El camino de preparación rumbo a una copa del mundo suele ser un terreno de experimentos, tensiones y, sobre todo, de urgencias tácticas y estratégicas en busca de buenos resultados.
El enfrentamiento del sábado pasado entre México y Australia, celebrado ante más de 70 mil espectadores en el coloso de Pasadena, dejó un 1-0 favorable para los dirigidos por Javier Aguirre; sin embargo, la frialdad de las estadísticas y el resultado final no logran enmascarar un funcionamiento colectivo que todavía arrastra serias dudas y carencias creativas y ofensivas a escasos días del pitazo inicial de la justa mundialista.
El triunfo, si bien funciona como bálsamo numérico para calmar el entorno mediático, expone una vez más una preocupante dependencia de la pelota parada, y una desesperante falta de fluidez y velocidad en la generación de juego ofensivo; desde el planteamiento inicial, Javier Aguirre apostó por un esquema en apariencia dinámico, pero que ciertamente adoleció de rapidez transicional a la ofensiva y sufrió de lentitud mental en zona de gestación; México acaparó la posesión del esférico durante los primeros cuarenta y cinco minutos, no obstante, este dominio territorial resultó estéril en gran parte del trámite, tropezando sistemáticamente con un bloque defensivo australiano caracterizado por su rigor físico, su ordenamiento en doble línea de cuatro y una disciplina táctica casi impecable.
Los denominados “Socceroos” no propusieron un partido de ida y vuelta; por el contrario, cedieron la iniciativa y esperaron pacientemente un error en la salida mexicana para activar transiciones rápidas que pusieran en aprietos la meta azteca; pero el punto de quiebre y la única anotación del cotejo llegó a través de una acción de táctica fija donde México encontró la llave para vulnerar el cerrojo oceánico; sin embargo, este gol reflejó el hecho de que un defensa central tenga que asumir el protagonismo goleador ante la inoperancia de los delanteros nominales, y pone de manifiesto un severo déficit en la construcción de jugadas elaboradas y en el juego colectivo ofensivo.
El segundo tiempo sirvió más como un laboratorio de modificaciones que como una evolución del espectáculo futbolístico, Aguirre movió sus piezas drásticamente buscando refrescar la media cancha; sin embargo, el momento cumbre de la parte complementaria se dio en la meta mexicana, con dos atajadas clave de Ochoa, que ingresó en la segunda parte, para mantener el cero en la portería azteca, pero reabriendo el debate sobre el necesario recambio generacional en una posición tan sensible de cara al debut oficial.
En esa segunda parte, la escuadra de Australia terminó exponiendo las debilidades estructurales de la zaga mexicana, las desatenciones defensivas y la alarmante falta de comunicación en momentos de alta presión en el área tricolor estuvieron a punto de costar el empate.
El bloque defensivo mexicano, que por momentos lució descoordinado y evidenció dificultades crónicas para contener los balones largos y los centros cruzados de los extremos australianos, que no lograron capitalizar sus opciones debido a una notable falta de contundencia en los metros finales por parte de sus atacantes, dejó constancia de que cualquier selección con un sistema de presión media-alta puede cortarle los circuitos al conjunto tricolor de manera muy sencilla.
En conclusión, la victoria por 1-0 ante Australia arroja un balance agridulce que debe ser analizado con cabeza fría por el cuerpo técnico; por el lado positivo, se destaca algun desempeño individual; pero por el lado negativo, la selección tricolor continúa mostrando un fútbol muy predecible, carente de cambios de ritmo y con serios problemas para generar oportunidades claras de gol mediante juego dinámico.
Ganar por la mínima diferencia frente a un rival de perfil netamente físico cumple con la estadística, pero dista mucho de ser el funcionamiento óptimo requerido para competir al más alto nivel internacional.
El margen de error se ha reducido al mínimo, y las respuestas tácticas deben aparecer antes de que el balón ruede en el escenario mundialista en este futbol nuestro de cada día.