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El Dios robot

JUAN VILLORO

La creciente influencia del mundo digital en el catolicismo incidió en el moderno análisis del papa León XIV sobre la IA.

ÁTICO

  Para Umberto Eco, el papa Juan Pablo II representaba "la Edad Media más la televisión". El pontífice polaco encarnó esa contradicción: una figura mediática que difundía un mensaje atávico.

Sus sucesores han enfrentado una realidad distinta, donde la comunicación resulta más difícil de controlar. El 25 de mayo, León XIV dio a conocer la sorprendente encíclica "Magnifica Humanitas", que parte de creencias milenarias para llegar a un moderno análisis de la inteligencia artificial, herramienta que no puede ser considerada "moralmente neutra", pues su diseño no depende de comités cívicos, sino de actores económicos.

La encíclica reconoce los beneficios de los procesadores de datos, pero alerta sobre el desafío de interactuar con mecanismos que imitan reacciones humanas y en los que se cree en forma ciega.

El ChatGPT ofrece respuestas instantáneas, a un tiempo "cordiales" y "objetivas", pero "la palabra simulada no construye una relación, sino una apariencia" porque el sistema operativo carece de conciencia ética y de todo sentido de la emoción, del dolor a la alegría.

¿Hasta qué punto la IA puede ser controlada? Una de las reflexiones más interesantes de la encíclica aborda el tema: "Las inteligencias artificiales modernas están más 'cultivadas' que 'construidas': los desarrolladores no diseñan directamente cada detalle, sino que crean una arquitectura sobre la cual la IA 'crece'". Este proceso no es completamente autónomo, pero sí asume tareas no programadas y la forma en que esto sucede resulta inescrutable: "Los procesos computacionales de esos sistemas siguen siendo desconocidos".

Detrás del uso "intuitivo" de una tecnología "amable" se oculta un mecanismo cuyo funcionamiento profundo es ignorado, no sólo por los usuarios, sino por la inmensa mayoría de los programadores.

En forma radical, León XIV propone desarmar la IA, lo cual significa separarla de la lógica armamentista y de la "equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar". Esta exigencia también se basa en una demanda ecológica; es decisivo tomar en cuenta que la IA requiere de una inmoderada cantidad de agua para enfriarse y, además, "ya es un ambiente en el que estamos inmersos". El cultivo de datos debe pertenecer a una Casa Común que reconozca el "destino universal de los bienes".

¿Qué valores deben ser protegidos ante el avance de las máquinas? León XIV responde: "La calidad de una civilización no se mide por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer". En tiempos de automatización, lo humano deriva de atender al otro.

Las ideas del papa son más progresistas que las de la mayoría de los gobernantes. Esto no sólo se debe a la lucidez del Vaticano, sino a la creciente influencia que el mundo digital tiene en el catolicismo.

En 2025, Carlo Acutis, conocido como el "influencer de Dios", se convirtió en el primer santo millennial. Murió de leucemia en 2006, a los 15 años, dedicado a promover la eucaristía en internet. Se le atribuyen dos milagros que llevaron a su canonización.

En 2009, el Vaticano lanzó su canal de YouTube y, en 2011, el papa Benedicto XVI, atento al ejemplo de Acutis, señaló que el uso de las redes no constituía un pecado y llamó a los fieles a expresar su devoción en línea. De inmediato, iTunes lanzó una app de confesiones cuya descarga costaba 1.99 dólares. Así se inició un mercado que hoy cuenta con opciones digitales como Catholic Confession Journal, My Parish Confessions o Catholic Family, que ofrecen rápido acceso al acto de contrición, alertas para hacer examen de conciencia y un programa de pasos rumbo al sacramento de la reconciliación.

Miles de católicos han encontrado consuelo pastoral en su teléfono; en consecuencia, muchas iglesias se han vaciado. Para revertir la situación, en 2024 la curia suiza invitó a los feligreses a la capilla de San Pedro -la más antigua de Lucerna- para conocer la instalación "Deus in Machina", que permitía dialogar con un avatar de Jesús. El proyecto estuvo a cargo del teólogo Marco Schmid. Entrevistado por el periódico The Guardian, dijo que "se trató de un experimento", pero se cuidó de agregar que, en los dos meses que duró la exhibición, dos terceras partes de quienes se confesaron con el mesías virtual sintieron una "experiencia religiosa".

El papa León XIV sabe de lo que habla: el Dios robot ya pertenece a los misterios de la fe.

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