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El corazón, la trampa y el duelo

Arturo González

Las fuerzas armadas estadounidenses e israelíes tratan de someter a Irán desde hace dos semanas, sin éxito hasta ahora. Irán resiste con una guerra asimétrica que compromete el abasto de hidrocarburos, fertilizantes, chips, minerales críticos y hasta el desarrollo de la Inteligencia Artificial. Washington y Tel Aviv cometieron un error de cálculo: creyeron que asesinando a la cúpula iraní, encabezada por el líder supremo Alí Jameneí, el gobierno de los ayatolás se derrumbaría. Pero el derrumbe no ha llegado. Al contrario, el régimen se regenera y responde a los ataques en una guerra regional que se internacionaliza. Mientras tanto, Israel prosigue su impronta sionista de imperialismo territorial y se adentra en el Líbano, a la par de que mantiene su acoso a Palestina en Gaza y Cisjordania.

Pero si alejamos poco a poco el enfoque de Oriente Medio, encontramos un marco global de conflictos, tensiones y reacomodos. La guerra entre Rusia y Ucrania camina sobre el sendero del quinto año. Pakistán y Afganistán libran una guerra que escapa a los reflectores. La tensión en el Estrecho de Taiwán y la Península de Corea persiste, mientras las fricciones entre China y Japón crecen. En por lo menos tres regiones de África se desarrollan conflictos en los que las diferencias étnicas ocultan los intereses de gobiernos de dentro y fuera del continente sobre los abundantes recursos estratégicos del territorio africano. En América, EUA desempolva las doctrinas Monroe y del Destino Manifiesto para reclamar la propiedad exclusiva del hemisferio. Y lo hace alineando, presionando y/o amenazando a los países de América Latina y el Caribe para que acepten el nuevo despliegue del dominio estadounidense, y corten la influencia china en la región.

Para comprender el complejo cuadro descrito, te propongo leerlo desde tres perspectivas analíticas: una geopolítica, otra histórica y una más de los sistemas-mundo. No son enfoques excluyentes, sino complementarios. Juntos nos ayudan a observar mejor el bosque.

El geógrafo británico Halford John Mackinder concibió la teoría del heartland, el "corazón del mundo" o área pivote, para destacar la importancia de una región en particular dentro de Eurafrasia. El corazón del mundo abarca desde Europa Oriental hasta la estepa siberiana, pasando por Asia Central. Mackinder elaboró una fórmula geopolítica que guiaría a varios gobiernos durante el siglo XX: "quien controla la Europa del Este domina el heartland; quien controla el heartland domina la isla mundial; quien domina la isla mundial domina el mundo". Bajo esta fórmula podríamos comprender la importancia de la guerra en Ucrania, el impulso de Occidente de empujar sus fronteras hacia Europa Oriental, con la OTAN y la Unión Europea, y la obsesión de Rusia con evitar el control occidental de la región actualmente en conflicto. No obstante, existe otra manera de ver las cosas.

El estadounidense Nicholas Spykman continuó el pensamiento geoestratégico de Mackinder, pero aportó una mirada diferente. Aunque Spykman reconocía que el mundo tenía un corazón, creía que era más importante cercarlo que controlarlo. Y para cercarlo el dominio debía ejercerse en el territorio que rodea al heartland, es decir, la cuenca del Mediterráneo, Oriente Medio y Asia Meridional. A esta zona marginal la llamó rimland, y elaboró su propia fórmula geopolítica: "quien controla el rimland domina Eurasia; quien domina Eurasia controla los destinos del mundo". La obsesión de EUA con frenar a la URSS en Europa y con controlar Oriente Medio puede analizarse desde la teoría del rimland. Irán, actualmente, es un país desafiante para EUA y Occidente dentro del creciente marginal que rodea al heartland.

China no ha dado indicios de querer ejercer un dominio político directo ni del heartland ni el rimland. Más bien ha buscado construir una gobernanza basada en el desarrollo común y la arquitectura institucional. Pekín impulsa la Iniciativa de la Franja y la Ruta, un proyecto económico y de infraestructuras que conecta el heartland a través del continente y el rimland vía marítima. Pero China también es el eje de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), un organismo ha sido considerado "la OTAN de Oriente", aunque no es una alianza militar, sino una institución de gobernanza euroasiática que incorpora a diez países ubicados en el heartland y el rimland que juntos representan 44 % de la población mundial, 25 % de las tierras emergidas del planeta, 25 % del PIB mundial y 15 % del comercio global.

De la geopolítica pasemos a la historia. El politólogo estadounidense Graham T. Allison concibió hace unos 15 años el concepto "trampa de Tucídides" para plantear un marco histórico del devenir de la relación entre EUA y China. Allison extrajo una conclusión de la lectura de la obra de Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso. La trampa, en palabras de Allison, se define como "la desorganización natural e inevitable que se produce cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una potencia dominante… (y) cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una potencia dominante, la tensión estructural resultante convierte el choque violento en la norma, no en la excepción".

¿Significa la trampa de Tucídides que EUA y China están destinados a enfrentarse directamente en una guerra existencial de consecuencias catastróficas? No necesariamente. Me queda claro que, por el momento, China es la potencia menos interesada en un conflicto con EUA. Y si bien este país ve amenazada su posición de privilegio, lo que lo lleva a adoptar una postura más agresiva, aún no plantea el choque con China como inevitable. Que las dos superpotencias no vayan a una guerra directa dependerá de la capacidad de gestión de sus líderes y del margen de maniobra que observen para operar sin sentir que han llegado a un callejón sin salida o, mejor dicho, a la trampa de Tucídides.

Desde la perspectiva de los sistemas-mundo es evidente que nos encontramos en la etapa de caos de la crisis de la hegemonía estadounidense. El sociólogo Giovanni Arrighi plantea que el ciclo histórico del capitalismo moderno centrado en el Atlántico Norte ha llegado a su fin, debido al retorno de Asia como centro de gravedad de la economía mundial, por lo que se abre la posibilidad de un nuevo mundo en el que se observan tres rutas posibles: la creación de un imperio global estadounidense basado en el cobro de una renta por protección bajo la doctrina de la dominación sin hegemonía; la construcción de una sociedad de mercado mundial que se apoyaría en el poder de mercado, infraestructura, crédito, y una arquitectura tecnológica-productiva con centro en China y Asia Oriental, y la prolongación de un caos global por la resistencia violenta de EUA a la pérdida de centralidad. Es en el último escenario en el que la trampa de Tucídides se asoma con mayor fuerza.

No obstante, parece que China está decidida a mantener su visión estratégica proactiva de largo plazo y esperar a que las contradicciones internas y externas terminen por dislocar el poder de unos EUA anclados en una mirada táctica reactiva de corto plazo. Bajo esta lógica es plausible pensar que Pekín no va a entrar a defender militarmente a Irán, lo que la llevaría a enfrentarse con Washington, y que prefiere la vía diplomática del rechazo a la acción militar unilateral mientras mira cómo cae el prestigio del titán americano. Los puntos que Donald Trump le resta a su país como potencia confiable, son los que Xi Jinping puede sumar al suyo.

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Escrito en: Mhoni Vidente Signo del zodiaco Horóscopo Astrología

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