Una de las armas más nefastas, utilizadas contra nosotros, es la amenaza a la seguridad propia; de seres queridos y nuestras posesiones. Es un sentimiento desencadenante de temor y aún más allá, de terror.
Toca el turno a la Inteligencia Artificial, que está revolucionando al mundo de maneras que tan solo unas décadas atrás no imaginábamos; generalmente es para bien, aunque también aparecieron los maliciosos buscando como usarla para ofendernos.
Indudablemente, la I.A., es una herramienta que está modificando al mundo y ya algunos conocedores del tema la han comparado, viendo los efectos de su presencia, con los acontecidos por la llegada de la era Industrial, considerando los cambios radicales de las formas de vivir, trabajar, hasta salud y esperanza de vida.
Particularmente pienso que va aún más allá.
Creo que se quedan cortos, cuando diariamente conocemos nuevas aplicaciones y recursos que se producen con la citada inteligencia artificial, ofreciendo programas diversos, todos productivos.
Relaciónela con su “socia”, la robótica.
Es claro que, a lo largo de la historia, el uso de la amenaza como herramienta y argumento para imprimir temor a los competidores y hasta llegar causarles pánico, ha sido útil para lograr el control económico, político/social y psicológico.
Recuerde los sitios plantados contra ciudades durante la edad media de la historia moderna, -desde 1453, con la caída de Constantinopla ante los otomanos-; también, la aplicación de violencia de los invasores bárbaros, militares o mercenarios contra civiles invadidos; hasta la de gobernantes abusivos - desde siempre-, quienes, una vez ocupando el poder, lo manipulan a sus conveniencias para controlar y buscar eternizarse. ¿Conoce casos mexicanos? Considere el daño psicológico por las desapariciones forzadas, extorciones y secuestros, que dejan huella permanente en afectados; la masificación de información/desinformación sobre destrucción por guerras. Siempre generan sentimientos desoladores, provocando temor.
También las maldades de personajes oscuros, sabedores de que el cerebro humano procesa los temores antes que intervengan la lógica o la razón para lograr sus propósitos aviesos. Por el instinto de supervivencia, aceptamos o entregamos las causas sin razonar.
No deje fuera el temor a Dios, aplicado por malos ministros religiosos.
Hoy día, circulan mensajes catastrofistas, advirtiendo que el fin del mundo será antes de que lleguemos al 2030, señalando a la I.A.
como la causante principal; ¡asústese!, dentro de menos de cuatro años.
Olvidan que el cambio ya inició con las primeras aplicaciones, ciertamente muchas de ellas violando el respeto a la vida, yendo más allá de la productividad: lograr dominar.
Desde luego que hay consecuencias, como la pérdida de empleos y consecuentemente inseguridad alimentaria, de salud y hasta social; agranda, aún más, la distancia entre países pobres y ricos, quienes dominan y los que pierden oportunidades de calidad de vida; utilizándola, creando incertidumbre al carecer del real conocimiento de la verdad; incrementa la discriminación; permite falsear información afectando a etnias y sistemas políticos.
Lo real y peligroso: los ciberataques, ya padecidos, que pueden destruir economías y/o desconectar “de la red” a países; sin olvidar fraudes, estafas y secuestros, utilizando La Internet.
El temor se ha reforzado con la información dada por un desempleado, luego ratificada por otro colaborador de “Anthropic”, quienes informaron sobre la competencia entre grandes desarrolladores de I.A., buscando crear nuevos productos que les permitan adelantarse y ganar dinero.
Ciertamente, ya existió la fuga de un algoritmo autónomo - “OpenAI”- que, durante su prueba, logró escapar alterando bases de datos y miles de algoritmos.
Los altos inversionistas ya han escuchado a los directivos de tales empresas, quienes ahora insisten en encontrar las maneras de alcanzar las ventajas con la I.A., pero dando el tiempo suficiente a que los propios expertos encuentren las formas de blindar la seguridad al aprovecharla.
La propia Casa Blanca, ya ha solicitado que haya reuniones que definan qué, pros y contras para tomar decisiones que luego se reglamentarán para asegurar su control.
China -la otra desarrolladora sobresaliente- se muestra reticente, asegurando la imposibilidad de que la humanidad sea afectada o destruida.
En diferentes “Diálogos” sobre el tema, he insistido en la importancia de no permitir que la ciencia y su tecnología corran sin que el razonamiento humano actúe -reflexión filosófica- determinando los reales escenarios causados con las decisiones tomadas por los humanos en I.A.
Hasta ahora, con lo que he leído, pareciera ser una amenaza poco fundada y que los humanos seamos exterminados por nuestra propia negligencia con la aplicación de descubrimientos e inventos. Algunos hablan de hasta un máximo del 10% de posibilidades reales.
Por lo pronto no existen momentos de decisiones y acciones con I.A. en las que el humano no participe dando “el clic” final de aceptación. Aunque también hay locos.
Sin embargo, para la seguridad mundial, no está por demás atender el llamado y asegurar el manejo adecuado del recurso.
¿Usted que piensa?
ydarwich@ual.mx