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Desgraciados y malagradecidos: en la carne está la historia

Los cuentos aquí reunidos buscan confrontar al lector con la fealdad de lo cotidiano. El autor despliega una narrativa urbana macabra donde los personajes navegan dilemas morales en espacios íntimos y lúgubres que podrían encontrarse en cualquier rincón

El autor durante la presentación del libro. Imagen: Instituto Municipal de Cultura y Educación de Torreón

El autor durante la presentación del libro. Imagen: Instituto Municipal de Cultura y Educación de Torreón

ALFREDO CASTRO MUÑOZ

"Malditos y bastardos, infelices e impuros, desdichados y lacras; todos reunidos y apretados con los otros: los desgraciados y los malagradecidos”. Así, con esa sonoridad agreste y desafortunada, David Ramírez Ortega presenta este libro que, desde la fealdad del título (Desgraciados y malagradecidos), nos anuncia una narrativa hostil y desafiante. Acá tienen espacio los desterrados, los que fueron arrancados de la felicidad o acaso nunca estuvieron ahí, ¿cuántos de ellos somos y hasta dónde nos ha traído la rabia de nuestra era?

Se trata de un libro que ensucia las heridas y al que ciertamente no le importa el bienestar de sus lectores. Ya el poeta Ricardo Castillo había escrito: “La realidad es una broma que ya me está poniendo nervioso”, y la obra de David Ramírez Ortega se constituye de cuentos sólidos e intensos que nos recuerdan por qué la realidad es oscura y hermosa. Una publicación que reivindica todo lo que está perdido.

Desgraciados y malagradecidos es la primera colección de cuentos publicados por el narrador David Ramírez Ortega, que hace su aparición como parte de la colección Viento y Arena, un proyecto que ha promovido la literatura producida en La Laguna o la que, dealgún modo, llega a este sitio.

En ese registro, el autor, como lagunero por resignación, logra imponer una identidad como habitante y doliente de Coahuila y Durango, sin embargo, quizá lo primero que debamos celebrar de este libro es su capacidad de evadir esos lugares comunes identitarios de los que tal vez ya hemos escuchado demasiado.

El cuento de David no necesita transcurrir en el desierto ni en algún centro histórico, ni siquiera necesita nombrar con insistencia palabras como Torreón, Gómez, Lerdo o Matamoros, pues todo ocurre en sitios mucho más íntimos, lúgubres, extraños, perotambién familiares. Así, las situaciones y los lugares, aunque de algún modo los sabemos cercanos, pueden asimilarse desde cualquier parte del mundo, donde quiera que un foco de luz amarilla esté a punto de fundirse, donde sea que ocurra el crimen, donde la condición humana toque el suelo.

Imagen: Instituto Municipal de Cultura y Educación de Torreón
Imagen: Instituto Municipal de Cultura y Educación de Torreón

DE LA CARNE Y OTRAS TRAGEDIAS

Entre lo primero que encontramos en Desgraciados y malagradecidos está una cifra maldita: seiscientos sesenta y seis. Más allá de las supersticiones, el número de inmediato nos avisa de qué va el cuento y, para acabar pronto, sobre cuáles son las situacionesque recoge el libro. El infierno que nos promete el autor comienza a materializarse en el primer cuento: “666 gramos de carne molida”, el cual, sin acaparar recursos sobrenaturales, sí que nos dispone en una atmósfera diabólica.

Diablo proviene del latín tardío diabŏlus, que significa “calumniador”, “acusador” o “el que divide”, y justo la discordia que esto genera se hace presente en el relato. Parece que uno de los apuros de la narración es revelar un espíritu nocivo que invade a los  personajes, y que los orilla casi siempre a tomar la decisión más lamentable. Si hay algo que comparten la mayoría de los protagonistas presentados en este cuentario es un sentido muy agudo de la maldad. Todos ellos malignos y despreciables; villanos hasta donde cada momento se extiende.

De aquí podemos apuntar que existe una decisión estética. El autor se decanta por señalar la insoportable fealdad del ser, por detenerse en la parte inhóspita de lo cotidiano. Sin recurrir a exageraciones, la obra nos conduce a esas instancias en las que la moralidad está siempre a prueba; la maldad resplandece en una casa pequeña, en un centro comercial, en un consultorio.

David opta también por el desafío, por crear un lenguaje elegante, sofisticado, en un entorno que no parece dar pausas para la belleza. Por supuesto, es clara la intención de incomodar al lector, pero en esa incomodidad también se asoma un placer extraordinario, síntoma del oficio y dedicación en una obra que representa dignamente la enorme tradición de la literatura urbana macabra. Cierto que no es el primer libro de su tipo, pero tal vez sí el primero contado por las manos de un carnicero.

Fermín, responsable del departamento de carnes en un supermercado, debe enfrentarse a una decisión incómoda. Al querer salvar su trabajo, pone a prueba la paciencia de sus compañeros y se acerca, peligrosamente, a puntos de no retorno, a un tipo de vacío al que sólo se puede llegar manchándose o manchándolo todo de sangre. Son este tipo de dilemas los que definen la tesitura del libro, los que dan ritmo e intensidad a una serie de relatos que se sienten como heridas antiguas.

El escritor lagunero David Ramírez Ortega. Imagen: El Siglo de Torreón
El escritor lagunero David Ramírez Ortega. Imagen: El Siglo de Torreón

DE BAJA HUMANIDAD

Por mencionar algunos cuentos destacados, tenemos “El comedor de Rosalinda”, el cual nos presenta a una heroína bizarra —quizá el concepto de heroína sea algo improvisado para las cualidades de este personaje— que se identifica como la mediadora o, acaso, la impartidora de justicia de una comunidad marginada en Gómez Palacio, Durango.

Como el título lo deja claro, ella tiene un comedor que despacha diariamente desayuno a las personas que no tienen para comer. Su figura evoca respeto entre la gente de la colonia, los beneficiarios y los que habitan alrededor. Además de su labor filantrópica, Rosalinda tiene como profesión estropear discursos políticos a punta de groserías, devastar las campañas de los candidatos e inyectar caos en los mítines.

Rosalinda se convierte en un personaje muy entrañable por varias razones; quizá uno de los más memorables en toda la obra. Su discurso es real y legítimo, feroz y contundente. Enfrenta a los políticos como lastres. Cumple el sueño de reducirlos y condenarlos mientras se mantiene solidaria con su gente. Su final —si es que vale la pena anunciarlo— es deprimente, sí, pero de algún modo se asoma la esperanza.

Los personajes que David Ramírez Ortega nos presenta provienen de una sensibilidad verdadera que provoca que todos ellos y ellas nos resulten reconocibles. Pero eso no es lo más deslumbrante de la obra, sino la capacidad de hacerlos autores de hazañas igual de reales, breves y cercanas. Sin necesidad de describir o plantear situaciones hiperbólicas, todo lo que se narra podría estar pasando ahora mismo. Alguien, en este instante, también padece lo que alguno de los protagonistas.

Otro cuento que vale la pena mencionar es “Luchador”, cuyo inicio es: “El ring desencaja adentro del taller mecánico. Pero no demasiado, porque tenía el mismo aspecto deplorable del resto del lugar”. Y este primer par de oraciones que acomoda el narrador resultan reveladoras para la naturaleza del relato, del personaje principal y del resto que se suman al libro: así, desencajados, pero llamativos en un mundo que los repele y los coloca en los extremos. Manuel, luchador —como se identifica—, libra batallastodos los días: completar el gasto de la semana, completar para la tarea de su hijo, lidiar con los clientes y delincuentes que se suben a su taxi y, por supuesto, la batalla que se libra en el cuadrilátero, entre mentadas de madre, chiflidos y bulla.

Rosalinda, quien dirige un comedor comunitario, es uno de los personajes más entrañables en el libro. Imagen: Unsplash/ Jeremías Ybañez
Rosalinda, quien dirige un comedor comunitario, es uno de los personajes más entrañables en el libro. Imagen: Unsplash/ Jeremías Ybañez

Esto es la vida real: atravesar la contienda a pesar de los gritos, el dolor y el escarnio. Una vida de perro sin tierra: abandonado y perdido ante los ojos de todos. Habitar la ciudad: un experimento fallido, la mutilación constante y el espasmo. La situacióndel mundo es grave y se pone peor, según se cuenta en Desgraciados y malagradecidos. No es un libro que alivie, eso está claro.

David Ramírez Ortega, con un lenguaje sobrio y agreste, no enciende ninguna alarma, pero sí nos relata algo sobre todas las que ya estaban encendidas. 

Instagram: @alfredoyen

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