Un campo de estudio de las neurociencias es la neuroeconomía, que se refiere al cambio estructural de las neuronas y de todo el sistema nervioso ante las circunstancias internas como el placer y el bienestar por razones externas, caso de la situación económica individual o la calidad de vida de una sociedad en particular.
Este campo de estudio científico novedoso es muy tomado en cuenta por los políticos y sus asesores, siendo en la actualidad muy importante para definir estrategias de penetración de mercado electoral, con elección de propuestas varias que resulten seductoras para el elector, aunque inoperables al momento de su instrumentación. Tome como ejemplo la pasada administración de AMLO y sus paupérrimos resultados.
Tiene particular aplicación en las estrategias de mercado, básicas para introducir productos varios promoviendo su consumo, despertando apetitos preferenciales entre las personas.
Para ejemplificar, baste recordar algunos lemas que sirven para llamar la atención y provocar el deseo del consumo de diferentes productos.
El vicio del alcohol, tabaco o glotonería son casos ejemplares, siempre manipulando la sexología humana y, en política ocupan un espacio particular, aprovechándolos los candidatos para mentir.
En el mundo occidental hay dos tendencias fundamentales de gobierno: el neoliberalismo, que busca proteger la propiedad privada, pidiendo al ciudadano “sacrificio personal y familiar para ser recompensados más tarde”; la otra, “el bienestar social”, con programas que generalmente fracasan, agravando las condiciones de vida de los pobres.
En ambos casos el común denominador se llama dinero, al que pueden referirse con diferentes títulos, según sea la necesidad de vender productos o convencer con posturas políticas.
En ambas manipulaciones, también buscan seducirnos con otro bien, quizá el mayor después de la vida: la libertad.
Desgraciadamente, en occidente, la idea de libertad se relaciona con el poder de compra y la mercadotecnia; basa su éxito en el dinero generado con estrategias que pueden incluir el engaño.
No olvidemos que el sentimiento de libertad es altamente gratificante y sus efectos en la química cerebral son incrementados por logros de confort y aparente felicidad superficial.
Es una ecuación que nos aplican por imposición, curiosamente contraria al verdadero sentido de la libertad. Inculcan: “para poder ser hay que tener para poder comprar y usar la gratificación del poder para ser feliz” y de paso sentirnos dominantes.
Eso viene sucediendo desde hace 30 mil años, cuando se estableció el homo sapiens como superior en la escala animal.
Ahora podemos comprender como nos manipulan estimulándonos a secretar neuro humores para desear y consecuentemente actuar; lo peor: crearnos dependencia.
Le comparto un ejemplo con el alcohol, que genera sobre producción de dopamina, que despierta la sensación de bienestar y poder; con el tiempo, se transforma en necesario para producir tal mediador químico nervioso, dejando como consecuencia la dependencia: el alcoholismo.
Con esos antecedentes generales, también recordemos lo que nos hacen los politiqueros en los últimos tiempos.
Hasta Díaz Ordaz, vivimos una economía de proteccionismo; con el salinismo, nuestra economía se abrió al mundo en un proceso económico-político-social que llamaron neoliberalismo, sobreponiendo el cuidando del dinero, su inversión y el capital privado, en el supuesto de generar productividad nacional para luego “repartir”.
Con Zedillo, se prolongó la propuesta económica, luego con el mandato panista de Fox; continuamos con el calderonismo, después manipulando nuestras ilusiones con Peña Nieto y sus muy marcados errores.
Ahora volvemos al punto contrario del péndulo, con un pejismo que aparenta populismo y nos amenaza con el retorno del tlatuanismo.
Este diálogo trata de dar una somera explicación de la neurociencia aplicada en la mercadotecnia y que seguramente algunos economistas la considerarán muy superficial y generalizada, pero el propósito es recordar la fisiología neuronal, haciendo notar que, finalmente, estamos siendo violentados en nuestra libertad.
Llano Cifuentes, filósofo mexicano, enseñaba que: “libertad es hacer lo que uno quiere, siempre y cuando sea bueno para sí mismo y para los demás. Lo que sale de esa definición es libertinaje”.
En el 2018, votamos por el cambio, repudiamos la corrupción y el libertinaje en el ejercicio del poder, la pérdida de libertad social, el padecimiento de la violencia y la preocupante inseguridad. Nos doblaron la dosis.
El cómo los electos administren los bienes nacionales, marcará el futuro al corto, mediano y largo plazo de nuestra economía, salud social y la felicidad.
Exijamos un gobierno equilibrado, inteligente, honesto y con un rumbo definido por el conocimiento de ciencias y técnicas aplicadas a buscar el bien común. ¡Eso no es utopía! El propósito de servicio y justicia social ha sido repetidamente pronunciado por MORENA desde el poder y temo que queda aquello de: “del dicho al hecho… hay mucho trecho”, recordemos que los propósitos son únicamente eso, si no los aplican las personas honestas, con voluntad de servicio y férrea resistencia a las tentaciones.
¿Dónde estarán esos líderes?
ydarwich@ual.mx