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Dormir mi alimento

Entender la fisiología del sueño es complejo, pero lo cierto es que dormir mal puede ocasionar una cantidad importante de trastornos de toda índole.

Dormir mi alimento

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MARCELA PÁMANES
MARCELA PÁMANES

El sueño es alimento, solía decir mi madre. Las distintas etapas de la vida tienen relación con el comportamiento del sueño: los recién nacidos duermen entre 14 y 17 horas diarias; los bebés de tres a seis meses, entre 12 y 16 horas; los niños de seis a 12 años deben dormir, idealmente, de nueve a 12 horas incluyendo la siesta. Los adolescentes deberían dormir entre ocho y 12 horas para garantizar su buen desarrollo físico y emocional. Lo ideal es que los adultos jóvenes pudieran dormir entre siete y nueve horas, de acuerdo con sus propias necesidades. Los requerimientos de sueño son más o menos los mismos hasta los 60 años, donde el mínimo indispensable es de seis horas continuas y dos períodos de siestas cortas.

Los datos coinciden en casi todas las publicaciones de institutos médicos y organismos que velan por la salud. Se han podido demostrar, con base en investigaciones, los riesgos que hay al no dormir bien. De acuerdo con la edad, los efectos se asocian con un menor rendimiento físico, estancamiento del desarrollo cognitivo, propensión a ciertas enfermedades, deterioro de la salud emocional y, en consecuencia, una mala calidad de vida.

No se trata solo de estar dormido, sino de alcanzar lo que llaman sueño REM, porque el sueño también es un proceso que tiene sus etapas. Primero es el sueño ligero, donde se alcanza la relajación y el cerebro empieza a disminuir su actividad; pero como es superficial, es posible regresar a la vigilia muy fácilmente. La segunda etapa es la intermedia, donde los estímulos externos se filtran. La tercera es el sueño profundo, que se encarga de reparar, regenerar y fortalecer; alcanzar esta fase es clave para despertar revitalizado y dispuesto a vivir un día más.

Luego viene la clasificación de las fases No REM y REM; en esta última ocurren los sueños y equivale al 20 por ciento del total del sueño. Los estudios electroencefalográficos señalan que llegar a esta etapa es muy importante para el desarrollo cerebral y la generación de nuevos recuerdos.

Entender la fisiología del sueño es complejo, pero lo cierto es que dormir mal puede ocasionar una cantidad importante de trastornos de toda índole y, a medida que se pone énfasis en ellos, se llega a otras conclusiones, por ejemplo, el principio de la belleza es el sueño. Mantiene la regulación hormonal, favorece la circulación sanguínea, aumenta la producción de colágeno y, con ello, se logra lozanía y elasticidad en la piel.

Todo esto que te comparto partió de la seria preocupación que empecé a experimentar al darme cuenta de lo poco que dormía. Pude constatar que solo nos ocupamos de lo que nos afecta, así que, igual que muchas personas, comencé a preguntar qué podía hacer para tener un sueño más prolongado y más reparador. No te quiero decir la cantidad de opciones que me dieron, desde el té del osito hasta las famosas pastillas para dormir, pasando por el magnesio, la melatonina, los analgésicos para el dolor, los relajantes musculares y los inductores del sueño.

Por supuesto que junto a ello llegaron las recomendaciones sobre la consabida higiene del sueño: recámara ventilada, ropa de cama fresca, huir de las pantallas mínimo una hora antes de acostarse, respirar, ambientar con spray de lavanda… En fin, llega un momento en la vida en que ya no es suficiente que te pongas la pijama y te dispongas a dormir.

Empiezas a temer por tu vida cuando haces todo lo necesario y ni así llega el sueño. Sientes que el cortisol inunda tu cuerpo, que el corazón no se repara, empiezas a angustiarte por los olvidos y a creer que enfermedades como la diabetes te acechan.

¡Qué ansiedad! Entiendo que los pensamientos catastróficos también son consecuencia de esta situación que ahora veo con más claridad: me he preocupado por cosas que no son mías y están por completo fuera de mi competencia.

En algún momento me sentí orgullosa de dormir poco y de rendir de todos modos, pero hoy ya no creo eso y estoy segura de que este será el punto de partida para que el sueño vuelva a ser mi alimento.

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Escrito en: psicología insomnio estado REM Dorimir

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