Adriana y Leo.
El pádel se ha vuelto el pretexto perfecto para reunirse. Cada tarde, amigas llegan con raqueta en mano para jugar unos sets, aunque lo que más disfrutan son las conversaciones que se alargan entre punto y punto. El marcador es lo de menos. Importan las risas tras una jugada fallida, el brindis al terminar y el gusto de compartir el tiempo con quienes aprecian.
Así, entre pelotas y buena plática, estas tardes se han convertido en una cita que todos esperan.


