La poesía de Rosa Guadalupe Sillas no busca explicar la migración, sino devolverle rostro y memoria. (DANIELA CERVANTES)
¿Es posible encontrar la estética en el dolor que causa el éxodo? ¿Las metáforas alcanzan a narrar la travesía de la migración? ¿Sirven los versos de consuelo? ¿Puede la poesía documentar un fenómeno social que suele ser narrado más desde la estadística? Las respuestas a las cuestiones se encuentran afirmativas a través del libro Tierra prometida: cantar de los migrantes, una propuesta poética de Rosa Guadalupe Sillas para dictar la sentencia que detrás de los números en los que suelen ser reducidos los migrantes en informes oficiales, hay historias de vida, sueños rotos y anhelos sostenidos desde esperanzas desgastadas.
Son poco más de las 11 de la mañana y en la Sala Eusebio Kino de la Ibero Torreón está todo listo para arrancar el conversatorio y la lectura de poemas en torno a la obra antes mencionada.
El libro contó con las apreciaciones de la maestra Mariana Ramírez Estrada, coordinadora académica del Centro de Difusión editorial y del Archivo Histórico, y del maestro Armando Mercado Hernández, director del departamento de Ciencias Sociales y Humanidades.
Antes de que la poesía tomara la palabra, la conversación se abrió hacia el territorio de lo urgente. Desde dos miradas distintas, pero complementarias, José Alberto Vidaña Sánchez Álvarez, coordinador de la licenciatura en Relaciones Internacionales e Idiomas de la Ibero Torreón, y Francisco Javier Rodríguez Lozano, periodista y catedrático de la misma casa de estudios, trazaron un mapa del presente migratorio: uno desde la estructura global; el otro, desde la geografía inmediata.
Vidaña propuso, de entrada, una pausa frente al lenguaje habitual con el que suele explicarse la migración. Señaló que, desde la mirada internacionalista, el fenómeno se reduce con frecuencia a cifras, políticas y mecanismos de control: flujos, contención, seguridad nacional. Una lectura necesaria, sí, pero profundamente insuficiente.
Porque, subrayó, la migración es, antes que nada, una experiencia humana. Habló entonces de pérdida, de esperanza y de contradicción. De personas que no sólo cruzan fronteras, sino que atraviesan rupturas: con su territorio, con su historia, con la idea misma de pertenencia. En ese contexto, explicó que la relación migratoria entre México y Estados Unidos se ha endurecido: mientras al norte predomina una lógica de disuasión y expulsión, al sur México ha asumido cada vez más el papel de contención, operando en los hechos como un filtro.
El resultado, sintetizó, es un sistema que administra la migración sin resolver sus causas: una contención sin solución.

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Bajo la administración de Trump, se exigirá una fianza a los solicitantes de visas de negocios y turismoPero su reflexión fue más allá de las estructuras. Apuntó hacia una ausencia más profunda: la empatía. Las personas migrantes, expresó, son tratadas como variables dentro de una ecuación política, despojadas de historia, de rostro, de dignidad.
Entonces, fue ahí donde señaló que la literatura, y en particular la poesía, se eleva oportuna para recuperar lo que el discurso técnico pierde: la capacidad de hacer sentir. Para ejemplificar, José Alberto Vidaña evocó el poema Bienaventurados sean, de Rosa Guadalupe Sillas, y citó: "Bienaventurados sean los que no tienen un sitio, los que han tenido que parir y vomitar al mundo en una tierra que no les pertenece". En esos versos, apuntó, se condensa un desarraigo radical: el de quienes ya no pertenecen ni al lugar que dejaron ni al que intentan alcanzar.
Antes, mencionó Vidaña, que la migración era una experiencia humana, así, como la poesía misma.
¿CÓMO TRATA COAHUILA AL MIGRANTE?
En su intervención, Francisco Javier Rodríguez, aterrizó la discusión en el contexto local. En Coahuila, indicó, la migración también ha cambiado de rostro.
Las cifras, en apariencia, cuentan una historia de éxito: la disminución de eventos de personas en situación migratoria irregular podría leerse como resultado de políticas eficaces. Pero esa interpretación, advirtió, es engañosa. El fenómeno no ha desaparecido: se ha desplazado, se ha vuelto menos visible, más complejo.
Coahuila se consolidó como una barrera territorial, dijo. La instalación de filtros, la coordinación con fuerzas federales y el uso de corporaciones locales han inhibido el paso de migrantes, reduciendo cruces y desarticulando caravanas. Sin embargo, ese control tiene costos.
Diversas organizaciones civiles han cuestionado estas estrategias por implicar detenciones realizadas por autoridades sin facultades legales, lo que reconfigura, y en muchos casos profundiza, las condiciones de vulnerabilidad de quienes migran. La contención, en ese sentido, no sólo limita el tránsito: transforma la experiencia migrante.

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Secretaría de Relaciones Exteriores ha enviado 14 notas diplomáticas y brinda apoyo legal a familias.Rodríguez Lozano amplió entonces el encuadre: la migración en el estado no se agota en el tránsito. También incluye a quienes deciden quedarse en ciudades como Torreón, Saltillo o Piedras Negras, así como a los connacionales que regresan, muchas veces después de décadas fuera.
Sobre ellos, planteó nuevas preguntas: ¿Qué políticas existen para su reintegración?, ¿Cómo se reconstruye una vida después del retorno? El periodista mencionó que el desafío no es únicamente contener, sino construir una política migratoria integral que logre equilibrar seguridad, legalidad y derechos humanos.
Porque la migración no desaparece: se transforma, se desplaza, se reinventa. Y en ese mismo movimiento, también se cruzan otras maneras de nombrarla.
En ese sentido, la propuesta literaria de Rosa Guadalupe Sillas se inscribe en un territorio donde la palabra resiste al silencio de las cifras. Su poesía no busca explicar la migración, sino devolverle rostro y memoria Aquí la conversación que este diario mantuvo con una autora que dejó de observar la migración como un dato para convertirlo en un canto.
´¿En qué momento decidiste que las historias de migrantes que cruzan por Coahuila necesitaban convertirse en un libro de poemas?
Creo que el problema de la migración actualmente en Coahuila tenemos una alta estadística de flujo migratorios, de problemas en la contención y aunado a esto tenemos la situación surgida de las políticas migratorias de Estados Unidos. Creo que es un tema de impacto social, y que se necesita que a través de la poesía, como herramienta, generar movilización y conciencia social.
´¿Qué te marcó más? ¿Una historia en particular, o fue la acumulación de muchas voces?
Creo que lo que más me ha impactado son las historias que enfrentan los migrantes en el paso por Coahuila hacia Estados Unidos que están marcadas por temas como el secuestro, la migración forzada, asesinatos, persecuciones. Cuando acrecentó mi interés en el tema, fue cuando me acerqué a Casa Migrante de Saltillo.
´¿Desde dónde escribe Rosa Guadalupe, ¿Cómo testigo, mediadora o cómo alguien que se siente también atravesada por el tema de la migración?
Creo que esta obra parte del reconocimiento de que todos somos migrantes. Me considero migrante, por el hecho de que mis abuelos emigraron, todos de alguna forma estamos conectados en esta situación, donde todos hemos migrado de alguna forma. Por un lado, me situó en la parte de ser testigo porque los migrantes me han compartido sus testimonios, pero también tengo un papel participante en la defensa de sus derechos.
´¿Cómo es el proceso de traducir en versos el dolor de desplazamiento?
Detrás de cada poema hay una técnica literaria, hay un manejo de un recurso estético, pero creo que lo más importante es partir de las historias mismas y de entender qué hay detrás: si hay una melancolía, hay alguna tristeza profunda, hay una demanda o un reclamo. Es importante, sobre todo, situar toda la cuestión simbólica de los poemas a la realidad migrante.
´Poetizar un fenómeno como la migración, ¿es un intento de sensibilizar al lector?
Sí. Creo que es muy importante para empezar visibilizar el problema, movilizar, sensibilizar, hacer consciencia y sobre todo ver este fenómeno social desde el aspecto crítico, pero también desde la parte humana existencial en sí misma.
´¿Cómo influye el paisaje, es decir, el desierto, las vías, el tren, los albergues en la construcción de los poemas?
La mayoría de las experiencias que he tenido con migrantes, en sus relatos se refieren mucho a esa escena: la travesía del desierto, la soledad, el desamparo, la parte de las vías del tren, los peligros. La imagen de las vías y la tragedia que me tocó ver en relación a estas, por ejemplo, ver un asesinato y ver las noticias que narran los trayectos y lo que acontece en el tren.
´En tu libro también mencionas la vulnerabilidad a la que está expuesto el cuerpo femenino en el éxodo, por ejemplo, en tu poema Tierra prometida, versas: "Una mujer descalza/, con los ojos húmedos/, los pechos vacíos/, nutriendo con su sombra/ a sus hijos que lloran". ¿Por qué decidiste trabajar con esa figura?
A través de las experiencias de las que me tocó ser testigo es la violencia hacía la mujer, hacía la mutilación de su cuerpo, hacía la falta de respeto, ver a la mujer vulnerada, abusada, es una de las imágenes que sí quise trasladar, pero también, a través de los poemas, reconozco la importancia que tiene la mujer en dar vida, en el de seguir siendo la fuerza de una familia, el seguir manteniendo, nutriendo a sus hijos en esos trayectos que se suscitan en la migración.
´Cómo equilibras la estética literaria con la crudeza de la realidad?
Traté de hacer un poema digamos de alguna manera "medido". Cuidé mucho que los versos fueran tomando un ritmo que cualquier persona pudiera ir leyendo y asimilando; sobre todo que pudiera trasladarlo a una imagen, eso es lo más importante, no tanto de ir pensando, sino más bien, ir sintiendo la imagen.
´Por qué elegir en el título la palabra "Cantar"?
Al principio quise enfocarme en las voces de los migrantes, pero también quise incluir una escena que me tocó ver donde unas de las migrantes les canta a sus hijos canciones tradicionales de su tierra. De ahí surge la idea. Son cantares que van manifestando clamor, sufrimiento, el cantar, la añoranza del traslado, pero también fue importante incluir el cantar de los silencios porque están ahí, en muchas ocasiones, callados y silenciados.
´Si tuvieras que resumir el libro en una imagen ¿Cuál sería?
Precisamente las vías del tren, en donde me ha tocado ver zapatos abandonados, mochilas con cosas. Y te pones a pensar qué hay detrás de esa mochila, de esos zapatos que están cerca de las vías de los trenes, y me niego a quedarme con la imagen que dan las noticias (mortales) sobre los migrantes, y quiero pensar que el dueño o la dueña de esos zapatos los abandonó ahí pero que sus pies pudieron llegar al lugar que al fin le pudo brindar una mejor calidad de vida.