Entre las nuevas patologías observadas en los últimos años, están el daño psicológico que han generado a las nuevas generaciones los teléfonos inteligentes, pantallas y juegos computacionales; esas que, por ser utilizadas por niños y adolescentes ahora tempranos, quienes fatalmente crecerán y de ellos, muchos, ocuparán posiciones de poder de decisión que afectará al futuro del mundo y todas las formas de vida.
No es casual que los gobiernos más responsables del mundo -en relación con el cuidado de su población- han limitado y hasta prohibido el uso de tales equipos de comunicación; otros, han ordenado el veto del uso de ellos al interior de las escuelas de educación. Tales naciones, ya suman 79 sistemas educativos de primaria y secundaria; veamos algunos ejemplos:
Hungría, desde 2024, los ha prohibido por considerarlos inconvenientes para los procesos de aprendizaje y nocivos psicológicamente; Australia y los Países Bajos, a partir de este año, aplicarán reglamentos prohibitivos; en Francia, sancionan a quienes los utilizan dentro de las escuelas; igual en la política educativa de Italia. Sume a Finlandia, Dinamarca y Corea del Sur, entre otros países.
En la República Popular China, no se permiten, a menos que los padres lo autoricen.
En América: Brasil los prohíbe, permitiendo las excepciones en casos que haya necesidades especiales de los niños y/o sus familiares; en EUA, en el estado de Ohio, también vetaron su uso.
Nuestras autoridades no han tomado decisión alguna -más ocupados en "la grilla"- y solamente en las escuelas privadas se prohíbe su uso, aunque se corra el riesgo de ser acusados de abuso de autoridad y a la integridad de los menores. Así son las cosas en nuestro país.
Manfred Spitzer -1958-X- es un neurofisiólogo alemán, catedrático universitario, con reconocimiento por sus publicaciones en la especialidad; ha llamado "Demencia Digital" al fenómeno observado en menores.
Aunque aún no es una patología reconocida por la ciencia médica, muchos pediatras y neurólogos del mundo, coinciden en observaciones -aún no son plenamente concluyentes- de daños en el comportamiento de niños y adolescentes, atribuyéndolos al uso excesivo de los equipos de comunicación digital; entre ellos mencionan:
Dificultad para la concentración, memoria y capacidad de mantener la atención; puede inducir la impaciencia, estimulando la búsqueda de gratificaciones emocionales inmediatas; alteraciones del sueño, disminuyendo el descanso, hasta insomnio; fatiga ocular y deficiencias de la agudeza visual a largo plazo; signos y síntomas de las enfermedades llamadas "posturales músculo esqueléticas", por los vicios al sentarse o acostados; sedentarismo, favoreciendo la obesidad; ansiedad, dificultad o pérdida de interés por la comunicación "cara a cara" y, desde luego, el daño recibido con la desinformación que pueden obtener libremente, particularmente en temas como la sexualidad, la familia y la interacción social.
Déjeme aclararle mi postura: el acceso a la información digital es, sin duda, una de las grandes aportaciones de la ciencia y desarrollo humano, tanto en lo científico como en lo filosófico; sin embargo, el uso, particularmente en los casos de los menores, debe ser constantemente supervisado y evitado por los mayores.
Aquellos tiempos en que ya sabíamos del daño al suplir a los familiares educadores - ¡están trabajando! - ha sido agrandado y es, sin duda, el momento de cuidar el uso de tales recursos, que pueden llegar a ser dañinos para quienes lo utilizan irresponsablemente.
En México, algunas instituciones educativas ya limitaron y hasta prohibido el uso de celulares durante clases y dentro de las escuelas; en la mayoría, solamente están señalados como "condición" para asistir y es poco supervisada por los profesores.
Merecen mención especial los familiares de niños y jóvenes, quienes han encontrado en ellos una oportunidad de liberar tiempo para "otras cosas" transformándolos en las "nanas del hogar posmoderno".
Su uso limita la relación entre mayores y menores, con la consecuente baja en la alimentación afectiva, que se logra por medio del diálogo en horas predeterminadas en casa -comidas o actividades planeadas- y diversiones conjuntas.
Le propongo se reúna con su pareja y otros mayores de la familia y, juntos, propongan a los menores algunas reglas básicas del uso de sus teléfonos y otros medios digitales; importante: establezca horarios de esparcimiento, con asistencia de todos y, desde luego, tomar la decisión responsable de buscar actividades en días feriados, en los que la familia participe ratificándose.
Dice el refrán: "más vale prevenir que lamentar" y no caigamos en el error de pensar que otros harán el trabajo de criar y educar a nuestros hijos; por el contrario, presione en juntas de padres para que las autoridades de las escuelas tomen "el toro por los cuernos".
Se que habrán de enfrentar problemas, desde resistencias hasta disciplinarios y que algunos profesores protestarán "por ser trabajo extra", pero son acciones educativas que los directivos no deben eludir.
¿Nos ponemos a trabajar?
ydarwich@al.mx