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Enrique Sada Sandoval

Del queso a los gusanos: adiós a Carlo Ginzburg

ENRIQUE SADA SANDOVAL

Uno de los grandes parteaguas en la Historia del México contemporáneo lo marcó sin duda la aparición de la obra Pueblo en Vilo. Microhistoria de San José de Gracia de Luis González y González quien en 1968 publicó sobre la importancia que cobran como suma las historias individuales que construyen el quehacer cotidiano desde el terruño o solar de los pequeños pueblos y villas de Provincia durante la mitad del siglo XIX frente al embate de la historia de bronce nacional; esa que se escribe desde el poder con sangre y con mayúsculas, que no busca la verdad sino la uniformidad a golpe de mazo de acuerdo con la conveniencia de un Estado centralizador, basado en un discurso en vez de en hechos.

Ocho años después, del otro lado del atlántico, verá a la luz otra obra singular por su hermanamiento con la obra del mexicano por parte de Carlo Ginzburg quien con El queso y los gusanos: el Cosmos según un molinero del siglo XVI contribuirá como pocos a la enseñanza tanto como a la importancia de la microhistoria gracias al proceso de un singular personaje como Domenico Scandella y su muy particular concepción en torno a la creación del universo como tal, misma que le confrontará finalmente con la Inquisición en el año de 1599, en medio de las guerras de religión que asolaron a Europa a partir de la violencia desatada en Alemania por la llamada "Reforma protestante".

Nacido en Turín en el año de 1939, hijo de la escritora Natalia Ginzburg y del intelectual Leone Ginzburg, fue profesor emérito de la Scuola Normale Superiore de Pisa, donde había estudiado desde muy joven. Ya como docente destacó por impartir clases en la Universidad de Bolonia, pero también en otras grandes universidades en los Estados Unidos de América como Harvard, Yale, Princeton y la Universidad de California.

Se consideraba así mismo un hombre con orígenes privilegiados: "Mi privilegio no fue solo criarme rodeado de libros, también lo fue tener ejemplos", y no se equivocaba, pues a el mismo tanto como a su familia le tocaría vivir no solo la erudición natural de su hogar con padres judíos bastante letrados sino también el presenciar y el padecer en carne propia los estertores y atropellos consecuentes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, la persecución por parte del régimen Nacional-Socialista contra judíos-su propio padre, Leone Ginzburg, fue víctima de los alemanes-al igual que contra otras etnias o minorías, y el ver en su momento reducida a Italia a un enorme campo de concentración durante los últimos años de ocupación alemana junto con la posterior violencia de esos otros socialistas igualmente totalitarios y violentos que fueron los partisanos comunistas, así como la posterior caída de su país de Reino a república semidemocrática.

Entre sus obras publicadas en castellano además de la clásica que referimos figuran otras como Ojazos de madera. Nueve reflexiones sobre la distancia, en Península; Una historia sin final, en Ampersand; Mitos emblemas e indicios, en Gedisa; y Los benandanti. Brujería y cultos agrarios entre los siglos XVI y XVII, por la Universidad de Guadalajara en Jalisco.

Se le considera como el padre de la Microhistoria, aunque no sin mengua de quienes pertenecieron a la Escuela francesa e impulsaron la "petite histoire" en su momento.

Sin embargo, la contribución y la singularidad de Ginzburg en este campo de las ciencias le potencia por encima de sus contemporáneos debido a su énfasis en la importancia que significa la individualidad y su valor respecto al Estado y los hombres-masa desde el contexto histórico del espacio-tiempo, así como el desarrollo y estudio de la cotidianidad; influencia que palpamos vivamente no solo en Luis González sino también en Pilar Gonzalbo, Eugenio del Hoyo y muchos otros tantos historiadores, investigadores y cronistas profesionalizados que aquí en México han logrado contribuir a nuevos descubrimientos más allá del ámbito de la historiografía de bronce.

Hoy lo recordamos por su legado que sin duda seguirá vivo como ejemplo y más allá de su nombre para futuras generaciones de investigadores que buscan la verdad y apuestan por el rescate de la memoria histórica, desde lo local.

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