiento en que se basa el edificio del Estado, y aquí ese cimiento se socavó en tal modo que las organizaciones criminales han podido apoderarse de vastas zonas del territorio nacional, e imponer en ellas su ley a falta de otra. Consecuencia de lo mismo es también que un individuo como Trump pueda amenazarnos de continuo y hacer de México su villano favorito y el objeto casi cotidiano de sus diatribas y arrogancias. Lo peor que a este país le pudo haber sucedido es que López Obrador llegara al poder por medio de la democracia para luego acabar con ella.

La soberbia y la palmaria ineptitud de ese demagogo dañaron a la Nación en todos los órdenes: la salud, la educación, la legalidad, la economía, la seguridad. Ahora el segundo piso no da trazas de pisar con pasos propios, y asegunda los males del primero, entre ellos la impunidad de que gozan los delincuentes de cuello guinda, protegidos y amparados por quienes deberían imponer la ley y en vez de hacerlo la violan o la hacen a un lado como trasto inútil y estorboso. Al ver la suerte de nuestro país bien podrían los mexicanos conscientes entonar a coro la dolorida queja de la canción vernácula: “Por qué Diosito tan bueno, que siendo justo y sereno nos manda una castigo así”. La linda Dulcibel, joven soltera, les anunció a sus padres, compungida, que estaba un poquitito embarazada.

(En caso semejante dijo un tipo de la furrumalla (furrumalla es gentuza): “Eso les pasó a mis tías por no juntar las rodías”). El progenitor de la muchacha le preguntó a su hija: “Y el padre de la criatura ¿se casará contigo?”. “Sí, papá -le aseguró Dulcibel-. Ya tengo la promesa de seis de ellos”.

FIN.

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