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Dejar pasar oportunidades

ENRIQUE IRAZOQUI MORALES

Vaya semana que se vivió en el Foro Económico Mundial que se celebra año con año en Davos, Suiza. Sin duda, uno de los puntos de mayor interés era la participación del presidente Donald Trump, quien insistió en la compra de Groenlandia como un asunto de seguridad nacional, mientras Canadá, a través de su primer ministro Mark Carney, lo confrontó defendiendo la soberanía de Dinamarca y criticando la actitud abusiva de Washington.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, decidió no asistir al Foro de Davos, si bien poco o nada podía hacer respecto al tema de Groenlandia, sí significó perder oportunidades de posicionar al país en debates clave sobre comercio y cooperación internacional.

Dentro del marco del encuentro de carácter tradicionalmente económico, Trump volvió a cargar con la idea de que su país debía adquirir Groenlandia - territorio perteneciente a Dinamarca-. Argumentó que solo Estados Unidos podía garantizar la seguridad y el desarrollo de la isla ártica, calificándola como un "gigantesco pedazo de hielo" que debía ser protegido y aprovechado por Washington. Aunque en un inicio su discurso fue beligerante, incluso mostrando imágenes de Groenlandia como territorio estadounidense, posteriormente moderó el tono y descartó el uso de la fuerza, presentando la iniciativa como un acuerdo de seguridad internacional con la OTAN.

En ese mismo tenor, el secretario de comercio estadounidense, alineado obviamente con su jefe, reforzó la idea de que la adquisición de Groenlandia abriría oportunidades económicas estratégicas, especialmente en recursos naturales y rutas marítimas del Ártico. La narrativa oficial buscaba legitimar la propuesta como un proyecto de "prosperidad compartida", aunque en realidad se trataba de un lance en busca de una extensión del poder geopolítico de Washington.

Ante tal postura, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, se convirtió en uno de los principales opositores a la postura estadounidense. En su discurso en Davos, afirmó que Groenlandia y Dinamarca tienen el derecho exclusivo de decidir su futuro, rechazando cualquier intento de compra o presión por parte de Estados Unidos. Carney calificó las medidas de Trump como un uso abusivo de la integración económica como arma y advirtió que las instituciones multilaterales estaban siendo amenazadas por este tipo de actitudes.

Su intervención fue interpretada como una confrontación directa hacia Trump, al reiterar que la posición norteamericana era abusiva y contraria al espíritu de cooperación internacional. Además, Carney subrayó que Canadá se oponía firmemente a los aranceles que Washington pretendía imponer en relación con Groenlandia, defendiendo la necesidad de un Ártico seguro y próspero mediante el diálogo y la cooperación.

En tanto, mientras estas tensiones se desarrollaban, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, decidió no asistir personalmente al Foro de Davos. En su lugar, envió a la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, y a la empresaria Altagracia Gómez como representantes. La mandataria justificó su ausencia señalando que confiaba en el pueblo de México para enfrentar la incertidumbre externa, pero su decisión fue criticada por diversos sectores políticos y empresariales, debido a que su ausencia significó que México perdiera visibilidad en un foro donde se discutieron temas cruciales que de alguna manera influyen el contexto donde está por revisarse el T-MEC, donde actualmente proliferan las tensiones comerciales con Estados Unidos y Canadá.

Sin la presidenta presente, se perdió también la oportunidad de fijar postura en debates sobre seguridad energética y climática, donde se habría podido reforzar el papel como socio estratégico para la generación de energías limpias, así como buscar atraer inversiones internacionales, especialmente en un momento en que América Latina buscaba reposicionarse como alternativa frente a la fragmentación del comercio global.

Es claro que la ausencia presidencial debilitó la capacidad de México para influir en las discusiones globales y proyectar liderazgo regional.

Así entonces lo que deja Davos en esta ocasión en la tensión entre una visión expansionista y unilateral del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que ha llevado a que sus propios aliados históricos se vean forzados a confrontarlo frontalmente en defensa de la soberanía y cooperación internacional, en particular como lo hizo Canadá.

En paralelo, la ausencia de México mostró cómo las decisiones de política exterior pueden limitar la capacidad de un país para aprovechar oportunidades de inversión y posicionamiento global. En un mundo marcado por tensiones geopolíticas, la presencia activa en foros internacionales es más que simbólica: es estratégica. Sin embargo, la carga ideológica del actual régimen condena a los mexicanos a dejar pasar estas oportunidades que surgen en tan especiales condiciones. Lamentable.

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