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El hartazgo generalizado ante la inteligencia artificial

Revalorar la creatividad humana

Portada. Imagen Future.

Portada. Imagen Future.

KATHERINE BRICEÑO
KATHERINE BRICEÑO

Por décadas, se creyó que la inteligencia artificial (IA) sería una herramienta futurista que, sobre todo, beneficiaría a las personas. Sin embargo, esta tecnología está cruzando la línea de ser un apoyo para pasar a suplir actividades humanas, impactando directamente en el trabajo de ciertas profesiones, incluyendo las creativas. No obstante, esta realidad puede ser usada a favor por quienes se dedican a ciertos sectores fuertemente invadidos por la IA.

Los motores de IA generativa suelen arrojar resultados homogéneos 1. Imagen Instagram @kimmymimo.
Los motores de IA generativa suelen arrojar resultados homogéneos 1. Imagen Instagram @kimmymimo.

RAPIDEZ Y ACCESIBILIDAD

En la actualidad ya no es necesario pensar demasiado ni desarrollar un talento a través del estudio y la práctica para crear imágenes, música, videos o textos en tan solo unos minutos. Una IA generativa solo requiere de un buen prompt —es decir, una descripción de las características que debe tener, por ejemplo, una ilustración— para arrojar un resultado en apenas unos segundos. El estilo visual puede ser desde caricaturesco hasta fotorrealista.

Del mismo modo, esta herramienta es tan capaz de escribir correos electrónicos como guiones, relatos de ficción y ensayos de cualquier extensión. También se puede utilizar simplemente para mejorar la gramática y corregir un texto institucional. Sea como sea, la IA evita invertir tiempo y creatividad, o bien, dinero en un profesional.

Aunque al principio la IA generativa tenía muchos errores —por ejemplo, manos mal hechas, posiciones imposibles o perspectivas incorrectas en muchas imágenes—, se ha perfeccionado bastante en los últimos años gracias a que cuenta con una característica llamada machine learning, que le permite aprender de la retroalimentación que recibe de sus usuarios. Entre más se utilizan, estos sistemas reúnen más información para robustecer sus algoritmos y dar resultados más precisos.

Ese perfeccionamiento, aunado a un fácil acceso para el público general —muchas de las alternativas más populares ofrecen incluso una versión gratuita—, ha hecho que la cultura visual se haya saturado de material generado con IA, particularmente en el último año.

Hoy en día es común encontrar todo tipo de publicidad creada con esta tecnología, en especial si se trata de emprendimientos o de empresas pequeñas y medianas, pues muchas veces carecen de recursos para pagar a un diseñador por un logotipo, una identidad de marca, un menú, etcétera. Portadas de libros, revistas o ilustraciones de prensa también son realizadas de esta forma.

Pudiéramos decir que la IA se ha vuelto omnipresente en la sociedad. Se encuentra en todos los aspectos de la vida y cada vez tiene mayor alcance. Sin embargo, ¿realmente es la opción más conveniente y efectiva en todos los casos? ¿De verdad es una amenaza tan grande a la creatividad humana?

Para que un producto creativo realmente se distinga es necesario que haya tiempo, esfuerzo y conocimiento detrás. Imagen Soundtrap.
Para que un producto creativo realmente se distinga es necesario que haya tiempo, esfuerzo y conocimiento detrás. Imagen Soundtrap.

EL HARTAZGO

Tras la saturación de este tipo de contenidos, la población ha desarrollado una especie de “radar visual” que detecta casi de forma inmediata cuando algo es generado por IA. Las texturas demasiado lisas en las “fotografías”, la iluminación exagerada, las ilustraciones genéricas, las voces “planas” y los textos que abusan de ciertos recursos literarios son solo algunas de las claves para identificar este tipo de contenido.

Es como si cada motor de inteligencia artificial trabajara con las mismas plantillas. Esto provoca una homogenización estética; es decir, todo se ve, lee o escucha igual. La democratización de la “creatividad” terminó cayendo en un bache de contenido genérico.

Las creaciones humanas, como los poemas o las ilustraciones, reflejan una intención detrás y son capaces de expresar un mensaje con matices, sutilezas y una carga emocional. En cambio, la IA trabaja probabilísticamente, es decir, genera material escrito, visual o sonoro a partir de los patrones que más se repiten en su base de datos. Por lo tanto, no es capaz de innovar.

Esa incapacidad de ofrecer algún diferenciador hace que muchas personas automáticamente descarten cualquier mensaje generado con IA. Esto es especialmente dañino para las marcas que usan esta tecnología en su publicidad, pues muchos clientes lo ven como una falta de respeto.

De hecho, un estudio realizado por Getty Images reveló que una empresa podría perder hasta el 47 por ciento de sus clientes potenciales si utiliza contenido creado con IA en su publicidad.

Otro experimento llevado a cabo por El Economista concluyó que los consumidores suelen percibir que una empresa es “poco profesional” y “engañosa” cuando utiliza esta tecnología, particularmente cuando se trata de decisiones de compra que requieren tiempo y atención, o bien, cuando se trata de servicios recreativos, por ejemplo, una estancia en un hotel.

Y es que el valor de una imagen, canción, video o texto no solo se define por una apariencia que resalte, sino que también se toma en cuenta el esfuerzo que hubo detrás. Aunque alguien no sea experto en diseño, ilustración, fotografía o música, es capaz de reconocer cuando hay un proceso complejo detrás. Cualquier producto que haya implicado dedicación humana hace que instantáneamente se le adjudique un valor económico y hasta emocional, algo que no se consigue con un simple prompt.

Además, lo barato sale caro. Si una empresa utiliza imágenes generadas con IA, actualmente es difícil —y en muchos casos imposible— proteger legalmente dichas imágenes, ya que al haber surgido de una máquina, no es posible protegerlas como propiedad intelectual. Esto puede acarrear procesos legales largos y costosos.

Aunque la inteligencia artificial seguirá siendo una herramienta útil para optimizar procesos, parece que está lejos de suplir la creatividad humana. Incluso los sistemas más avanzados todavía requieren de una persona que los guíe, supervise, revise y corrija.

Aunado a esto, las tendencias en diversos sectores de mercado indican que la sociedad está buscando un respiro del mundo digital en general. Tal vez por eso se está retomando el hábito de leer libros físicos, hacer apuntes a mano o ir a conciertos sin pantallas para vivir el momento.

Y es que para que un producto creativo sea exitoso, es clave que el público conecte con lo que se le presenta, y esto todavía necesita de personas capaces de contar historias que atrapen la atención y despierten emociones.

Reconocer que todo proceso creativo que valga la pena requiere tiempo, conocimiento y esfuerzo, es darle la importancia que se merece a cualquier creación humana de calidad.

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