El partido contra Puebla en el Cuauhtémoc significó una pérdida dolorosa e inadmisible para Santos Laguna, no solo representó hilar su quinta derrota consecutiva en el Torneo Apertura 2026 de la Liga MX, sino que desnudó una incapacidad alarmante para gestionar ventajas, estar al frente en el marcador en dos ocasiones distintas jugando como visitante y terminar derrotado por 3-2 expone el gravísimo bache mental, táctico y defensivo en el que se encuentra hundida la escuadra lagunera.
En el arranque del encuentro, la fortuna le sonrió a Santos, que en una buena jugada provocó un tempranero autogol poblano al minuto tres; sin embargo, la ventaja fue un espejismo que duró apenas cinco minutos debido a las groseras facilidades otorgadas por el aparato defensivo santista, pues si bien la respuesta del Puebla fue inmediata, la zaga y la media cancha albiverde le otorgaron concesiones insólitas en la periferia del área, permitiendo que Mustre rematara con comodidad para el 1-1, en una jugada donde incluso Carlitos Acevedo dejó dudas en su intento de atajada, dejando la impresión de que pudo hacer más.
La debacle estratégica se agudizó en la segunda mitad; tras un correcto ajuste inicial que permitió recuperar la delantera con un buen gol de cabeza de Bullaude, Santos cayó en un estado de complacencia imperdonable, y en lugar de replegar líneas con solvencia y guardar el balón con inteligencia para frustrar al rival, el equipo cometió el pecado del exceso de confianza y nuevamente bastaron solo un par de minutos para que Mustre firmara su doblete y sepultara la ventaja lagunera.
El golpe definitivo, llegó con el tercer gol, obra de Baltazar, evidenció la ausencia absoluta de un líder en el terreno de juego capaz de enfriar el ímpetu rival en los momentos de crisis; pero Santos también lució sin argumentos en la zona técnica, los cambios implementados no aportaron soluciones estructurales para contrarrestar la intensidad de La Franja, el equipo de la comarca terminó desdibujado, con pocas ideas ofensivas para rescatar el empate y sumido en la frustración.
Esta caída mantiene a los Guerreros en el sótano del campeonato; para Santos Laguna, este 3-2 en Puebla no puede pasar como una simple mala noche de fútbol, es un más que urgente cable a tierra que obliga a un replanteamiento total, no se puede competir en ningún torneo regalando tantas libertades defensivas y careciendo de la madurez colectiva indispensable para abrochar los resultados cuando el viento te sopla a favor.
A pesar de registrar una alta efectividad distributiva en la salida, con un volumen interesante de pases acertados, el rendimiento del aparato defensivo santista en su mera función de contención pura fue alarmante, el dato demoledor indica que por el centro del dispositivo defensivo lagunero ninguno de sus dos centrales logró ganar ni una sola disputa personal, y al no romper la línea con agresividad, permitieron que Mustre y Baltazar recibieran cómodamente en la periferia del área grande para definir las jugadas clave.
El arquero guerrero Carlos Acevedo, se vio severamente condicionado por la pasividad de su escudo defensivo; aunque el Puebla disparó 10 veces al arco --7 de esos tiros llevaron dirección de portería-- Acevedo solo pudo registrar una atajada efectiva y concedió tres anotaciones, quedando desprotegido en el doblete de Mustre y sin posibilidad de reacción ante la precisa media vuelta que significó el golazo definitivo de Baltazar.
La propuesta táctica del estratega portugués, Renato Paiva, tuvo un inicio prometedor, pero colapsó ante la falta de variantes y de control de los tiempos; el dibujo inicial, buscaba tener un buen protagonismo ofensivo, con una discreta posesión de balón, pero completando un notable 90% de sus pases; la ofensiva fue certera: un autogol provocado al minuto 4 y una precisa definición de cabeza de Bullaude daban fe de la buena intención.
Pero, el gran error de la dirección técnica radicó en la nula capacidad de reacción posterior a ponerse al frente en el marcador, el equipo nunca supo pararse con inteligencia ni enfriar las acciones; recibió el 1-1 cinco minutos después de su primer tanto, y el 2-2 apenas un minuto más tarde de haber tomado la delantera en la segunda mitad.
Paiva intentó sacudir la pizarra enviando a la cancha a Picón y Palacios, buscando refrescar las bandas tras recibir el tercer impacto, y más tarde, quemó naves con el ingreso del juvenil Mancha; sin embargo, estos ajustes resultaron estériles debido a que no alteraron el balance de la media cancha para frenar la dinámica que impuso el Puebla, dejando al equipo con un volumen de pases estéril y sin pegada, evidenciando una vez más el escaso fondo de calidad y talento futbolístico del plantel comarcano.
A la luz de las estadísticas y de los claros problemas estructurales del plantel en este arranque de torneo, nos preguntamos ahora: ¿cuál debe ser la prioridad para Santos?, ¿la contratación de un central con mayor peso defensivo; traer un contención con mayor personalidad y liderazgo; contratar un verdadero “killer” del área; o el problema pasa estrictamente por una modificación en el sistema de juego que propone Renato Paiva?; la directiva lagunera tiene la palabra y debe responder de inmediato, porque los problemas de Santos se siguen agravando en este fútbol nuestro de cada día