Ha corrido mucha tinta a partir de que salieron a la luz los problemas que enfrenta la UNAM por la aplicación del examen de ingreso a la licenciatura de manera virtual. Está en proceso lo que se denomina examen de control para que el grupo de estudiantes que alcanzó cierto número de respuestas correctas vuelva a hacer el examen, ahora de manera presencial, para evitar que las diferentes ayudas externas que burlaron al sistema no se repitan y logren el ingreso sólo aquellos estudiantes que realmente estén calificados para sumarse a las filas universitarias.
La solución, desde mi punto de vista, fue la mejor.
Sin embargo, queda como gran preocupación el grupo de estudiantes, los menos, que actuaron tramposamente. Esto se vio reflejado en la Universidad, pero, desafortunadamente, las trampas son algo común en nuestra sociedad y, en general, no se ven acciones concretas para cambiar estas actitudes persistentes.
El sustantivo gandalla o agandalle y el verbo agandallar son, desafortunadamente, acuñaciones mexicanas. Gandalla es la persona que se aprovecha, que es abusiva, ventajosa, que hace trampa, que se quiere pasar de listo. Sinónimo de abusivo, aprovechado, ventajoso.
La sociedad mexicana y las instituciones han permitido el agandalle en la medida en que ser gandalla no tiene consecuencias, o en algunos espacios el gandalla es bien visto e incluso emulado. ¡Qué bueno que en la UNAM está habiendo consecuencias! Las niñas y niños han crecido viendo natural el agandalle. Hay permisividad desde la casa y ausencia de consecuencias ante comportamientos gandallas. Los valores de respeto, consideración, solidaridad, ponerse en el lugar del otro, se han ido diluyendo.
Hace ya muchos años, cuando Televisa tenía aún enorme capacidad de influencia, le dio espacio a Héctor Suárez para que en el programa “¿Qué nos pasa?” viéramos reflejado al gandalla, al abusivo, al ‘pasado de lanza’. Alguna conciencia se ha de haber movido a partir de personajes que se volvieron entrañables en medio de la sátira.
Un impulso institucional que recuerdo fue el que inició Marcelo Ebrard como jefe de gobierno del entonces DF para reforzar acciones de cultura cívica con la asesoría del exalcalde de Medellín, Antanas Mockus. Colombia estaba haciendo importantes esfuerzos de cambio cultural que dieron resultados. Lo mismo que varios países de Asia que lograron transformar comportamientos sociales de negativos a positivos de manera generalizada. En México nos preguntamos ¿y si sí? ¿Y si lográramos combatir el agandalle? ¿Y si no viéramos los hechos que sucedieron en la UNAM como aislados sino como un reflejo de un mal mayor? Ojalá este fuera un punto de quiebre para la reflexión y para la acción. En cada familia, en cada pequeño núcleo social y desde el Estado mismo, se tienen que ver las consecuencias de mantener sin sanción hechos graves, de justificar lo injustificable y hasta de alentar el agandalle. Esto aplica a pequeñas acciones aparentemente intrascendentes, pero también a asuntos de interés nacional que quedan cubiertos sistemáticamente por el oscuro manto de la impunidad.
Las y los jóvenes que hicieron bien las cosas en el pasado examen deben saber que ese es el camino y no el del agandalle y que actuar bien tiene consecuencias positivas inmediatas o a la larga. Se trata de evitar a toda costa que el agandalle triunfe. Como sociedad es una acción de sobrevivencia.
@leticia_bonifaz