Imagen: Cortesía Daniel Guardado
El Orgullo LGBTIQ+ tiene un soundtrack lleno de himnos bailables, en su mayoría interpretados por divas del pop. Gracias a estos temas, los integrantes del colectivo han tomado las fuerzas necesarias para salir y exigir sus derechos, bailar frente al espejo y apoderarse de la pista.
Desde el clásico Somewhere Over the Rainbow, de Judy Garland, las mujeres dedicadas a la música y la actuación se han convertido en símbolos de alianza y liberación para los integrantes del colectivo LGBTIQ+. Garland no fue solamente una “reina gay”, sino que su música se convirtió en un código para poder vivir la sexualidad en una época en la que el clóset era prácti camente la única opción. Y es que gracias a la película El Mago de Oz, de donde proviene esta canción, surgió la clave “amigos de Dorothy”, utilizada por hombres homosexuales en la década de 1940.
Judy se convirtió en una de las primeras divas en tener una conexión con la comunidad, puesto que desde pequeña estuvo rodeada de esta diversidad: su propio padre, Frank Gumm, era homosexual, aunque a lo largo de su vida mantuvo su orientación en secreto.
Más adelante, en los setenta, surgió una leyenda: Cher, quien iba siempre contra corriente. En los años ochenta, cuando ya se había convertido en un referente de la cultura pop, fue una de las primeras en alzar la voz en la lucha contra el VIH/ SIDA, además de apoyar visiblemente a la comunidad trans, especialmente a su hijo Chaz Bono, consolidándose así como una aliada de la comunidad LGBTIQ+.
Cher es una de las estrellas más imitadas por drag queens. Las artistas queer que rinden tributo a la cantante dedican su talento escénico para recrear los vestuarios, movimientos y bailes de la diva, quien siempre ha demostrado estar incondicionalmente para sus fans de la comunidad. Sus himnos Believe y Strong Enough son temas que nunca pueden faltar en los centros nocturnos.
Madonna es otra pieza clave de la relación entre la industria musical y el público LGBTIQ+. La reina del pop cimentó los pasos que deben seguir las divas para llegar a ser íconos queer: dar visibilidad a través de sus canciones y videos musicales, alzar la voz y estar presente.
Imposible escoger himnos LGBTIQ+ de Madonna, prácticamente toda su discografía está llena de ellos desde su álbum Vogue (1990), el cual toma su nombre de la subcultura ballroom neoyorquina, creada por la comunidad negra y latina queer, y que convirtió el baile voguing en un fenómeno global de autoexpresión. De staca también el tema de liberación femenina Express Yourself (1989) o el polémico Erótica (1992), el cual aborda la sexualidad abiertamente. Otros hits de Ma donna amados por la comunidad son Hung Up (2005), I Rise (2019) y Living for Love (2015).
A lo largo de la historia han surgido más divas del pop que han demostrado su apoyo a la diversidad sexual. En los años 2000, Christina Aguilera mostró un beso entre una pareja del mismo sexo en el videoclip de Beautiful, lo que provocó disgusto entre los conserva dores estadounidenses. Aun así, el sencillo fue un éxito a nivel mundial y consolidó a “Xtina” como una aliada. Más adelante, Not Myself Tonight (2010), Let There Be Love (2012) o Change (2016) también se colocaron en los playlists del Orgullo.
La princesa del pop Britney Spears siguió los pasos de la reina Madonna, y ha alzado la voz por la comuni dad LGBTIQ+ en varias ocasiones, por lo que recibió el premio Ally for Equality Award de la organización GLAAD en 2018 para honrar su labor como aliada.
Sus temas forman parte de la celebración por el Orgullo. Canciones como Stronger (2000) hablan del empoderamiento y resuenan profundamente entre los fanáticos queer por su mensaje sobre superar la adversidad y encontrar la fuerza en uno mismo. Toxic es un éxito de culto absoluto en todas las listas de reproducción del Orgullo alrededor del mundo.
Otra diva que ha dedicado su vida a la lucha por los derechos de la comunidad es Lady Gaga, quien gracias a su abierta identificación como mujer bisexual y sus odas a la autoaceptación se ha convertido en un refer ente de autenticidad desde los inicios de su carrera. Born This Way (2011) es un himno universal de orgullo y resistencia.
México no se queda atrás con figuras como Gloria Trevi, quien debido a su postura rebelde y su empatía con quienes son rechazados por la sociedad, ha usado su música para definirse como una aliada. Todos me miran (2006) suena en todo el mundo hispanohablante como un símbolo de empoderamiento.
También son aliadas figuras como Belinda, quien dedicó su canción Amor transgénico (2010) a sus fans LGBTIQ+, o Danna Paola, quien ha demostrado su amor por la comunidad con temas como Sodio (2020), TQ Y YA (2021) y Platonik (2024); en esta última habla sobre su atracción hacia una mujer.
La lista de celebridades femeninas que se han convertido en íconos queer es demasiado extensa. Podríamos mencionar a cientos de artistas como Kylie Mi nogue, Paulina Rubio, Kenia Os, Katy Perry, Beyoncé, Thalía, Demi Lovato, Hilary Duff, Miley Cyrus, Fey, Monica Naranjo, entre muchas otras.

¿CÓMO SE TRANSFORMAN EN ÍCONOS QUEER?
La relación entre la comunidad LGBTIQ+ y las divas del pop es clara, sin embargo, son los hombres homo sexuales quienes suelen tener a su propia diva, algo que ha desatado una oleada de memes porque, si les gustan los hombres, ¿por qué les obsesiona tanto una mujer? A las mujeres de la industria musical se les suele exigir más que a sus contrapartes masculinas. A pesar de ser grandes estrellas que llenan la cuenta bancaria de los empresarios, muchas veces son víctimas de acti tudes o actos misóginos. Esto, lejos de ser algo que las haga caer, las impulsa a rebelarse a través de su música, explotando su feminidad, su sexualidad, como ellas lo desean y no como otros lo esperan.
Se han hecho tesis al respecto y aunque no existe una respuesta definitiva, la mayoría de los análisis coin ciden en que las divas frecuentemente encaran luchas personales, altibajos y discriminación ante millones de personas que pareciera que esperan su próxima caída. Su capacidad para reinventarse e imponerse refleja el camino de autoaceptación que vive el colectivo LGB TIQ+, lo cual genera una conexión inmediata.
Además, el pop desborda glamur, vestuarios extra vagantes y coreografías. Todo esto ofrece un vehículo para celebrar la identidad, lo camp y el orgullo.
Aunque no todos se sienten inclinados por este tipo de música, no se puede negar que es casi como si la comunidad LGBTIQ+ naciera con un imán interno que busca esa representación femenina, talentosa y poderosamente impactante; figuras llenas de tenacidad, valentía y que inspiran admiración.

HISTORIAS REALES
Hablamos con tres miembros de la comunidad LGBTIQ+, quienes además de ser fanáticos de dos de las más grandes divas del pop, Katy Perry y Alejandra Guzmán, tuvieron la oportunidad de conocerlas en persona.
Daniel Guardado, fan de Katy Perry oriundo de Monterrey, Nuevo León, siguió a la cantante desde la adolescencia: “La conocí con I Kissed a Girl por que sonaba en la radio y la canción me gustó mucho. Yo recuerdo que tenía un celular y sólo le cabía una canción, y tenía esa”.
Aunque en aquella época Daniel no tenía internet, aprovechaba cuando acudía al café internet para escuchar música y ver videoclips. En ese momento las artis tas que dominaban la industria eran Katy Perry y Lady Gaga, por lo que se convirtió en fan de ambas. La era de Teenage Dream fue la que conquistó su corazón y por la que terminó por hacerse admirador de la primera.
“Katy Perry me encantó desde California Gurls. Ese mundo que vi de caramelos, ella con la peluca morada, el vestido de dulces, es lo que me centró mucho en ella, es lo que me hizo que me enamorara de ella. Luego vi la portada de su álbum Teenage Dream y dije ¡wow! Se me hizo muy libre, casi des nuda en un algodón de azúcar”.
Señala que Lady Gaga y Katy Perry se convirtieron en su “luz y oscuridad”: “Katy Perry me ayudó mucho con sus letras a superarme en la vida, a no sentirme menos, a tener autoestima, y Lady Gaga me ayudó a ser quien soy. Ambas me ayudaron a tener fuerza, a salir del clóset a mis 15 años. Fue algo difícil, pero la música de las dos, sobre todo de Katy Perry, me ha ayudado mucho a superar problemas mentales que tenía, encontrar la luz, ser resiliente”.
Cuenta que cuando Katy lanzó Witness (2017), muchos fans comenzaron a rechazarla, ya que fue un álbum polémico por involucrar temas políticos. Sin embargo, a él le gustó mucho la estética y lo considera un proyecto adelantado a su época.
“Entonces llega el tour de Witness a Monterrey. Yo ya trabajaba y ya podía comprar mi boleto y le dije a mis papás: ‘Saben qué, yo me compro el boleto’”. Daniel acudió al concierto con uno de los vestuarios de la artista, el de robot dorado, y tuvo la suerte de ser elegido para subir al escenario: “Me dijo: ‘Tú, el de dorado, ¿quieres subir?’. Se me fueron los pies de ahí, o sea, se me borró todo y yo estaba emocionado. Sentí ga nas de llorar, pero también de reír, nervios. Y ya cuando estás arriba se te olvida todo, yo estaba muy embobado con ella viéndola. Sentí una conexión muy fuerte”.
En 2020, Katy Perry lanzó Smile, que ayudó a Daniel a lidiar con la pandemia de covid-19 y sobrellevar una depresión que padecía en ese momento. Este álbum sirvió de inspiración para el look que el regio montano llevó al concierto que se realizó en 2025 como parte de la gira Lifetimes.
Tras una larga espera de siete años para que Katy volviera a México, la suerte de Daniel se repitió, pues antes de interpretar el tema The One That Got Away, la artista eligió a uno de sus fans para cantar con ella y, de nuevo, le tocó subir al escenario, aunque esta vez fue especial y diferente.
“Fue super bonito, casi lloraba. Cuando me dio de comer algodón de azúcar de su bota quería llorar de felicidad, y sentí que se sintió muy cómoda también. Fue muy especial para mí. Ella es muy linda con todos sus fans, los trata a todos muy bien, sabe quiénes son. Sien to que ella tiene un corazón muy noble con sus fans”.
Bryan Cuevas, de Torreón, Coahuila, también es fan de Katy Perry y ha tenido la suerte de estar junto a la cantante en varias ocasiones. El acercamiento a su música inició a partir del año 2008, cuando tenía 15 años de edad, luego de que su prima le regalara el álbum One of the Boys.
En 2011 tuvo la oportunidad de ir a Guadalajara a uno de los conciertos de su gira California Dreams Tour, en donde subió al escenario. Bryan señala que, además, conoció a parte del equipo de la artista, quie nes ya lo identificaban como un gran admirador. Esto lo llevó a aparecer unos segundos en el documental Katy Perry: Part of Me (2012).
“Considero que ella tiene un muy buen equipo de management que le ayuda en esta parte. Ubica al cien por ciento a algunos de sus fans alrededor del mundo, que son referencia cada que ella visita un país, y consi dero que yo soy uno de ellos en México”. Incluso cuenta que los bailarines de la cantante le han regalado entradas para verla en concierto y ase gura que Katy nunca ha cobrado las convivencias con sus seguidores, con excepción de las que ocurrieron durante su residencia en Las Vegas. En 2018, uno de los organizadores de los meet & greets de la gira de Witness le contó que Katy tenía muy presente su nombre y su historia con la artista.
“Me pude tomar fotos con ella y durante el concierto se acercó conmigo y mis compañeros de ese viaje a cantarnos una canción. Fuimos a todos sus conciertos de México, en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. Al finalizar el tour en México ella se despidió de nosotros muy personalmente”.
Para Bryan, haber acudido a la residencia en Las Vegas fue una de las mejores experiencias: “Me tocó estar a un lado de Kim Kardashian, Paris Hilton y Sia”.
En 2025, Katy realizó una visita breve a México para promocionar su próxima serie de conciertos en el país. Ahí aprovechó para hacer una convivencia con sólo 25 fans y Bryan fue uno de ellos. El torreonense asegura, además, que luego fue seleccionado para trabajar en el staff de la artista, pues ella suele elegir a algunos de sus fans para que sean parte de sus equipos de trabajo.
“Creo que a pesar de ser una artista súper conocida, te hace sentir que es una persona (...) Es muy extraña esa parte, porque es como… siempre la he conocido y visto, pero como un familiar que no ves en mucho tiempo. Ella y todo su equipo son muy buenas personas”.
Kenya Court, por otro lado, es una transformista lagunera, quien es gran fan de Alejandra Guzmán: “Cada que nace un gay se le otorga una reina. En este caso yo no sé cómo explicar lo que siento por esta mujer, pero fue una de las que más tardé en imitar su voz, de las que más batallaba. Yo siempre dije que mi personaje de la suerte era Alejandra Guzmán, que siempre que me presentaba en un lugar haciendo a Alejandra tenía lleno, tenía respuesta de la gente”.
“Algo muy raro, siempre que he pasado por situacio nes buenas, malas, tristes, peores, Alejandra saca can ciones justo en ese momento que lo necesito y es como si ella viviera la misma vida que yo”, señala.
“Su energía, su carisma, su persona es increíble. Verla en el escenario es una explosión de todo, una ar tista completa. Es impresionante cómo llena el escena rio ella sola; trato de imitarla lo mejor posible”.
La lagunera tuvo la oportunidad de conocer a Alejandra cuando fue a verla en vivo en Monterrey. Incluso la artista le regaló una guitarra autografiada, algo que Kenya recuerda como una de las mejores experiencias que ha vivido.
Así como estos ejemplos existen miles de historias de divas del pop que han llegado a cambiar la vida de muchos integrantes de la comunidad LGBTIQ+, cuya admiración trasciende el mero gusto musical para convertirse en un vínculo profundo de supervivencia, identidad y empoderamiento.
Instagram: @enriquealejandrotinajero