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De política y cosas peores

ARMANDO CAMORRA
ARMANDO CAMORRA

La linda Susiflor contrajo matrimonio. Ingenua joven, lo ignoraba todo acerca de los misterios de la vida. No obstante eso, la noche de sus bodas disfrutó cumplidamente las delicias de himeneo, pues Pericio, su novio, la llevó al culmen del deliquio con un sabio foreplay y una magnífica performance que la hizo experimentar sexaciones inéditas y despertó en ella ocultas ansias de placer. Tras el acto inaugural, y luego de un breve reposo, Pericio se puso nuevamente en aptitud de hacerle a Susiflor una segunda demostración de amor. Lo vio ella en tal disposición y exclamó jubilosa: “¡Qué padre! ¡Es reciclable!”. El conferencista hizo a sus oyentes una pregunta capciosa: “¿Dónde se firmó el Plan de Iguala?”. Babalucas levantó la mano: “¿En la parte de abajo?”. La astenia es un estado patológico que se caracteriza por falta de vigor corporal y debilitamiento de la voluntad. Tirilitam, muchacha en flor de edad, soltera, les explicó a sus padres por qué se hallaba en estado de buena esperanza, o sea embarazada: “Fue por astenia. Mi novio pidió aquellito, y no tuve fuerzas para decirle que no”. (El mejor anticonceptivo está en esas dos letras: ene y o). Don Martiriano, el sufrido consorte de doña Jodoncia, comentó entre amigos: “Mi hora favorita es la de la siesta”. Preguntó uno: “¿Duermes siesta?”. Contestó don Martiriano: “Yo no, pero Jodoncia sí”. La linda Daisy Mae le dijo al rico texano: “Está bien que seas petrolero, Buba, pero me parece poco romántico que me propongas matrimonio diciéndome que quieres que te conceda derechos exclusivos de perforación”. Lord Feebledick, propietario rural, se veía laso, exinanido y escuchimizado, o sea jodidísimo. Su esposa, lady Loosebloomers, lo llevó a la consulta del doctor Quack, quien le hizo al paciente un interrogatorio clínico. Seguidamente le indicó a la esposa: “Usted, milady, es la causante del estado de agotamiento de su marido. Le solicita sexo con tal frecuencia que lo ha llevado a ese estado de postración”. Opuso lady Loosebloomers: “No lo creo, doctor. Lo mismo les pido al mayordomo, al jardinero, al guardabosques, al montero, al encargado de la cría de faisanes, al caballerango y al chofer, y todos están buenos y sanos”. (Nota. Se le olvidó mencionar a sir Highrump, el vecino, y a Mr. Parler, vicario de Sellvation Chapel y guía espiritual de la comunidad). Extraña pareja es la que forman Pimp y Nela. Él es gigoló, chulo, rufián o cinturita (otro nombre más feo hay para designar su oficio), y ella se dedicaba al comercio carnal bajo la administración del mantenido. Una noche, después de un largo viaje, llegaron al lugar donde ella ejercía su actividad, y se encontraron con que había seis clientes esperándola. Les dijo Pimp: “Amigos: Nela viene muy cansada. Uno de ustedes tendrá que retirarse”. Pompana, vedette que actuaba con el inédito nombre de “La mulata de fuego”, presumía un abrigo que ella decía era de zorro plateado, regalo de un admirador. Una tarde le contó a Tetelia, vedette como ella, que aunque vivía permanentemente en Peralvillo siempre estaba recién desempacada de Las Vegas: “Anoche soñé que me atacaban los animales de cuya piel está hecho mi abrigo”. “Qué raro -acotó Tetelia-. Los conejos no atacan”. Don Ruguito, señor de edad madura, casó con doña Geronela, que tampoco se cocía ya al primer hervor. Al salir de la ceremonia nupcial le anunció ella: “Haremos el amor dos veces en el año: la Nochebuena y en nuestro aniversario”. “¡Santo Cielo! -se consternó don Ruguito-. ¡No supe que me casaba con una maniática sexual!”. FIN.

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