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El inquilino anterior

JUAN VILLORO

Las mudanzas producen un desconcierto esencial: los cuartos están vacíos, pero hay huellas de otra presencia.

Desde hace más de veinte años ocupo este espacio editorial sin olvidar a su inquilino anterior: Adolfo Aguilar Zinser, académico, diplomático y, algo más raro, político sin partido.

Javier Moreno, ex director de El País, acaba de publicar ¿Quién manda aquí?, libro sobre la violencia en América Latina en el que, con toda justicia, recupera el significativo papel de Aguilar Zinser como consejero de Seguridad Nacional en el gobierno de Vicente Fox.

Sin deponer sus convicciones progresistas, Aguilar Zinser se incorporó al gobierno panista. Antes había pertenecido al equipo de campaña de Cuauhtémoc Cárdenas en las elecciones de 1994. El saldo de esa aventura fue un libro que no ha perdido interés, ¡Vamos a ganar!, donde ejerce un recurso poco frecuente en la izquierda y que López Obrador considera sinónimo de traición: la autocrítica. Con apasionado pulso narrativo, Aguilar Zinser encomia la inquebrantable congruencia de Cárdenas y advierte las limitaciones del PRD, que se niega a modernizar su discurso y a asumir una estrategia audiovisual eficaz en una época dominada por la televisión.

Diputado por ese partido en 1994 y senador independiente en 1997, Aguilar Zinser formó parte del Grupo San Ángel, que aspiró a crear un espacio de confluencia para el tránsito a la democracia. Con ese ánimo se unió al gobierno de Fox y ocupó dos cargos decisivos. El primero, y más complejo, fue el de consejero de Seguridad Nacional, función inédita y pronto cancelada.

Javier Moreno recuerda que Fox tomó la decisión heterodoxa de designar como secretario de Defensa a un general con poca antigüedad y abierto al trato con civiles: Clemente Vega García. Otra política de seguridad parecía posible: "Resultaba imprescindible retirar al Ejército del combate contra las drogas [...] Su presencia estaba aún muy lejos todavía del protagonismo que habrían de tomar durante el mandato del propio Fox. Y, por supuesto, de la involucración masiva que vivirían con el sucesor de éste, Felipe Calderón. Pero los signos de podredumbre estaban ya a la vista para quien quisiera ver [...] El consejero de Seguridad Nacional no era sólo un civil. Era, sobre todo, un civil que creía con firmeza en el Estado de derecho, en el imperio de la ley y en la conveniencia de que los militares se sometieran a la disciplina y el escrutinio propio de una democracia", escribe Moreno.

Fox permitió que Aguilar Zinser tuviera un foro para plantear un viraje, pero no le dio los medios para llevarlo a cabo. Así se perdió una oportunidad histórica. En enero de 2002, el consejero dejó su puesto y fue nombrado embajador ante las Naciones Unidas, donde protagonizó un episodio inédito en la diplomacia mexicana. Como presidente del Consejo de Seguridad, condenó la Guerra del Golfo liderada por Estados Unidos. Su postura desafió la condición de México como "patio trasero" del imperio y le costó el cargo. Decepcionado, comentó al periodista colombiano Fernando Botero: "Este gobierno les falló a sus electores".

La trayectoria de Aguilar Zinser tuvo un claro hilo conductor: la lucha por desmontar la corrupción. Así lo dijo en la entrevista que le hicimos en 1997, en La Jornada Semanal: "El régimen no necesitó matar a todos sus contrincantes, ni mandarlos al exilio, ni meterlos a la cárcel. Los integró a una red, de todos los tonos, de corrupción".

Poco después de esa entrevista coincidimos en un festejo en un jardín. Lo encontré solo, meditabundo, a la orilla de una alberca. No era difícil hablar con él de sus asuntos; de inmediato iba al grano. En esa ocasión desmenuzó las denuncias que pensaba hacer desde el Senado. Luego añadió con frialdad: "antes de que me maten". No acompañó la frase con la sonrisa de quien hace una broma ni asumió un tono dramático. Mencionaba una posibilidad de su trabajo.

Me incorporé a estas páginas en octubre de 2004; publicaba los jueves, cada quince días. En junio de 2005, Aguilar Zinser murió en un choque con un autobús de pasajeros y otro auto en la carretera de Tepoztlán, a los 55 años. Reforma me pidió que ocupara su lugar, los viernes de cada semana.

Habitamos lugares marcados por otras vidas. Alguien nos precede siempre. En tiempos de polarización y falta de pluralidad vale la pena recordar al inquilino anterior de este espacio.

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