En este pueblito de apenas 35 mil habitantes podría estar la clave para saber quién va a ganar en las elecciones de este martes en Estados Unidos. Caminaba por la calle principal y no encontraba a muchos latinos e inmigrantes. Pero apenas me asomé en los restaurantes, y ahí estaban como siempre, controlando las cocinas y contando historias de la pizca de manzanas y arándanos que levantan cada año. En otras palabras, no los ves, pero se sienten.
Viajé a Holland junto a mi hija Paola para entrevistar al candidato demócrata, Abdul El-Sayed, quien busca convertirse en el primer musulmán en el Senado de Estados Unidos. Como se imaginarán, toda la maquinaria ultraderechista se ha encargado de atacarlo y de presentarlo como un extranjero, a pesar de haber nacido en Estados Unidos de padres egipcios.
El presidente Donald Trump lo ha acusado de ser un peligroso “yihadista”, y JD Vance, el vicepresidente, le ha pedido que “se calle la boca y muestre gratitud” por Estados Unidos. Nada como tratar de hacerte sentir como un extraño en tu propio país.
Pero Abdul no se ha dejado picar por los insultos y ha seguido haciendo campaña, criticando el alto costo de vida y hablando de su deseo de abolir al ICE, la policía migratoria de Estados Unidos. Las encuestas, dentro del margen de error, le dan posibilidades de ganar ante su contrincante, el republicano Mike Rogers. (Contactamos varias veces a su campaña para una entrevista, aunque nunca nos contestaron).
Paola y yo entrevistamos a Abdul (para nuestro podcast The Moment) en un auditorio donde había más de 1500 personas. Aunque él viajó a Perú y Guatemala como estudiante de medicina, no se atrevió a pronunciar ni una sola palabra en español durante la plática.
Ya veremos si su mensaje de “affordability” pegó. Pero si algunos de los hispanos que votaron por Trump en el 2024 ahora cambian de partido, el Congreso y el país se podrían ver muy diferentes.
Los demócratas más optimistas están hablando de una ola azul para el martes e, incluso, hay quienes se atreven a decir que se trataría de un tsunami. Pero lo que sí parece inevitable es que muchos hispanos que antes votaron por Trump hoy se sienten engañados y traicionados, y no van a salir a votar por su partido.
Aquí tengo algunos números: Trump obtuvo el 44 por ciento del voto latino en el 2024 y ahora, en este 2026, solo tiene el apoyo del 31 por ciento, según la última encuesta de The New York Times. Hay todo un ejército de votantes hispanos que se sienten defraudados por el gobierno de Trump y ya no lo van a apoyar. No solo por la inflación (que está al 3,7 por ciento) y la interminable guerra contra Irán, sino, sobre todo, por el trato inhumano y cruel de los agentes del ICE en contra de inmigrantes, de latinos y de personas que hablan inglés con acento. Es, en el fondo, una cuestión moral. ¿Cómo votar por el partido de un presidente que ha separado a miles de niños de sus padres y que ha permitido que sus agentes agredan y disparen contra inmigrantes? Estamos en el fin de la era Trump.
Las encuestas sugieren que el Partido Demócrata podría recuperar el control de la Cámara de Representantes y, si tiene una buena noche, también del Senado. Pero basta con controlar una de las dos cámaras del Congreso para detener las ideas más extremas de Trump y para investigar posibles casos de corrupción y de abuso de poder. Por ahí, los más optimistas están flotando la idea de destituir al presidente. Aunque para esto se necesitaría que dos terceras partes del Senado aprobaran su destitución y las matemáticas no dan para tanto.
El punto más alto en la carrera política de Trump ocurrió tras ganar las elecciones del 2024 y lograr su regreso a la Casa Blanca. Desde ahí impulsó una agenda muy conservadora — basada en aranceles y deportaciones — que culminó con la captura de Nicolás Maduro, el dictador venezolano, el 3 de enero de este año. Eso le hizo mucho daño a Trump. Se sintió todopoderoso, se inventó una guerra en Irán, se enlodó y no ha podido salir de ahí. La economía se ha deteriorado y los votantes, posiblemente, se lo cobren en estas elecciones.
Es cierto que siempre hemos subestimado a Trump, y que tanto en el 2016 como en el 2024 nos sorprendió. Pero esta vez nos encontramos con un presidente que ha perdido el pulso del país y que en sus últimos discursos se la ha pasado hablando de los traseros de hombres y mujeres. Por ahora, lo único que espero de Trump es que, si pierde, lo reconozca. Aunque es, quizás, mucho pedir.
Mientras tanto, ya veremos si este pueblito de Michigan nos da la clave de la elección.