Imagen Unsplash Somnox Sleep.
Dada la importancia que se le ha otorgado en este siglo a la productividad, existe la creencia extendida de que dormir es una pérdida de tiempo; incluso hay quienes constantemente limitan sus horas de sueño a lo mínimo indispensable, es decir, algunas cuantas menos de las ocho recomendadas cada noche. No es casualidad que se popularizara el dicho “ya descansaré cuando me muera” o que se aplauda a quienes no duermen lo suficiente por estar trabajando o estudiando. Estar exhausto es sinónimo de dedicación.
Sin embargo, no es sostenible pasar más tiempo despierto de lo debido. Quienes lo hacen eventualmente terminan colapsando y, como consecuencia, siendo menos productivos y eficientes que lo que pretendían al reducir sus horas de reposo. Es por esto que en los últimos años el descanso ha cobrado mayor relevancia. Poco a poco, la sociedad está llegando a la conclusión de que no tiene sentido sacrificar la salud física y mental para alcanzar el éxito.
De hecho, ese sacrificio podría ser un obstáculo para cualquier objetivo. Y es que la ciencia ha demostrado que un marcado descontrol en los ciclos de sueño y vigilia puede causar problemas de atención, enfermedades cardiovasculares, envejecimiento prematuro o burnout, es decir, un estado de agotamiento extremo que provoca desesperanza y una falta de propósito en quien lo padece.
Este cambio de percepción hizo que el mercado se adaptara al renovado interés de la población por dormir bien, de modo que comenzó a capitalizar esta actividad tan humana y natural a través de nuevas “necesidades” para optimizar el sueño. Las opciones van desde almohadas y colchones ergonómicos hasta aplicaciones móviles y dispositivos digitales.
TECNOLOGÍA DEL DESCANSO
Aunque los productos tradicionales como los colchones, la ropa de cama y las piezas de mobiliario comunes acaparan casi el 60 por ciento del volumen de ventas en el mercado del sueño, es indiscutible el ascenso que las nuevas tecnologías han tenido en los últimos años. El uso de artículos digitales para dormir y softwares de monitoreo del sueño crece con rapidez. Algunos de los productos de este tipo más populares son:
Anillos y relojes inteligentes. Estos aditamentos tecnológicos registran las distintas etapas del sueño y miden la frecuencia cardiaca, la saturación sanguínea y otros parámetros, lo que en conjunto califica el nivel de “eficiencia” de las horas que el usuario pasa dormido. Es decir, indican si el sueño fue suficientemente reparador o no.
Mascarillas inteligentes. Se trata de la evolución de los simples antifaces de tela, que ahora incluyen tecnología para bloquear la luz e incluso proporcionan masajes faciales.
Máquinas o diademas de ruido blanco. Es un tipo de bocina diseñada para reproducir ruido blanco, el cual suele ser relajante y por lo tanto facilita que el usuario se quede dormido. Algunas orejeras antirruido también lo emiten a la par que bloquean sonidos del exterior.
Muchas de las empresas que fabrican estos productos ofrecen suscripciones mensuales para que el usuario pueda dar seguimiento a la cantidad y calidad de sueño que obtiene cada noche. Algunas de estas marcas han logrado que alrededor del 30 por ciento de sus clientes adquiera una suscripción, obteniendo así numerosos datos biológicos en una práctica que raya la violación de la privacidad.

LA BATALLA PARA CONCILIAR EL SUEÑO
Pero la evolución de los productos para dormir no se ha dado solo en el ámbito de los dispositivos electrónicos, sino también en los textiles. Por ejemplo, se han popularizado las cobijas con peso, que están diseñadas para ejercer una presión uniforme sobre el cuerpo, lo que reduce el estrés y mejora la calidad del sueño.
Una opción más para aumentar la comodidad durante la noche son los colchones termorreguladores, cuyos materiales permiten mantener una temperatura agradable en la cama al eliminar el calor en épocas de verano y retenerlo en invierno.
Por otra parte, también se ha disparado el consumo de sustancias para conciliar el sueño, como las pastillas o las gomitas de melatonina. Se estima que entre el 35 y el 40 por ciento de la población adulta en todo el mundo toma por lo menos un suplemento comercial de este tipo, lo que representa aproximadamente el 20 por ciento de las ventas dentro del mercado del sueño.
Sumado a esto, hay productos que, aunque no tienen una relación directa con este sector, también se han visto beneficiados por la tendencia de optimización del descanso, como los tés relajantes, los aceites esenciales para disminuir la ansiedad y los productos de aromaterapia.
SERVICIOS ESPECIALIZADOS
Además de los productos antes mencionados, el mercado del sueño también se ha diversificado con el nacimiento de servicios como los que ofrecen los coaches de estilo de vida, quienes orientan a sus clientes para que tengan una buena sesión de descanso. Aunque existen médicos somnólogos que se especializan en los trastornos del sueño, los coaches incluyen una mayor variedad de factores para el reposo óptimo, como las condiciones de la habitación en que se duerme o la dieta y los tiempos de ejercicio de la persona.
La industria del turismo, donde antes las habitaciones en alquiler tenían el único propósito de pasar la noche, actualmente ofrece mejores experiencias de descanso. Las calificaciones de los hoteles ya no solamente se basan en la comida y las vistas al mar, sino que ahora también está en juego el sueño.
El sector hotelero ha diseñado habitaciones con aislamiento acústico mediante paredes insonorizadas y puertas herméticas para evitar la entrada de ruido del exterior, además de acondicionarlas con iluminación controlada para favorecer el ciclo circadiano de los huéspedes.
Debido a la aparición del trabajo en casa, los hogares se han vuelto una oficina más y han perdido el sentido de ser un refugio para descansar, por lo que cada vez más personas buscan romper la rutina no solo con tours, sino también con opciones más relajantes como sesiones de yoga o masajes, servicios que muchas veces también ofrecen los hoteles.

ORTOSOMNIA
Esta tendencia por la relajación ha dado lugar al término ortosomnia, que se refiere a la obsesión por lograr un sueño perfecto recurriendo a dispositivos tecnológicos. Este concepto fue propuesto por investigadores de la Escuela de Medicina Feingberg de la Universidad Northwestern en Chicago, Estados Unidos, en 2017.
Es un trastorno que resulta hasta cierto punto irónico, pues la obsesión por optimizar el sueño logra todo lo contrario: estrés e insomnio. Quienes sufren este padecimiento se guían por los datos de las apps que utilizan más que por su propio estado físico. Y cuando se disponen a dormir, en lugar de relajarse solo piensan en llegar a una meta de descanso. Si al despertar esta no ha sido alcanzada, lo único que se logra es elevar los niveles de cortisol, generando un ciclo que nunca termina en una noche reparadora.
Dormir es de las actividades biológicas que no tenían ningún costo, pero hoy en día se vende la idea de que los dispositivos inteligentes son necesarios para descansar bien. El sueño se ha convertido en una experiencia que ya no todos pueden hacer de forma “correcta”, lo que introduce cierta exclusividad en una esfera humana que hasta hace poco era accesible para todos.