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LUCES Y SOMBRAS EN EL ESTRENO DE RAFA MÁRQUEZ AL FRENTE DEL TRI

ARMANDO NAVARRO LÓPEZ

El empate 1-1 entre México y Colombia en Baltimore marcó el nacimiento oficial de la “Era Rafael Márquez” en el banquillo nacional, este encuentro, más allá del marcador, fue un espejo para reflejar la realidad que hereda el histórico excapitán: una escuadra con destellos de frescura y ambición asociativa, pero estructuralmente maniatada por sus históricos pecados de desatención defensiva y alarmante falta de contundencia.

De inicio Rafa optó por la continuidad, utilizando la base que disputó el ciclo mundialista pasado, pero renovada en intenciones; el Tri saltó a la cancha con un esquema propositivo, buscando adueñarse del balón y progresar mediante pequeñas sociedades; sin embargo, recibió un balde de agua fría apenas al minuto nueve, cuando una grave desatención en la marca permitió que se adelantaran los cafeteros.

Este gol tempranero desnudó la fragilidad mental que suele aquejar al futbolista mexicano ante la adversidad; el equipo lució desconcertado y perdió la brújula durante el primer tercio del cotejo.

Sin embargo, lo verdaderamente importante del debut de Rafa radicó en la capacidad de reacción del estratega y su plantel; lejos de caer en el pánico o el pelotazo estéril, México retomó la identidad colectiva que Márquez pretende instaurar.

Se generó volumen de juego, aunque la fortuna le dio la espalda al Tri con tres balones estrellados en los postes; pero el mérito de Rafa fue otorgarle la absoluta confianza al juvenil de 17 años, Gilberto Mora; y la apuesta rindió frutos cuando el “niño maravilla” firmó una obra de arte individual para batir la meta colombiana y sellar la igualada; la presencia de Morita inyectó una dosis de desparpajo y verticalidad que borró a Colombia al cierre del primer tiempo.

Aunque Márquez se mostró en su estreno como “satisfecho, pero no conforme”, es un hecho que el funcionamiento ofensivo evidenció una desconexión preocupante en la última zona; registrar muchos intentos y materializar solo un gol es un lujo que una selección que aspira a ser de de élite no se puede permitir.

El debut de Rafael Márquez deja un saldo inicial positivo en las formas, pero sumamente retador en el fondo, maniató y neutralizó a una potencia sudamericana, inyectó sangre nueva con valentía y propuso un juego de posesión interesante; pero, si el “Káiser” pretende construir un proyecto sólido rumbo al Mundial 2030, deberá trabajar horas extra en la concentración defensiva y en afilar la puntería de sus atacantes.

Baltimore fue un ensayo decoroso, pero el margen de mejora sigue siendo tan inmenso como la exigencia que pesa sobre los hombros de Rafa.

EL DESPERTAR DEL GUERRERO

El triunfo por 1-0 de Santos Laguna ante Pachuca en el Estadio Corona significó la confirmación de una metamorfosis largamente esperada en la Comarca.

Al hilar su tercera victoria consecutiva del Apertura 2026, la escuadra de Renato Paiva no solo sumó tres puntos para llegar a 10 unidades, sino que sepultó la etiqueta de “sotanero” y “cheque al portador” arrastrada desde torneos atrás.

Este compromiso de la jornada 10 mostró la transición táctica de un plantel que aprendió a mutar el sufrimiento por orden táctico y pragmatismo puro.

El primer tiempo funcionó como el reflejo del protagonismo que Paiva busca instaurar en el cuadro lagunero, el conjunto albiverde asumió las riendas del juego con un 3-4-3, con juego por las bandas y asfixiando la salida hidalguense.

Sin embargo, el primer tiempo estuvo dictado por el protagonismo del VAR y el criterio arbitral, que invalidaron un primer penal antes de otorgar otra pena máxima al término de la primera mitad, que Fran Villalba convirtió desde los once pasos, y que no solo premió la insistencia de Santos, sino que desarticuló por completo la planificación de los hidalguenses justo antes del descanso.

En la parte complementaria, el partido transitó de la propuesta asociativa a la resistencia defensiva santista; Pachuca quemó sus naves mandando a la cancha a hombres como Idrissi y Pizarro en busca de mayor volumen, y fue aquí donde el esquema de Santos exhibió su faceta más madura: un bloque bajo sumamente compacto, que neutralizó por completo el ataque de Pachuca.

Aunque la intensidad y el juego físico hicieron tambalear el control del partido, provocando intervenciones del VAR —como la rectificación de una tarjeta roja a Diego González—, los Guerreros supieron enfriar el encuentro con oficio y con todo y ocho minutos de tiempo añadido.

Este resultado manifestó alta resiliencia de Santos; porque si bien el marcador por la mínima sugiere un trámite apretado, al final mostró un dominio estratégico absoluto; pero la gran asignatura pendiente para Paiva residirá en la contundencia, pues depender de penales fortuitos y salvadas defensivas, a la larga resulta peligroso.

No obstante, el TSM Corona ha vuelto a vibrar como la “Casa del Dolor Ajeno”; Santos ya no solo compite, sino que ha aprendido a ganar con el cuchillo entre los dientes en este futbol nuestro de cada día.

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