El enfrentamiento del sábado por la noche en el Estadio Corona entre Santos Laguna y los Tigres dejó un amargo sabor de boca, confirmando que las realidades de ambas escuadras, aunque matizadas por un marcador en blanco, siguen estando muy lejos de lo que sus aficiones exigen y merecen.
El insulso empate a cero goles sirvió únicamente para que el conjunto de la Comarca Lagunera rescatara, por fin, su primer y mísero punto en lo que va del Torneo Apertura 2026, cortando una espantosa racha de cinco derrotas consecutivas.
Urgencias compartidas, pero con fondos muy distintos, fueron las que se plasmaron sobre la cancha del TSM.
Santos saltaba al terreno de juego con la pesada loza de estar en el sótano de la competencia, carente de alma y de una idea futbolística clara bajo el mando de un timonel que trata de darle identidad futbolística a su equipo, pero nomás no encuentra la brújula.
Por su parte, los felinos de San Nicolás de los Garza llegaban arrastrando sus propias cobijas, sumidos en una crisis de funcionamiento que los tiene navegando en las profundidades de la tabla general, muy distantes del nivel y la jerarquía que acostumbran presumir en el balompié nacional.
El “partido de los necesitados” cumplió al pie de la letra con el pronóstico general, durante la primera mitad, el trámite fue un auténtico somnífero, trabado en el medio campo y con escasas luces de talento por parte de ambos bandos; sin embargo, la fortuna pareció sonreírle efímeramente a los Guerreros al minuto 30, cuando Ezequiel Bullaude logró mandar la de gajos al fondo de las redes.
¡Pero no habría que celebrer tan rápido! El grito de gol se ahogó en las gargantas laguneras cuando el silbante, tras la respectiva revisión en el VAR, anuló la anotación por un milimétrico fuera de juego.
Después de eso, un par de tibios esbozos de Juan Brunetta pusieron a temblar a la zaga local, pero Carlos Acevedo, vistiéndose de héroe como ya es costumbre, evitó la caída de su marco con un vuelo impecable.
Para la parte complementaria, las indicaciones en el vestidor parecieron surtir un ligero efecto en el cuadro comarcano; Santos tomó de manera decidida el control de las acciones, adelantando líneas y ejerciendo una presión alta que incomodó sobremanera a unos Tigres que parecían no querer saber nada del encuentro.
La insistencia desordenada de los Guerreros puso a sufrir en serio a la defensiva felina, e incluso se olió el aroma del triunfo cuando Fernando Gorriarán se ganó a pulso la tarjeta roja al minuto 84 tras una dura y peligrosa enttrada al “Mudo” Aguirre.
Con un hombre de más en la recta final del cotejo, el panorama era inmejorable para que Santos rompiera la maldición y sumara de a tres en casa; pero lamentablemente, la inoperancia ofensiva y la espantosa falta de contundencia volvieron a hacer acto de presencia, y ni los desbordes de Palacios ni los intentos agónicos de Jona Pérez lograron doblegar a Nahuel Guzmán.
Al final, el silbatazo dictó sentencia y consumó un empate que sabe a muy poco; aunque sí, se sumó el primer punto del torneo, pero la triste realidad es que este Santos sigue careciendo de la pegada y el fútbol necesario para competir en serio.
Lo que sigue para Santos es una aduana que pinta para ser un auténtico calvario: la visita al feudo del Cruz Azul, actual monarca del futbol mexicano, en la que será más que difícil sacar algún rédito, seguramente habrá que esperar a la jornada ocho, cuando reciba a Juárez.
El anuncio de Renato Paiva, en la conferencia de prensa post partido, de la llegada de Esteban Lozano como supuesto “refuerzo”, da la impresión de ser otra alarmante muestra de la improvisación que impera en el club; en plena sequía goleadora y con una afición cansada de promesas, la directiva y el técnico portugués pretenden experimentar usando el Corona como laboratorio.
Resulta un insulto apostar el destino ofensivo a un novato sin el rodaje ni los galones necesarios para cargar con el peso de la camiseta guerrera, Santos no necesita apuestas de última hora para maquillar la crisis, exige realidades inmediatas y piezas de verdadero peso en el ataque, esta parece otra decisión displicente que sólo ahonda la herida en la Comarca.
Habrá que darle el beneficio de la duda al joven recién llegado, y ya veremos si este “refuerzo” cumple como tal y se logra sacudir el letargo de este plantel, o si seguiremos penando en los últimos lugares de este fútbol nuestro de cada día.