El Centro de Cultura Mundial del Rey Abdulaziz
La serie de edificios que conforman este centro de clase mundial es una composición casi rupestre y, al mismo tiempo, muy de vanguardia en el desierto árabe. Podría considerarse toda una obra maestra del land art en Oriente Medio, una corriente artística que surgió a finales de la década de 1960, principalmente en Estados Unidos y Europa, caracterizada por utilizar el paisaje natural como soporte y medio de creación. En ella, los artistas intervienen directamente en entornos abiertos —desiertos, bosques, costas— empleando materiales orgánicos y geológicos como rocas, tierra, troncos o agua para moldear sus obras.
El Centro para la Cultura Mundial Rey Abdulaziz —también conocido como Ithra, que significa “enriquecimiento” en árabe— fue desarrollado por la firma noruega Snøhetta, que cuenta con un amplio equipo de arquitectos provenientes de ciudades como Oslo, Nueva York, Innsbruck, París, Hong Kong, Shenzhen y Melbourne.
Esta visión global siempre generará obras de gran calidad en todo el orbe, ya que las mentes que hay detrás de cada decisión están conscientes de que cada sitio cuenta con su propia identidad e historia, por lo que buscarán conocerlo a fondo antes de comenzar la etapa de realización.
Gracias a esto son capaces de sacar lo mejor de cada lugar para reflejarlo en síntesis arquitectónicas de primera categoría, como es el caso de este centro cultural, cuyo diseño comenzó en 2007 y cuya construcción se extendió hasta 2018.
Se trata de un complejo de usos mixtos por excelencia, es decir, destinado a múltiples usos. Así se conforma un coctel de espacios que permiten que la cultura y el aprendizaje sean promovidos tanto dentro de la comunidad cercana como más allá de sus límites.
Cada vez son más comunes y más versátiles los edificios que cumplen con diversas funciones. Han quedado atrás los tiempos en que eran creados para un solo y rígido destino.
Es importante mencionar que Snøhetta no solamente se encargó de desarrollar la arquitectura de este ambicioso proyecto, sino también la parte correspondiente al paisajismo y su diseño interior de manera integral. Por obvias razones, la diversidad y flexibilidad de los espacios representó un verdadero reto de capacidad y de conocimiento para el despacho.

USOS MÚLTIPLES
El Centro para la Cultura Mundial Rey Abdulaziz, ubicado en Dhahran, Arabia Saudita, fue una iniciativa de la compañía petrolera Saudi Aramco para promover el desarrollo cultural, el conocimiento y la diversidad en el reino, aunque también contó con colaboradores como Buro Happold y JML Consultants Water Feature Design SL.
Sus edificios tienen un total de 100 mil metros cuadrados, sin mencionar los alrededor de 350 mil metros cuadrados de terreno para su área paisajística. Además tiene la certificación LEED Oro, indicador de una obra altamente sustentable y respetuosa del medio ambiente.
Desde su apertura, ha brindado a la población local y a los visitantes un acceso sin precedentes a una amplia variedad de instalaciones educativas y culturales abiertas al público.
Cuenta con un auditorio donde se lleva a cabo una amplia gama de eventos, desde ópera y conciertos sinfónicos hasta musicales y conferencias; una biblioteca que cuenta con más de 315 mil libros para todas las edades; un gran salón; áreas de exhibición donde se integra arte de artistas locales e internacionales; así como un museo, un cine y un archivo que conectan la vida cultural del centro con el presente, el pasado y el futuro de su sociedad.
La biblioteca cuenta con títulos tanto en árabe como en inglés y es una de las más grandes de la región. Además, ofrece una serie de programas de aprendizaje, como talleres o clubes para los más pequeños. El gran salón es un espacio multiusos de 13 metros de altura que puede albergar exposiciones y eventos de todo tipo.

INTERDEPENDENCIA SIMBÓLICA Y ARQUITECTÓNICA
La tecnología de punta de este complejo busca ser un referente urbano en el paisaje semiárido. La torre más alta tiene 110 metros de altura y el resto de los bloques que la rodean parecen abrazarla, principalmente la biblioteca, el auditorio y el gran salón, que parecen descansar en la horizontalidad del terreno. Una cuarta área se mantiene suspendida y fija en su posición, apoyándose a izquierda y derecha sobre sendas estructuras horizontales. Cada bloque que conforma el centro es único, tanto en forma como en su función dentro del conjunto arquitectónico.
Todos los elementos compositivos están vinculados entre sí, haciendo alusión a una interdependencia simbólica pero que también es real. El resultado es una “escultura” tectónica que forma parte del paisaje y que sorprende siempre que la vemos y la admiramos.
Esta interdependencia también habla de los usos mixtos que contiene. Si falta una pieza, caen las demás y todo el complejo deja de funcionar. Es por eso que tienen que mantenerse en un equilibrio eterno, como si se tratase de una escultura congelada en el tiempo.
Este proyecto de Snøhetta, que ha colaborado ampliamente con el enriquecimiento de la cultura de la región, no promueve el trabajo independiente o individual, sino el esfuerzo colaborativo tanto entre personas como entre instituciones, invitando a conformar sinergias de aprendizaje. En la vida hay que crecer juntos y apoyarse en unidad.
Sus áreas abiertas, además, favorecen la igualdad y el libre acceso de todos los ciudadanos a la educación y a la cultura.

CONVERGENCIA DE PASADO, PRESENTE Y FUTURO
El concepto volumétrico del centro también refleja una visión específica del paso del tiempo. Comenzando por el pasado en sus sótanos, la línea del tiempo avanza hacia arriba y hacia afuera, es decir, al presente, para finalmente ascender a través de la torre hasta el cielo, que representa el porvenir. Pasado, presente y futuro están interconectadas en este país tan rico en cultura e historia.
Los edificios futuristas que conforman esta “escultura” están conformados por tubos de acero inoxidable curvados que esculpen formas orgánicas, las cuales evocan innovación y audacia. Las superficies de acero realzan la forma de cada pieza y reflejan el paso gradual del sol y de la luna, dándole un halo de vida sobrenatural al conjunto.
Hay un marcado contraste entre el uso de los materiales: por un lado, el acero casi futurista de cada bloque arquitectónico; por otro, el tapial presente en la plaza, lo que hace que entre ambos no solamente exista un contraste de épocas y técnicas, sino también de soluciones que se complementan en un mismo espacio.
Este maravilloso proyecto recibió en 2024 el Premio Carta Rey Salman de Arquitectura y Urbanismo. Ojalá y algún día podamos visitar y disfrutar este ejemplo de lo mejor de la arquitectura mundial y realizar algo similar en México o, incluso, en la Comarca Lagunera. ¿Por qué no?