El aprendizaje del 8M
El pasado 6 de marzo se llevó a cabo un foro impulsado por la periodista Norma, quien a propósito del Día Internacional de la Mujer me animó a juntar a un grupo de políticas exitosas para que hablaran, cada una desde su trinchera, sobre el presente y el futuro de la mujer: La mujer en tiempos modernos.
Norma ya tenía sus propuestas y una servidora hizo lo suyo: “Vamos a invitar a políticas de distintos partidos, pero que no hablen de política, sino de su día a día; puede ser Vero Martínez y Pily de Aguinaga”, comenté. “La licenciada Alicia Faz, la primera directora de Tránsito y Vialidad en Torreón, y Martha Rodríguez, del Centro de Justicia Municipal”, señaló Norma. Por supuesto, ya tenía otra en mente, una mujer a quien admiro: Éricka Sotomayor. Al hablar con Pily, ella me propuso a Flora Leal, que ha sido una luchadora “de las de a de veras”, comentó Pily. En fin, surgieron otros nombres. El tema estaba sobre la mesa. Ed Molina, coordinador de Siglo TV, hizo su magia ante los arrebatos de una servidora, lo cual agradezco.
Pero, en esta ocasión, participé en esta pequeña char la con mujeres que me hicieron reflexionar sobre esta gran red de apoyo con la que cuento. Todas son mujeres exitosas, todas en diferentes momentos de sus carreras profesionales y todas trabajan por darle la mano a otras mujeres y, al mismo tiempo, se ocupan en crecer y prepararse.
Me quedo con un aprendizaje de cada una de ellas. Hoy hay que deconstruirnos como mujeres y combatir esos micromachismos que existen en nuestra cotidianidad. Y no se trata de empoderarse en lo individual, sino que hay que hacer crecer a otras mujeres. Como activistas no somos enemigas del Estado; el gobierno debe ser nuestro aliado para impulsar nuevas políticas públicas. También le pedí apoyo Lupita, una de las periodistas que siempre me da la mano cuando algo se atora, para in vitar a una verdadera activista: Ariadne Lamont. La idea era entrevistarla aparte, ya que hay personas que merecen que los demás sólo callen y escuchen, y Ariadne es una de ellas. Por los tiempos, se integró con todas al foro.
Debo confesar que ese día y unos días posteriores estaba absorta en mis pensamientos, que al principio no tienen mucha lógica, pero Diana y Yolanda, grandes aliadas periodistas, me sacuden y me regresan a la realidad. Quiero aclarar que una mujer puede andar abstraída y seguir trabajando “como si nada”.
Esos días no pude coincidir en charlas con Mariana, Ernesto o Perlita, mis lugares seguros. O contagiarme de la energía de Adriana y Fátima, o platicar con esa amiga de años, Bety Martínez.
En momentos desesperados le llamo a doña Rita, que me conoce desde hace casi 46 años, o tengo una plática con Astrid, Samatha y Brenda, mis hermanas. Es difícil y admirable llegar a un puesto de mando en donde el clima es adverso políticamente y en donde la mayoría a los que hay que dirigir son hombres. Sólo una mujer apacible, estratégica e inteligente puede llegar a superar este reto y considero que esta mujer lo está haciendo muy bien. Su energía, humor y su lucha por los niños y mujeres más pobres, aún en la adversidad; su disposición a dar la mano a quien más lo necesite, y un mensaje claro: “No te quedes en un trabajo en donde te acosan, no te valoran o te humillan, porque te vuelves cómplice”. Más claro no puede ser.
Incansable, siempre con su mejor sonrisa, dispuesta a ayudar, orgullosa de su familia, la mujer deja claro que la única forma de crecer entre nosotras es abrazar la palabra sororidad y no “meterse el pie”, formar una red de apoyo. Hoy está en un proceso que le ha costado mucho; la veo feliz en su trabajo, mejorando cada día. Otro apren dizaje es ver a una mujer de pie, con energía y dispuesta a seguir; competitiva aun en los peores momentos y segura, muy segura, de que siempre habrá una revancha.
Tal vez estas mujeres no me saquen de este pensamiento fijo, pero me dieron un nuevo impulso para seguir haciendo mi trabajo. Agradezco infinitamente a cada una de las mujeres con quien he compartido traba jo, amistad e ideas. Aún tengo mucho que aprender.