(EFE)
Decenas de miles de puestos de trabajo destruidos, tanto en el sector privado como en el público, y un alto nivel de informalidad configuran el penoso panorama en el que Argentina debate una reforma laboral sin precedentes en el país suramericano.
De acuerdo al último dato oficial disponible, la tasa de desempleo en Argentina se ubicó en el tercer trimestre de 2025 en el 6.6 %, muy por debajo del récord de casi el 21 % tras el estallido de la descomunal crisis de 2001, pero esconde severos problemas en el mercado de trabajo, cada vez más precario.
Las estadísticas de diversos organismos oficiales revelan una continua pérdida de puestos de empleo asalariados (bajo contrato), tanto en el sector privado como en el público, y un crecimiento de trabajadores independientes e informales.
De acuerdo a cálculos del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, el empleo asalariado formal cayó casi un 3 % entre noviembre de 2023 -cuando faltaban días para el inicio del Gobierno del ultraliberal Javier Milei- y noviembre de 2025, lo que implicó la pérdida en ese lapso de 294,000 puestos de trabajo registrados bajo contrato.
Esa cifra implica que cada día se pierden aproximadamente 400 puestos de trabajo en Argentina.

"Luego de las fases de caída -desde septiembre de 2023 a agosto de 2024- y de estancamiento -con leves alzas y bajas hasta abril de 2025-, el empleo asalariado formal total registró caídas consecutivas durante siete meses, desde mayo a noviembre de 2025, que se fueron profundizando a lo largo del período", advirtió días atrás el IIEP en un informe.
Menos trabajo formal y cierre de empresas
Parte de estos puestos de empleo se perdieron en el sector público, como parte del severo plan de ajuste puesto en marcha por el Ejecutivo de Milei a finales de 2023 y que ha implicado un drástico recorte del Estado.
Según cálculos del IIEP, desde noviembre de 2023 unas 80,000 personas perdieron su trabajo en el sector público.
En el privado, la destrucción de empleos asalariados registrados fue mayor: 192,000 desde noviembre de 2023, de los cuales unos 63,000 corresponden a la industria.

Esta caída del empleo coincide con el cierre de empresas, ahogadas por la falta de crédito, la imposibilidad de competir con las importaciones abiertas por el Gobierno y una demanda deprimida por un consumo doméstico muy golpeado tras dos años de ajuste.
De acuerdo a un reciente informe de la fundación Fundar, desde noviembre de 2023 a noviembre de 2025 cerraron 21,938 empresas -un 4.3 % del total-, a razón de treinta por día.
Alta precariedad laboral
Mientras el trabajo formal merma, la precariedad va en aumento.
Según datos oficiales correspondientes al tercer trimestre de 2025, el nivel de informalidad laboral es del 43.3 % en Argentina, todavía por debajo de la mayoría de países latinoamericanos pero creciente en los últimos años.
Otros datos dan cuenta de un mercado laboral disfuncional: un 16.1 % de las personas con trabajo buscan otro mejor o pluriempleo y un 28.2 % está en situación de 'sobreocupación', es decir, trabaja más de 45 horas semanales en uno o más empleos, por salarios que no cubren sus necesidades y perdieron la carrera contra la elevada inflación que todavía padece Argentina.

Durante el debate parlamentario del proyecto de reforma laboral, que el presidente Milei espera sea aprobada este mes de febrero, el oficialismo ha insistido en que la ley reducirá los costes empresariales, lo que permitirá aumentar las contrataciones formales.
Parte de la oposición y los sindicatos no creen que sea así, consideran que esta ley acarreará una quita de derechos para los trabajadores.
Los empresarios están, en general, a favor de la reforma, pero advierten que para generar trabajo formal se necesita crecimiento económico mediante un impulso al crédito y la inversión y un mercado doméstico más vigoroso.