El Siglo de Torreón / Ramón Sotomayor
Hay un sonido que forma parte de estos doce años: el de los candados al abrir la librería, seguido del ruido de la puerta que deja entrar la luz de la calle. Después vienen los libros, las cajas, la cafetera, alguna llamada, alguien que pregunta por un título.
También están esos minutos antes de que empiece un círculo de lectura. Alguien llega temprano y espera. Otra persona entra, saluda, pregunta si ya llegaron las demás. Se acomodan las sillas. Cuando empezamos, hablamos del libro, pero pronto aparecen otras cosas: comentarios que provocan risas, recuerdos, confidencias. A veces la conversación continúa cuando ya deberíamos haber terminado.
Está también ese momento después de recomendar un libro que me gustó. Alguien pregunta por qué, qué encontré ahí, si creo que le va a gustar. Hablamos de una historia, de una frase, de un personaje. Días después, quizá esa persona regresa para contarme qué le pareció. Esas conversaciones forman parte de lo que para mí significa tener una librería.
Hace poco, un amigo que estudió El Astillero para su tesis de posgrado encontró una expresión que me gusta para nombrar estos doce años: una librería fluida. Me gusta porque reconoce algo que desde dentro a veces cuesta ver. El Astillero ha cambiado de forma muchas veces: ha ocupado distintos locales, ha sido librería y café, ha funcionado como página web, ha cerrado una puerta para abrir otra en un lugar diferente. Han cambiado los libros, las mesas, los horarios, las personas y las circunstancias.
Ahora estamos en nuestra cuarta sede, en avenida Hidalgo 946 Oriente, en el Centro de Torreón. Otra vez hay una puerta que abrir, candados que quitar, libros que acomodar y personas por recibir.
Quizá eso sea lo que quiero celebrar en este duodécimo aniversario: no haber permanecido iguales, sino haber encontrado distintas maneras de permanecer. Y quiero que lo que venga conserve esa capacidad de transformarse.
Deseo que El Astillero siga lleno de gente que lee, conversa, discute, ríe, hace planes, recomienda libros y se encuentra con otros. Que alrededor de los libros sigan apareciendo talleres, círculos de lectura, proyectos, amistades y conversaciones que no sabíamos que íbamos a tener.
Gracias a quienes han pasado por alguna de nuestras sedes, a quienes han comprado un libro, participado en una actividad, trabajado con nosotros o simplemente han abierto esa puerta.