En el año de 1986, cuando México tuvo que entrar de emergente para organizar su segunda Copa del Mundo, después de los problemas políticos que afrontaba Colombia —a quien la FIFA le había concedido la sede—, el actual técnico de la Selección Nacional, Javier Aguirre, quien se desempeñaba como mediocampista en el once dirigido por Bora Milutinovic, hizo un comentario acerca de que si nuestro país podía ser campeón del planeta, sonaba como una fábula, ya que, en esa ocasión y después de llegar al quinto partido una vez que vencieron a Bulgaria, muchos pensaban en algo como de ciencia ficción.
Tengo que confesar que, después de que la Federación Mexicana de Futbol nombrara al “Vasco” para que se hiciera cargo del Tricolor, pensé en otro fracaso. Y aunque en la fase eliminatoria para la Copa del Mundo de Japón-Corea 2002, el que fuera jugador del América, Chivas y Atlante entró de emergente—ya que la Selección Mexicana se encontraba en terapia intensiva después de que Enrique “El Ojitos” Meza no pudo con el paquete—, recuerdo que tuvo que echar mano de la mayoría de los jugadores del Cruz Azul que, en esos momentos, disputaban la Copa Libertadores de América para enfrentar a Estados Unidos en el Estadio Azteca. Con gol de Jared Borgetti, México siguió con vida.
Pero ya después, en el cuarto partido de la justa celebrada en Asia, se hizo un papelón contra los mismos Estados Unidos, quedando nuestro país fuera hace 24 años. Y en 2010, para acabarla de amolar, recordamos aquella famosa conferencia de prensa antes del partido en contra de Argentina y, nuevamente, la decepción en Sudáfrica.
Pero ahora se nota que a Aguirre ya le cayó el veinte, y se ha visto a una Selección como nunca se había sentido. Sobre todo con el muchacho Gilberto Mora, que se palpa que tuvo su graduación el pasado martes 30 de junio: con tan solo 17 años, este mocoso —con el debido respeto— dominó los tiempos del encuentro contra Ecuador y ha ratificado el porqué muchos clubes de Europa siguen sus pasos.
Lejos de encerrarse por la dimensión del compromiso, el producto de Xolos solicitó frecuentemente el esférico y se encontraba por todo el centro del ataque, obligando a los sudamericanos a alterar de manera continua sus referencias defensivas. Tuvo esas agallas para leer el juego y el talento para descifrar los espacios, lo que permitió a México encontrar superioridades en diferentes zonas del campo.
Y ahora, todos nos encontramos ilusionados y se idealiza por un motivo real, con una perspectiva que se sigue ampliando y continuará de aquí hasta el próximo domingo. Porque ahora se hace con un juego colectivo y se nota que los jugadores ya saben de lo que se trata. Este Tri, que tanto rencor guarda acumulado por la gran cantidad de oportunidades que desperdició en el pasado, está pisando fuerte en casa y no le tembló el pulso al ganar de manera contundente a la Ecuador de Sebastián Beccacece para meterse en los octavos de final de su propio Mundial.
¿Y SI, SÍ?