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Reburujar

YAMIL DARWICH

La palabra ha dejado de ser utilizada por las nuevas generaciones de mexicanos -también se utiliza en la República Dominicana-, aunque su significado describe acciones a las que nos están acostumbrando.

El diccionario la define como: enredar, revolver, desordenar o confundir cosas, derivando de “burujo” -bulto o masa apretada-. También permite el uso de reborujo, pero lo aceptado por la Academia es el uso de la “u”.

Es un recurso ilegal, poco ético, hasta inmoral, que llegamos a utilizar en muchas de nuestras acciones que son fallidas y que pueden generar consecuencias negativas; consiste en una treta que muchos aprovechamos en el día con día, con la sociedad, trabajo o familia, durante trámites burocráticos y por politiqueros, esos que han desplazado a verdaderos políticos.

En el pasado, traté con un rector y político universitario del estado de Coahuila, que me daba una cátedra del reburujo y decía: -Yamil, si ves que no se puede resolver el problema: ¡reburújalo todo! Esa regla, escuchada del priista, ha sido heredada por los gobernantes actuales; el reburujo es la forma más fácil de eludir responsabilidades y requiere del reburujador para alcanzar resultados importantes: Primero: entender el problema y buscar causas y responsables -no necesariamente soluciones-; luego, reescribir la historia en cuestión para adaptarla a la conveniencia y, de estar involucrado un “influyente” o representar fuerte daño a la imagen de la autoridad: encontrar a un culpable que cargue con la responsabilidad y ofrendarlo públicamente.

Es frecuente que se señalen a los llamados “chivos expiatorios” y también es repetido tomar al más débil e indefenso. Costumbres abusivas.

Muy importante: encontrar “frases matonas” que logren despertar en el receptor -nosotros- del mensaje sentimientos negativos y transformen lo malo en bueno.

Buenos ejemplos: “fueron los neoliberales”, “se trata de dañar al sistema o la nación”; “son los enemigos que quiere seguir disfrutando de privilegios” y recientemente, abreviando al general Augusto Sandino: “La soberanía no se discute, se defiende con las armas en la mano”.

Usted puede recordar muchos más de los politiqueros corruptos del pasado: “defenderé el peso como perro”, López Portillo; “no nos detendrán”, De la Madrid; “ni los veo, ni los oigo”, Salinas; “Me los llevo de calle a todos, incluido Juárez”, Fox; “haiga sido como haiga sido” Calderón; “No soy la señora de la casa”, Peña Nieto. ¿Usted recuerda otros? Desde luego que se requieren mal intencionados que acepten emitir juicios culposos contra los inocentes acusados; encontrar justificaciones técnicas que liberen la culpa de las autoridades y desarrollar una narrativa que pueda ser aceptada por el ciudadano común y corriente.

Cuentan con varias herramientas, que pueden ir desde: evidencias físicas preparadas exprofeso; testigos, aunque deban mentir por inasistencia o ignorancia y, desde luego, declaraciones políticas, con hipocresías que van desde el enojo hasta la pesadumbre. Se justificarán declarando promesas vanas: “¡no quedarán impunes!”.

Apartado especial son los distractores públicos: artistillas y cancioneros, con sus chismes y tonadas musicales idiotizantes; escandalosos que reciben publicidad por sus estupideces y, desde luego, los empresarios deportivos y sus deportistas, a quienes tratan como peones.

Entre nosotros, una herramienta insustituible es el fútbol, aunque algunos, como los directivos del Santos Laguna traicionen a socios y aficionados, olvidando convenientemente lo que pronunció Alejandro Martí: “si no pueden renuncien”.

No deje fuera la construcción burocrática, adecuada para transformar el evento: siempre se declarará la “apertura de una carpeta de investigación” que guarde todo el reburujo, realidad que construyen con enfático maquiavelismo: “iremos hasta las últimas consecuencias”.

Es muy importante encontrar las formas de minimizar el suceso negativo: tratando de impedir la divulgación de los hechos y, ante todo, las evidencias -fotográficas, de videos o materiales- que puedan contradecir la versión oficial; asegurar que los comunicadores carezcan de información suficiente y que los articulistas y/o editorialistas queden en confusión -algunos casos con uso de chantaje o cochupos anti libertarios-.

Siempre hay un principio que debe manejarse eficientemente -me lo decía el citado politiquero-: “la gente siempre olvida”, así que dejar pasar el tiempo es muy importante para borrar el error cometido. Le dicen: “enfriar el asunto”.

Cuando pasamos por el tamiz del análisis a lo acontecido en el mundo, particularmente en nuestro país, podemos entender los porqués de la realidad y formarnos un criterio para tomar decisiones convenientes a nuestros intereses lícitos.

El dúo fundamental del reburujo requiere al reburujado y que éste acepte el mensaje por ignorancia de muchos, negligencia de otros y conveniencia de algunos.

Caso particular es la negligencia de quienes pueden combatir a los reburujadores, pero no quieren arriesgar su posición social o material y/o por temor o comodidad.

Lo invito a repensar nuestra realidad nacional y hacer lo necesario para motivar a los omisos a aceptar su responsabilidad ciudadana, cada uno desde sus posiciones y posibilidades.

¿Conoce algún reburujador? ydarwich@ual.mx

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