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Armamentismo y violencia 

YAMIL DARWICH
YAMIL DARWICH

Armamentismo y violencia 

La atención y la opinión pública de México, está atenta a los inaceptables anormales políticos que han generado preocupación y desconfianza. Casi a diario conocemos de actos de ilegalidad y/o abusos de autoridad, escuchando declaraciones patrioteras o excusadoras sin el suficiente argumento.

Entre “dimes y diretes” nos ocultan la verdad, mala intención de quienes los practican para disfrazar sus marrullerías. El pueblo escucha y aguanta, entre tanto la violencia aumenta y el armamentismo ilegal crece sin suficiente contención.

El villano favorito de nuestra presidente, para confundir realidades dolorosas, es Trump y sus desventuradas declaraciones agresivas. Hay razón para el enojo, aunque no todo es ocasionado por él, señalando su protección a los armeros, comercializadores de la violencia.

Carlos Pérez Ricard, profesor investigador del Centro de Investigación y docencia económica - CIDE-, escribió: “La Violencia Vino del Norte”.

Aporta datos que evidencian la participación de las armas producidas en EUA para facilitar el desarrollo y crecimiento de la violencia en México.

Narcotráfico, robos, secuestros y asesinatos, son señaladas resultantes del negocio de las armas y fortalecimiento de criminales.

Trump desatiende.

Señala cómo George W. Bush, favoreció a la industria armamentista de los Estados Unidos: primero, maliciosamente, dejó que expirara -en 2004- la “Prohibición Federal de Armas de Asalto” -AWBque, durante 10 años había restringido la producción y venta de rifles diseñados para combate; luego el 26 de noviembre del 2005, aprobó la “Ley de Protección del Comercio Lícito de Armas”, motivado por presión, luego complacencia de los fabricantes.

Las consecuencias no se dejaron esperar; la facilidad para poder comprar armas -sólo se requiere una identificación válida y tener más de 18 años- provocó que, en los estados fronterizos -Texas, Arizona y Nuevo México-, las armerías se multiplicaran.

Según el autor del citado texto, cada año cruzan entre 72,000 a 258,000 armas a México, siendo la media 135,000 -. ¡Una cada 15 minutos! Los criminales pueden adquirir armamentos de uso militar antes restringidos, usándolas para asolar territorios, ciudades... y matar.

Entre 1992 y 2007, -datos investigados por Pérez Ricard- se redujo a la mitad la tasa de homicidios, mencionado como causas participantes la expansión de la educación, disminución de los conflictos agrarios y la estabilidad institucional.

A partir de 2007, la violencia homicida comenzó a crecer. Recuerde que Felipe Calderón -PANera el presidente de México.

El libertinaje desatado por la simplificación legal para obtener permisos y vender/comprar armas en los EUA, coincide con el incremento de la violencia en México; en 2007, el INEGI registró 8,867 homicidios y en un solo año superaron los 14,000 -50%- y en 2009, 19,803 -41% más-. En dos años hubo un aumento del 123%.

El incremento no es solamente por la venta ilícita de armas, pero su participación refleja que el interés económico de los fabricantes norteamericanos -no del pueblo- se sobrepone a la moralidad del ciudadano norteamericano y del mundo.

Ahora, Trump cuenta con el apoyo de Latinoamérica para violentarnos más.

Para 2011, México tenía 19 de las 50 ciudades más violentas del mundo; entre 2005 y 2011, se contabilizaron 100,000 muertes -90% hombres jóvenes-; del 2007 al 2014, fueron asesinados 28 alcaldes, 64 burócratas municipales y 13 candidatos. La relación confirma la participación inmoral de los criminales en las elecciones políticas, alterando la estabilidad nacional y prestigio.

A finales de los 70, el gobierno federal, con Díaz Ordaz y ese mismo año con Echeverría, México lanzó la “Operación Cóndor”, utilizando fuerzas militares que viajaron al llamado triángulo dorado - Sinaloa Durango y Chihuahua- para enfrentar la violencia generada por el narcotráfico; luego, los siguientes presidentes mexicanos continuaron con políticas de confrontación contra la criminalidad, hasta llegar Felipe Calderón, quien amplió y generalizó las operaciones, incitando a los criminales a mayor violencia.

El problema de la violencia en México es multifactorial; participan elementos como la pobreza e ignorancia, la falta de la estricta aplicación de la ley por tibieza al ejercerla al temer el rechazo político de los gobernados y, desde luego, la corrupción, que se ha desbocado hasta niveles no imaginados, con la construcción de cadenas entrelazadas de corruptos politiqueros, algunos familiares, amigos o empresarios inmorales y otros ciudadanos que azotan al país robando sus riquezas.

Los mexicanos estamos pagando un precio que nunca pactamos; es evidente la participación de intereses extranjeros, pero también el apetito voraz de los inmorales, que cada día se muestran más “hambrientos” de poseer y dominar.

Aún cuando controláramos el problema, -sería utópico aspirar a acabarlo- tardaríamos hasta decenas de años de trabajo intenso, bien orientado y honesto, para retomar el buen rumbo.

La experiencia vivida señala nuestra irresponsabilidad ciudadana, que debemos corregir trabajando en nuestro cambio de actitud, transformándola en propositiva, proactiva y productiva.

¿Qué piensa: empezamos o seguimos esperando a que la solución nos caiga del cielo?

ydarwich@ual.mx

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