El alacrán de Durango
Una tarde, de pronto, ves una figura que se desplaza por uno de los cuartos de la casa. No es una araña, no es una cucaracha. Hay algo raro en sus manos, que parecen pinzas, más o menos como los de las langostas. Y hay algo más: su cola. Es larga, con un aguijón que, bien visto, parece peligroso.
Se trata de un alacrán, uno de los seres vivos insignias de Durango. Si bien hay alrededor de 2 mil especies diferentes de alacranes, al que nos referimos es conocido como Centruroides suffusus, y se distingue por su espalda negra, a pesar de que el resto de su cuerpo sea de otro color.

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La geometría en la naturalezaSi bien son fascinantes, y regularmente tranquilos, es necesario entender que no se debe jugar con ellos. Su picadura, aparte de dolorosa, lleva a requerir atención médica, sobre todo si la persona que fue atacada es muy pequeña. Esto se debe a que es capaz de inyectar veneno.
Alrededor de los alacranes hay leyendas. La más famosa es, seguramente, la conocida como “La cárcel de Durango”, en la que un reo entra a una celda supuestamente embrujada. En ella, logra atrapar con su sombrero a un alacrán de más de 30 centímetros.

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Habrá una semana llena de actividades en estos recintosPero en Durango, el alacrán es también parte de su cultura. Por eso, no es raro encontrarlo en playeras, dibujado en muchos lugares, pero también especímenes conservados en llaveros o incluso que se coma, ya sea en tacos o incluso en dulces, como en unas llamativas paletas de colores que tienen en el centro uno de estos arácnidos.