EDITORIAL columnas editorial Mirador CARTÓN KEMCHS

columnas

El legado neoliberal

FEDERICO NOVELO Y URDANIVIA
FEDERICO NOVELO Y URDANIVIA

“ El neoliberalismo ha pretendido fundar un capitalismo no weberiano, cuyo “espíritu” se liberaría de la ética protestante. Más allá de su simplismo intelectual, la revolución neoliberal deja entrever una deficiencia moral (…) El vacío religioso es la verdad última del neoliberalismo” (Emmanuel Todd, 2024, La derrota de occidente, Akal, México, p. 164).

Se dice, para mi gusto acertadamente, que todo tiempo presente carga con resabios del pasado y anuncios del futuro; Gramsci afirmó que “Lo viejo ha muerto y lo nuevo no puede nacer”. A Yogy Berra se le ha endilgado la humorística observación sobre las dificultades que acompañan a la intención de hacer predicciones, especialmente si se refieren al futuro.

Estas pequeñas apologías sobre la incertidumbre vienen a cuento, no solo por el desmoronamiento del neoliberalismo y su preciada joya, la globalización; sino por la indispensable reflexión sobre la herencia neoliberal que se arraigó profundamente en el presente y previsiblemente nos acompañará en el futuro.

La supresión de la ética, la emergencia del nihilismo, percibida por Wendy Brown, Emmanuel Todd, John Gray y Martin Wolf, entre muchos otros, como una parte medular del legado neoliberal, se engancha con el “cáncer de las economías del moderno capitalismo maduro: el amor al dinero”, el fundamento filosófico de ese tesoro teórico que nos obsequió John Maynard Keynes, la preferencia por la liquidez, la más antisocial de las conductas probables de los agentes económicos. La ética perdida, como los empleos suprimidos por el uso de la maquinaria, que incorporó al final de sus Principios de economía política y tributación David Ricardo, se ha ido para no volver.

Ahí radica el perdurable obsequio neoliberal al futuro previsible, llámese feudalismo digital, neomercantilismo o post capitalismo democrático.

Un futuro despojado de ética equivale a una suerte de retorno, en versión actualizada, al Estado de naturaleza, que tan bien comprendió Thomas Hobbes y que tanto conmovió a Juan Jacobo Rousseau; solo que nos llegará despojado de la libertad igualitaria que adornó a la etapa nómada de nuestra especie y reforzado por la repugnante ley del más fuerte; sometido al gran parásito en cuya condición se debate el capital financiero que nos convertirá -ya lo está haciendo- en vasallos de los endeudamientos de las familias, las empresas productivas y los Estados que, por fuerza, gastan más de lo que ingresan y deben cada vez más dinero y cada vez más caro.

La gran noticia del 3 de noviembre, el enorme tropezón electoral sufrido por MAGA, nos ilusiona en la invocación de un mundo mejor con un Trump derrotado; no hay que apresurar los festejos ni olvidar que el subnormal, en el mejor de los casos, es solo un síntoma de una enfermedad mucho más profunda: el binomio elitismo/populismo que es otra herencia maldita del neoliberalismo, conseguida por la práctica evaporación de las clases medias y la brutal profundización de la desigualdad, no solo socioeconómica, que seguirá entre nosotros.

Dispensar tan poca atención a la advertencia aristotélica sobre el volumen de las capas medias, como garante de la vida democrática y, añadiría, del éxito económico, es la más visible desconexión entre el neoliberalismo y la ética. Y el horizonte disponible no ofrece cambios en favor de la igualdad. La incertidumbre que acompaña a la desglobalización está escoltada por muy malos augurios; prisioneros del pasado.

⏰

Leer más de EDITORIAL

Escrito en: Columnas editorial

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de EDITORIAL

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 2526444

elsiglo.mx