En 2015, el FBI se alejó de los callejones donde suele intervenir y llegó al cuartel de la FIFA en Zúrich. El pulcro aspecto de las oficinas ocultaba una sucia contabilidad. Rusia y Qatar habían conseguido las sedes para los Mundiales de 2018 y 2022 gracias a sobornos millonarios, venciendo así a su más cercano contendiente: Estados Unidos.
El FBI había llegado con una venganza. De inmediato supimos dónde se celebraría el Mundial de 2026.
La situación era tan obvia que la FIFA emprendió una precipitada operación diplomática, anunciando que la Copa del Mundo sería compartida por los tres países de Norteamérica. Pero la unión territorial no representaba igualdad: quienes llegaron tarde (México y Canadá) tendrían 13 de los 104 juegos.
Esa asimetría se confirmó el 5 de diciembre de 2025 cuando el jerarca de la FIFA, Gianni Infantino, inventó un trofeo para premiar a Trump por su "contribución a la paz". De este modo reconoció al protagonista del Mundial (los actores de reparto, México y Canadá, no recibieron ni una mención de honor).
La realidad mundial ha entrado en crisis. En la Grecia clásica, los Juegos Olímpicos eran acompañados de una "tregua sagrada" que suspendía las guerras. Hoy, Trump gana medallas pacifistas por atacar países y bombardea Irán, país invitado al Mundial. Poco antes, invadió Venezuela para arrestar al presidente Nicolás Maduro. Su objetivo explícito no fue la restauración de la democracia, sino el control del petróleo venezolano, que alcanzó un precio récord con el ataque a Irán.
En vísperas del Mundial no hay mejor negocio que la guerra; sin embargo, como en la novela 1984, de George Orwell, las palabras cambian de signo y la agresión se convierte en sinónimo de la paz. Sólo esto explica que María Corina Machado, líder opositora que recibió el Premio Nobel de la Paz en Oslo por su lucha en favor de la democracia en Venezuela, regalara su medalla al guerrero de la Casa Blanca.
Cada día, el teatro de las incoherencias ofrece una nueva escena. En Estados Unidos, la pasión por el futbol ha dependido de los latinos. ¿Se acercarán a los estadios ahora que la patrulla migratoria arresta por el color de la piel?
En otros tiempos la logística del Mundial se resolvía en agencias de viajes; hoy depende de un cuarto de guerra. Aunque la FIFA se describe a sí misma como "organización no lucrativa", es una empresa de rango planetario. Sin otro propósito que el lucro, aumentó el número de partidos y naciones participantes para 2026. El campeón del torneo deberá ganar ocho juegos, uno más que en la contienda anterior. ¿Qué consecuencias tendrá esto en atletas que de por sí reciben trato de caballos de carreras?
Cuando no están en el hospital o el quirófano, los futbolistas de alto rendimiento disputan tres partidos por semana. En 2024 el español Rodri ganó el Balón de Oro como mejor jugador del mundo. Lo recogió con andar incierto porque estaba lesionado. En 2025 pasó lo mismo; el ganador fue el francés Dembélé, que tampoco podía jugar a causa de sus lesiones. El futbol moderno destruye a sus protagonistas.
Algunas figuras no llegarán a la justa; otras, se lastimarán durante el Mundial por la carga de partidos, los largos viajes en avión y los cambios de altitud, humedad y temperatura. Un equipo podrá disputar un partido a 2,200 metros en la Ciudad de México para viajar después a Estados Unidos donde deberá entrenar a nivel del mar a 40 grados de temperatura y comer en sitios donde el aire acondicionado es un viento ártico. ¿Es posible aclimatarse a este trajín? Las condiciones de juego serán tan letales como las patadas a las espinillas.
Históricamente, la FIFA ha privilegiado el trato con tiranos que prometen orden. Mussolini, la Junta Militar argentina, Franco (que obtuvo la sede en 1966 para España 82), Putin y el Emir de Qatar han sido algunos de sus socios.
Sin embargo, en este caso, el maestro de ceremonias será el más incalculable de los líderes, dispuesto a desatar toda crisis que represente un buen negocio.
Si Infantino dominara una astuta variante de la lógica, el premio que otorgó a Trump debería ser visto, no como un reconocimiento por su apoyo a la paz, sino como un deseo de pacificarlo. Un ansiolítico de metal: "Te pedimos que te calmes".
Pero hace mucho que la FIFA se desentendió de la lógica.