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Jorge Volpi

El Mundial de Trump

JORGE VOLPI

Mientras las selecciones de 48 países -casi un tercio del total- se baten en distintas ciudades de América del Norte con la esperanza de conquistar la Copa, Donald Trump continúa jugando, con perspectiva de éxito en casi todas partes menos en casa, su propio Mundial. No deja de resultar paradójico que, si las encuestas se confirman y él mismo no emprende otra de sus maniobras autoritarias, podría perder las elecciones legislativas de noviembre, en las que los demócratas podrían arrebatarle incluso las dos Cámaras, mientras que en el resto del planeta sus aliados se consolidan.

Imposible saber si Trump respetará la supuesta tregua mundialista: al tiempo que no deja de seguir poniendo trabas a la selección iraní -refugiada en Tijuana: otro símbolo-, la guerra no se detiene. Un embrollo, del que, muy a su pesar, no consigue sustraerse: una y otra vez anuncia un pacto con la República Islámica -que, aun disminuida, persevera-, solo para que esta lo desmienta. Se trata de uno de los conflictos más impopulares en los que se ha inmiscuido Estados Unidos en un continente en el que ha acumulado un tropiezo tras otro desde Vietnam, pasando por Irak y el desastre de Afganistán.

Es, sin embargo, en América, donde la Doctrina Monroe 2.0 parece consolidarse. Si nada lo acelera, todo indica que al término del Mundial -o del verano-, Trump se lanzará por Cuba, como antes lo hizo con Venezuela. Una apuesta simbólica de cara a las elecciones, para satisfacción de Marco Rubio. Si la Isla ya está ahogada, falta saber qué modo elegirá Trump para desplazar a sus dirigentes: si se decantará por una operación semejante al secuestro de Maduro, si pactará con sectores del régimen que traicionen a Díaz-Canel o si intentará una maniobra novedosa.

En Perú, gracias al voto de los residentes en el extranjero, Keiko Fujimori está a punto de al fin cumplir su sueño, y el de su padre, y devolver al país, por un puñado de votos, al autoritarismo de ultraderecha. Con un país ferozmente dividido a la mitad, sus posibilidades de gobernar con estabilidad son, en cambio, reducidas: desde hace años el desastre institucional es tal que la sucesión de un Presidente tras otro -la mayor parte de ellos ahora en la cárcel- no da visos de detenerse, a menos que, siguiendo el ejemplo de Trump, ella tuerza los equilibrios del sistema.

Abelardo de la Espriella, antiguo abogado de paramilitares y acaso la mejor calca de Trump en América Latina -al lado de Milei, Bukele y Asfura, sus aliados incondicionales-, se encamina a ganar las elecciones en Colombia. Para la izquierda, se trata del golpe más severo, debido en buena medida a los propios errores de Gustavo Petro. Como ocurrió en Chile, se vislumbra un vuelco radical de un lado al otro del espectro político, con un personaje aún más radical e impredecible que José Antonio Kast, contenido al menos por la mucho más sólida institucionalidad chilena.

En Brasil, las últimas encuestas le dan una ligera ventaja a Lula, pero, igual que en el Perú, que su contrincante sea el hijo de un líder autoritario, encarcelado por sus intentos de sabotear las elecciones, habla ya del lugar en el que nos encontramos: una segunda generación, aún más excesiva, de líderes que buscan desentenderse de las reglas democráticas. Si a ello sumamos lo que podría ocurrir en España el año próximo, donde el único gobierno socialista de un gran país europeo podría perder las elecciones ante una alianza de la derecha y al ultraderecha, observamos un panorama internacional dominado por el juego sucio de Trump y sus aliados.

En este escenario, México quedará -salvo lo que ocurra en Brasil-, como casi única excepción con un régimen ideológicamente adverso a Trump, por más que haya consolidado medidas, como el control total de los jueces, que éste ya habría querido para sí. Al final del Mundial, el gobierno de Sheinbaum deberá enfrentarse a este aislamiento, acentuado por la presión sin medida que Trump desplegará en la renegociación del T-MEC. Acorralado ante su posible pérdida en casa en noviembre, su juego se volverá tan errático como peligroso.

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